“Happy new year” se lee en letras doradas pegadas al vidrio de la ventana del edificio contiguo. Ambos edificios gemelos reposan en la ciudad que parece fatigada por las vísperas del año nuevo y las pocas horas que le quedan al viejo. Una anciana pensionada que sobreviene a su diminuta existencia se distrae cada día observando las vidas del edificio del frente que se proyectan como diapositivas paulatinas e irregulares. No comprende el letrero, pero supone que es un “se vende” escrito en ingles con el fin de darle importancia y prestigio. Es una lastima que se vayan, Piensa la anciana mientras da de comer a su gato, era una de las mejores familias del edificio: muy tranquilos y discretos, con dios en todo momento y conscientes del ahorro de energía. Las demás diapositivas parecen apagadas, es comprensible, todos los del edificio deben estar en las labores propias del 31 de diciembre: Limpiar toda la casa, comprar las uvas, preparar la cena, comprar la ropa para estrenar, unos cuantos haciendo obras de caridad, otros en misa y otros fuera de la ciudad o del país, alejándose para que el nuevo año les traiga muchos viajes y consumo.
Salud, trabajo, dinero, viajes, fortaleza, supersalud, dinero extra, poder, superpoder y otras tantas cosas tangibles; ¿qué más se puede pedir? Bueno, están los que piden felicidad. «Yo pediría algo infernal —piensa la anciana— pediría que me reviva a Manolito» cosa infernal, sabiéndose que Manolito descansa en las ardientes llamas del infierno, después de una vida tan bestial. Por otro lado, es cosa de locos revivir a un muerto. Cósmicamente posible un muerto del cielo. ¿Será el mismo trámite para un muerto del infierno? En ese divagar mental se le van las horas acariciando su gato y mirando por la ventana que da a la iglesia. Pronto empieza a oscurecer y es la hora de cambiar de lugar, es hora de ocupar el otro sillón y observar diapositivas decembrinas (en diciembre las diapositivas tienen más entretenimiento). Una luz se enciende en el segundo piso del apartamento de las jovencitas de la universidad, mujeres condenadas a una vida de perversión y pecado; como el 24, la vieja supone que harán otra rumba, se emborracharan, la policía vendrá, y un tropel se formará. Frunce el seño. Más arriba, en el cuarto piso, dos luces se encienden, allí un ser maligno habita con su mujer y sus dos hijos; Como el 24, la vieja supone que el sujeto se emborrachará y los golpeará hasta que se canse. Por ultimo, se nota la luz del televisor que brota por entre los agujeros minúsculos de una cortina sucia y vieja en la ventana izquierda del edificio. Ésta pertenece al hombre solitario que habita desde hace poco tiempo el apartamento; como el 24, el hombre verá la televisión hasta caer derrotado por el sueño.
A la altura de las nueve de la noche, después de comer una porción del pollo relleno que preparó, el sueño la venció en el sillón. Las diapositivas continuaron proyectándose, al ritmo del festejo, la comida especial, la oscuridad y la televisión. A las doce en punto, el primer trueno de pólvora anunció el año nuevo, la viejita voló a coger sus uvas. Mientras las comía veía cómo unas sombras extrañas se unían componiendo abrazo y algunas manos se apretaban. Ella, provocada, dio un fuerte abrazo a su gato y durmió.
Ya no hay tragaluces por aquí. Todo es un pretexto. Ven y pruébame, con tu cara de juez y tu boca que no traga luz.
lluvia
sábado, 31 de diciembre de 2011
martes, 20 de diciembre de 2011
Luces de Navidad
Las luces de navidad son la sensación en estos días de lluvia y tragedia. Aquí en la ciudad, los niños se agolpan alrededor del barco gigante incandescente y colorido que los atrapa en el anhelo del más allá de la luz. El parque principal siempre ha sido objeto de diversos alumbrados; este año el gran barco y los mitológicos peces se roban todas las miradas, sin embargo cada rincón del parque, cada rama de cada árbol carga un cable de lucecitas de colores. Hace unos días, el alcalde decidió continuar el alumbrado por la calle principal que atraviesa el parque, justo hasta llegar a la alcaldía. Al lado de la alcaldía hay lo que por muchos años fue un teatro, pero que con la quiebra, el paso del tiempo y las migraciones felinas, se ha convertido en el hogar de cantidad de gatos, insectos y uno que otro habitante de la calle. Justamente “el compa” —como es apodado por los comerciantes del sector— es un viejo que reside, desde hace varios años, en el anden de aquel teatro antiguo.
El jueves pasado, mientras el compa buscaba en las húmedas calles de la ciudad algún bocado que le disimulara el hambre, la administración pública hacía su trabajo, instalando en la fachada del teatro las luces de navidad. Bombillas y bombillitos con forma de campanas, muñecos de nieve, renos y viejos de barba blanca y presencia norteamericana, alumbraban sin cesar. Intermitentes y amenazantes se mostraron ante el compa segándolo con la repentina desilusión que lo invadía, así como lo invadió la navidad. El compa lanzó un breve suspiro al aire y se llenó de motivos, sus reclamos no tenían propiedad, pero era necesario alegar. El jefe de la instalación lo atendió con una mirada repulsiva. El compa entendió. Esa noche las luces de navidad alumbraron incansables hasta el amanecer, el viejo no pudo dormir; se tuvo que marchar.
miércoles, 14 de diciembre de 2011
.Fuego
El que muere en el fuego, tiene la fortuna de conocer la llama más allá de la llama y el calor del calor: esa intimidad del fuego donde nos encontramos y nos quemamos tan juntos y tan ardientes que la muerte es lenta como la fortuna de merecerla y agotarla en la braza y la ceniza. Ahora la chispa y la levedad confluyen en el microsegundo, en el microrelato y a veces en el microbus cuando te veo llegar cansada pero con ganas de morir en el fuego.
martes, 6 de diciembre de 2011
lunes, 5 de diciembre de 2011
Íntima
Ella tiene la capacidad de eliminar las externalidades y concentrarse en la intimidad del acto, del ser, de la nada; me gustaba verla llena de gracia mientras le sacaba gusto al aplauso, yo sabia que le gustaba, no por el sonido de las palmas y el alago, sino por la intimidad cóncava tan pura que formaban las manos, construyendo su realidad en los instantes que duraban los golpes. Ahora su sueño es de morfina, su dolor llega a los rincones donde ansiosa espera el ángel de la muerte. Su caricia ya no es caricia.
L. M.
sábado, 3 de diciembre de 2011
Pausa
Anoche estuvimos ausentes mientras más nos juntábamos, como si de eso se tratará el campo de batalla en que tú recibes mi fusil íntimo y la dupla del orgasmo. Más allá del alcance de mis dedos y las sabanas está la llegada del cliché nocturno y la película, a pocas horas de la mano que apaga la lámpara, a pocos metros de la copa, a poco tiempo de que el sueño venza la gana de no separar los cuerpos. Ahora no sé como superar la argucia, la noble pausa de la vida diaria, el olor de la lujuria o reconocer que el sexo es un anexo.
jueves, 1 de diciembre de 2011
Cómo recurrir al olvido
En ningún lugar le enseñarán a olvidarla, eso es algo que tiene que aprender y afrontar por sí solo. El bibliotecario le dijo, la noche que fue llorando y mojado por los kilómetros de lluvia que soportó, que lo mejor era que se alejara de ella y se tomara tres días de reposo haciendo la siguiente terapia: El primer día, deshacerse de todos los objetos que le recuerden menos uno, el cual le servirá para el ejercicio del siguiente día. El día dos, tomará el objeto, asumiendo que es ella, e inventará un motivo que le haga insultarla y odiarla, convenciéndose de su presencia. Para que al tercer día pueda prenderle fuego y festejar mientras la consumen las llamas. En definitiva, todo su rol se hará cenizas y el rencor se extinguirá. El bibliotecario no tuvo en cuenta un detalle: Ella es el mismísimo fuego, y por más que él se deshaga de todas esas cosas y deje tan solo el peluche llamado Charly, éste, que es ella, quien es una antorcha humana, se avivará y se volverá inapagable. El pobre hombre no sabe como olvidarla; ha pasado una semana desde que habló con el bibliotecario. Charly lleva dos días dentro de un balde de agua.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Adrenalina
La noche nos ayuda a quedar a oscuras y en silencio —a veces un suspiro— el celador medio dormido procura no acatar las órdenes de la junta del barrio. Ya había llovido. El frio llega como púas y tu domingo se va de a poco con el prematuro lunes festivo y ese torpe abrigo que no quiere salir. El pudor tiene que salir aullando como un perro adolorido y la palmera queda hastiada de nuestra adrenalina.
Así empezamos y lo tomamos de vocación: todos los domingos secretos, en la palmera secreta del parque del barrio, a la hora imposible de la madrugada que tiene poco de lunes y más de domingo. Un celador inactivo a veces nos obliga a acostarnos en la hierba, porque parece despierto. Al final, el reposo después del sexo, junto a una orquesta de grillos que suena al compás de nuestra adrenalina.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Primitivo
El clima es el apropiado para caminar por las calles solitarias de la ciudad. El clima, un poco de nubes grises y negras y mucho de viento helado, lo persigue con la indefinida sospecha de la tormenta que se avecina. Extrae del bolsillo de la chaqueta su cajetilla de cigarrillos pielroja, quedan tan solo dos, y del bolsillo del pantalón extrae el encendedor que ya poco funciona. Le cuesta un par de calles hacer funcionar el encendedor; con el primer bocado de humo le vuelve la calma y sus ojos retoman ese brillo intenso característico. Al llevarse el cigarrillo a la boca, la mano que lo carga reposa en su poblada barba para acariciarla y hundir las yemas de los dedos en ella, algo como una caricia intima que le recuerda el aprecio y el hastío. Esa conexión entre la barba y la mano, entre el cigarrillo y la mano, entre el revolver y la mano, lo hace querer estar solo, tomar el periódico de otro mundo, leerlo entero y sin pausa y, para cuando haya terminado, un futuro lejano se despliegue sobre él.
Un hombre lo persigue con sigilo, él lo ha notado y sin embargo le sigue dando la espalda; a pocos metros el maleante saca una navaja y se lanza sobre él; logra esquivarlo, saca el revolver y le apunta a la cabeza. La mira esta completamente alineada y apunta justo en su frente, el maleante le habla pero el no escucha, sus sentidos ahora son calibre 38 y sus ganas de gatillar aumentan. Gatilla cuatro veces con precisión, dos en el rostro y dos en su pecho. Nada más. Ha quedado en el piso con la cara perfectamente dibujada de dolor; él no lo mira, da media vuelta y continúa caminando. En esa acción de esquivar, apuntar y disparar, se le fueron las ganas de estar solo, tuvo que arrojar el cigarrillo y el temblor le volvió de golpe. Agarra el ultimo cigarrillo, se lo lleva a la boca con la mano temblorosa; el encendedor no lo vacila esta vez. Al llevarse el cigarrillo a la boca, la mano que lo carga reposa en su poblada barba para acariciarla y hundir las yemas de los dedos en ella, algo como una caricia que lo calma y lo anima a no vomitar. Esa conexión entre la barba y la mano, entre el cigarrillo y la mano, entre el revolver y la mano, lo convierten en un solo aparato maquinando a la perfección las futuras acciones. La metodología del paso es imperfecta, el pie derecho no lleva el mismo ritmo del izquierdo. Sus dedos se queman con el cigarrillo casi extinto; con una mano lo arroja y con la otra para un taxi. Al llegar a casa, su mujer lo espera angustiada, la desviste sin pronunciar palabras, la accede sin pronunciar palabras, descargando en ella, aparte de esperma, todo ese potencial primitivo que no se fue con los cuatro disparos.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Panorama
—El trino y el venado nos esperan. ¿Lo imaginas?
—Ho Chi Minh, tuvo la suerte de recorrer los arrozales con la segura precisión de los pasos de un poeta; ahora veo cómo Tío Ho lo veía todo. Imagina: Una campo que por poco cubre todo el campo de visión, en él, los arrozales conforman un solo terreno, un solo momento, la fertilidad no se ve, pero la puedo percibir, como percibo el olor de la revolución. Imagina un cielo azul bañado en nubes blancas como algodones, rígidas espectadoras del movimiento de las masas y del arado. A lo lejos, las aves precipitan el momento, suenan cañones a lo lejos, a lo lejos alguien canta.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Tupido y gris
Hoy, mañana y por siempre la neblina impedirá una vista profunda hacia el horizonte. Como si se tratara de un panorama despoblado e infértil. Las cosas aquí suceden y se extinguen con la simpleza del aliento que se va a la madrugada. El clima es así, todo un tablero místico que amenaza con llover pero no llueve, las golondrinas del misterio que se agolpan alrededor y suceden y se extinguen entre la banalidad del acto que se recrea tan solo por el suceder de las cosas. Tupido y gris, así será, amenazando con la tormenta, de vez en cuando un relámpago que los emociona y los alienta a seguir intentando, contadas oportunidades en que ella abre su paraguas y a éste se lo lleva el viento, extinguiéndose en la banalidad del aire que pasa por aquí, permitiendo el vuelo de las golondrinas a punto de extinguirse en el cielo tupido y gris que amenaza con llover, pero no lo hace. Ese es mi clima, mi estado, mi realidad, con la debida excepción del tiempo.
viernes, 11 de noviembre de 2011
Bang
Al besarte, se repitió el Big bang en mi boca y sus ondas sonoras aun yacen en mi cabeza; curioso que aun sea mi cabeza, curioso que el big bang sea la prueba.
Qué mas da, que me estalle la cabeza...
Qué mas da, que me estalle la cabeza...
jueves, 10 de noviembre de 2011
lunes, 7 de noviembre de 2011
Amplitud
No se puede confiar en tus demonios
Sobretodo cuando se quedan congelados
Esperando que la caricia se haga beso
Y el beso se haga sexo y el sexo se haga infierno.
Saben que no soportaríamos el infierno
…Por aquello del exceso de deseo.
Cómo caminar al borde de la noche
Habrá que esperar a que los ciegos nos muestren los caminos y su luz débil nos guíe por el borde del abismo, donde el mismo abismo se burla y hace chistes y se divierte observando cómo nos guían los ciegos. Es que los ciegos no pueden ver pero pueden sentir el camino. Es que todo lo confundimos con otras cosas inútiles, sabiendo que son tan útiles, como las migas de pan que se quedan pegadas en la barbilla.
viernes, 28 de octubre de 2011
Ya no somos dos
Debo decirlo: Parece que ya no estás donde estás en este momento; parece que te has ido aunque no te hayas movido de este lugar; parece que ese maldito aparato que tienes en las manos te reúne en otra dimensión, así como yo te reunía en mi habitación… pero ya no somos dos. Mejor hablo y busco la manera de tener sexo con tu perfil de facebook.
viernes, 21 de octubre de 2011
Cómo perder la cordura
Es fácil: Ayer llegó mojado (había llovido toda la noche) mezcló una lata de atún con una porción de arroz que permanecía por varios días en el refrigerador y comió hasta calmar el hambre; después encendió su computador y escribió en la barra de búsqueda de google el nombre de su ex. Justo ahí perdió la cordura. Era tan cuerdo; y pensar que desde ayer anda perdido en la red, buscando en google, que todo lo puede, a la muchacha. Mañana volverá a trabajar y luego del trabajo volverá a google a buscarla, en lugar de buscarla en casa; luego volverá a trabajar y del trabajo a google.
En Pasado Simple
Recuerdas la madrugada aquella
Donde tú y yo desnudos
Nos besábamos sin parar
Cómo vas a recordarlo
Eso nunca sucedió
Porque del beso y la caricia
Nunca fuimos más.
Entonces
Cómo quieres que te recuerde
Si la desembocadura está allá
Donde ya no puedo ver
Cómo quieres que siga
Que espere, que valla, que consuma.
Por fin eres verbo "besar"
En pasado simple.
domingo, 16 de octubre de 2011
Cibernauta
Está pobre de elementos; un lector profundo lo aqueja y todo se le sale de las manos. Desde hace un tiempo un lector alemán lo lee; lo sabe porque una cifra se lo dice; una estadística en su blog marca las visitas de ese lector desconocido que lo aqueja. Se intriga con facilidad. Dónde encontrarlo, cómo comunicarse con él. Será necesario o mejor dicho, será buena idea. Es cierto, hay una ruptura en la línea que recorre todos los días; prefiere creer que lo leen desde Alemania a pensar que es un dato errado. Tal vez no le importen los demás lectores, ahora solo le importa el lector alemán. Cuando el mar virtual este tranquilo y la ciberbruma haya desaparecido, con la luna de dos megabyte´s de testigo, escribirá un mensaje instantáneo con forma de nave y lo enviará a lo que dé el velero internauta por la banda ancha.
sábado, 15 de octubre de 2011
Relación
Diez peces muertos
un ska 2tone
algo qué comer
cadáveres en el cocina
tiempo para permitir
ella toca el teclado atrás
lo hace espectacular
una minifalda de Escocia
media velada
un tercio de licor
labios y uñas rojas.
La veo toda a blanco y negro
miro el cuadro del che,
a blanco y negro también
¿es su boggie woggie o mi ska 2tone?
es su quiebre de cadera
sus piernas enmalladas
sus pies encalados.
La invito a seguir
ella no quiere entrar
francesa que en parís
perdió los buenos modales
de un acto sexual.
un ska 2tone
algo qué comer
cadáveres en el cocina
tiempo para permitir
ella toca el teclado atrás
lo hace espectacular
una minifalda de Escocia
media velada
un tercio de licor
labios y uñas rojas.
La veo toda a blanco y negro
miro el cuadro del che,
a blanco y negro también
¿es su boggie woggie o mi ska 2tone?
es su quiebre de cadera
sus piernas enmalladas
sus pies encalados.
La invito a seguir
ella no quiere entrar
francesa que en parís
perdió los buenos modales
de un acto sexual.
De: El Mal
Madrugada
Dos latas de cerveza y una rosa en la mesa
una mujer anda cerca
usted se acerca, su rosa, su cerveza
tenga usted en cuenta
que yo soy quien la sigue,
mi sombrero y mi gabán.
su valaca, su gabán,
su sonrisa al despertar
trémula es mi visión
en ese entonces cuando el sol
aparece de improvisto como una maldita interrupción.
una mujer anda cerca
usted se acerca, su rosa, su cerveza
tenga usted en cuenta
que yo soy quien la sigue,
mi sombrero y mi gabán.
su valaca, su gabán,
su sonrisa al despertar
trémula es mi visión
en ese entonces cuando el sol
aparece de improvisto como una maldita interrupción.
de: El Mal
viernes, 7 de octubre de 2011
Noches
Cuando estoy por creer que te he simplificado en mi mente
A la luna la alcanza la madrugada
Y entonces comprendo que tu cuerpo sigue sobre el mío.
Y cuando estoy por creer que ya no tienes importancia,
simplemente, anochece en la ventana
A la luna la alcanza la madrugada
Y entonces comprendo que tu cuerpo sigue sobre el mío.
Y cuando estoy por creer que ya no tienes importancia,
simplemente, anochece en la ventana
domingo, 2 de octubre de 2011
Si supieras quién viene
Como antes de los besos, la boca se mordía los labios y los diabólicos ojos se dilataban en la extensión de las palabras deseo y misterio. Mientras regresaba, la leche condensada se distribuía por todas las galletitas y la coca-cola se enfriaba entre el congelador. El único propósito era atenderla como se merece. Orfeo durmió a cerbero y no por eso era un sabio. La paciencia se sitúa en esa línea invisible que avanza con el avance del tiempo; cada vez más cerca al límite, y con el avance, la calma se deshace y las dudas crecen. ¡Maldita sea la hora! ¡Maldito sea el momento en que dejó de preocuparle!... pensaba él, mientras terminaba de untar las galletitas de leche condensada. Una inconsistente victima se creía él, y el ideario de justicia se resumía en un disco LP empolvado y sordamente burdo de tanta ironía. La muchacha no estaba cerca, ni siquiera se atisbaba a la distancia por las calles que conectan a la avenida. Puso a sonar el tocadiscos y se sentó en el balcón a fumar un cigarrillo, cansado de esperarla, especulando que no vendría, proponiéndose esperarla. Creerían que es un inestable o un paranoico a la altura de la fiebre; pero es que si supieran quién viene a verlo.
Anochece a la distancia y en su balcón y su casa aun es de tarde de galletitas y coca-cola, se niega a creer que no vendrá, entonces se distrae hábilmente entre las luces de la ciudad y las lomas negras en el horizonte. Falla, pierde como un cobarde que no tiene un plan B, que no tiene una ruta de escape para esa puerca paciencia ausente. Lo paranoico le vuelve en shock, la aspirina no le es suficiente; el rechazo es ese látigo que le castiga la mala costumbre de creerse un inútil. «si supieras quién viene» lo dice como queriéndole hablar al cerebro. Como antes de los besos, no había boca, no había labios que morder, la voz, el silencio, la nobleza… lo paranoico le llega en conmoción interior, lo saca de quicio; pero: ¿Quién viene? Sabe quién viene, quiere creer que está llegando, le gustan las sorpresas. Debería comerse todas las galletitas y la coca-cola (cómo no, con tanta hambre). Ya es muy tarde y sigue presumiendo que no va a venir, que no va a venir la “muy maldita” (como él dice) prostituta que contrató el día de su cumpleaños.
lunes, 26 de septiembre de 2011
La princesita que asesino cada día
Me gusta el chocolate fuerte, con poca azúcar y sin leche, las almojábanas calientes, pero no todos los días; y con el estomago lleno, me gusta tomar tu cuello y ahorcarte con mis manos hasta convencerme que ya no me puedes doblar como un pedazo de papel, que ya no puedes traspasar mi armadura, o colorearme.
Me gusta lo clandestino, el pedazo de misterio que arrastro con una cuerdita; y después de mi paseo matutino, me gusta arrojarte a un pozo, para que te ahogues. Princesita que me envenena con dulzura.
El día en el que el ojo soltó la primera lagrima
Quiero creer que esa megatontería puede ser cierta, como si las megacrisis y los megaolvidos se sustrajeran, y como si de esa sustracción se exterminaran los megamotivos. Leónidas ha dicho que por fin pudo olvidarla; tonto como es, no sabe que una burbuja no se hace burbuja con el soplo. Poca cosa. Leónidas ingenuo, cree que los cronopios y los famas le visitaran un día para hablar del megaamor, y le endulzarán el oído con sus frases de esperanza y sobreprotección. Mientras ella, firmemente está en mi casa, en mi cuarto, durmiendo en mi cama, fatigada del sexo y las caricias. Leónidas no es lo importante, Leónidas es el preaviso que me advierte que un día yo seré el Leónidas imbécil con las megacrisis. Quiero creer que esta burbuja, no será pasajera.
domingo, 25 de septiembre de 2011
El viejo
Hace un tiempo conocí a un verbo con patas, con ojos como los míos, y una enorme sonrisa le brotaba del rostro (nunca lo vi triste). Hace un tiempo no lo veo y eso no importa. Antes de marcharse, llevó a su hijo al lago y le enseño a ver el cielo en el reflejo del agua, después le enseñó a ver los peces en los arboles. El niño creció y ya no sé cómo ver todo eso.
lunes, 19 de septiembre de 2011
domingo, 18 de septiembre de 2011
Canción
Eres escalofrío: Sensación de frío que me llega en la noche y solo porque no estás, por lo común repentina, violenta y acompañada de contracciones musculares (nunca las comprendo), luego viene la fiebre de la que no quiero hablar.
Eres un aguacero repentino que me moja estando justo a unas calles de llegar, cayéndome encima con total irrespeto por la sequedad que tengo, tomándome por sorpresa, sin paraguas y con la imposibilidad de vengar.
Eres penicilina: Sustancia antibiótica (olor a jazmín) que empleo para combatir esta enfermedad de rata, causada por cierto microorganismo llamado amor.
Eres la crueldad con que las pequeñas gotitas se estrellan contra el parabrisas. Y yo nada puedo hacer.
Eres esa soledad que abunda en los ojos sin brillo de un pez muerto.
Eres la melancolía con la que el agua dulce se pierde en el mar
Eres el mar más allá del mar…
sábado, 17 de septiembre de 2011
Zapatos
Virginia toca el piano de forma fenomenal; lo hace con discreción y frivolidad. Sin embargo su mejor actividad y la que más le ocupa el tiempo libre es mirar zapatos. Si vieran qué buena actividad la de Virginia; usted entenderá que ve zapatos en almacenes de zapatos, pero se trata de ver los zapatos de los demás, esos que no son suyos y no lo serán, esos que fueron elegidos con gusto y voluntad, que salieron de un almacén nuevísimos y han envejecido paulatinamente al caminar.
Virginia los ve pasar en cualquier punto de la ciudad y se libera de cualquier pensamiento; se desentiende de los demás. Pocos le gustan. Conoce todas las marcas y modelos. Cuando uno de tantos que ve le gusta, sube lentamente su mirada y detalla la composición del personaje que los posee. Hoy vio una pareja de zapatos: los zapatos masculinos eran una botas working class pertenecientes a un skinhead, los zapatos femeninos eran unas botas dr martens rojas pertenecientes a una skingirl. Más adelante vio unas pantuflas de goma, estas pertenecían a un sujeto con pantalón azul, camiseta gris y un libro le tapaba la cabeza; el libro se titulaba antología poética. Esos zapatos raros de goma, que distorsionan el traje, esperaban el autobús. En este instante Virginia lee en la biblioteca. De la pared blanca del fondo en donde están los libros de poesía sobresalen unas pantuflas de goma y un jean azul. Virginia aun no se atreve a ir hasta allá.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Veneno en los dientes
Voy a untar de veneno mis dientes y luego morderé todas las cosas del mundo, menos a ti, para que veas como se siente no estar envenenado de mí, así como tú endulzaste todas las aguas del mundo menos de las que yo bebo. Así el jazz, el teatro y los recitales de poesía envenenados de mí no te serán perfectos.
Cadáver de Pájaro
El despertar es esa costumbre, el bostezo un agujero negro y lo que se disponía a hacer: finiquitar las páginas que no tuvieron lectura. Anochece en las nubes como las gotas quedadas y se duerme sin sueño, solo por dormirse. Despertó como de costumbre, con el mismo agujero negro y con la idea fatídica; desdobló sus rodillas y sacudió sus brazos doblados en forma de alas. Vio que el polluelo recién salía de su cascarón y sin bacilo, con la punta del pie, lo arrojo del nido construido en la punta de un árbol de cerezo, en el que habían amanecido los dos. Se acurrucó de nuevo en el nido y pudo dormir sin importarle que el cadáver del pájaro estuviera en el suelo. Lo ridículo de todo, es que ella aun lo quiere.
martes, 6 de septiembre de 2011
Que tengo amor en el cerebro, me dicen. Que el bichito esotérico del amor se me metió por el oído, me dicen. Que mis pensamientos son esa cosa inútil y basta que no llega a la cabeza, me dicen. Que las flores del florero se marchitan y la canción se acaba, me dicen, las bromistas del siglo XXI, a la madrugada.
martes, 30 de agosto de 2011
martes, 23 de agosto de 2011
VIAJERA
La lejanía le abunda, como si de eso se tratara el viaje: el relieve de sus besos en la boca, el suspiro tras suspiro y el mohín derrochado. Atrás hay, lo que por algún tiempo fue una historia, un cofrecito de arena lleno de recuerdos que se desmorona suavemente. Culpar al viento. El relieve de los besos en la boca es la plenitud; es ese shapstick de manzana que no quiere dejar de saborear. La lejanía le abunda, no sin antes dejarle el sinsabor de lo lejano, anticipándole el momento de arena que pronto el viento recogerá. El relieve de sus besos en la boca, el suspiro tras suspiro, el mohín derrochado y la habitación lujuriosa no volverán, nada de eso volverá.
martes, 16 de agosto de 2011
Cómo erigir un suspiro
Debo decir, antes de cualquier otra palabra, que lo puramente esencial es ese vistazo que hago de vez en cuando, como si los ojos buscaran la silueta y la silueta buscara luz y la luz buscara escena. Cada vez que choco con la acción confabulada no dejo de pensar en ella. Entre tanto, ese vistazo que choca por chocar se vuelve peligroso; máxime una sonrisa de temor o una fuga de antílope.
Por las mañanas es común verla llegar; lo de siempre es ese rostro que se dibuja de la nada y entra por la puerta y pronto se hace realidad. No es necesaria una copia barata almacenada en forma de recuerdo, porque su figura queda estampada como con hierro al rojo vivo.
Siempre está frente a mí, superpuesta y doblemente real. Tal vez por la cartera o tal vez por el papel, simplemente estuvo frente a mí y no pude contener ese suspiro ingrato que le detoné. Sonrió y se marchó. El carboncillo descansó.
sábado, 13 de agosto de 2011
jueves, 11 de agosto de 2011
Transgresión
Reactie op zee
Conocí a Louis a través de las probabilidades; yo siempre las cruzaba y él estaba allá, justo después de cada probabilidad. Era un tipo sereno, elocuente y discreto; tal vez por eso podía conquistar con facilidad a las mujeres. Entramos casi que al mismo tiempo al círculo de escritores “schrijvers van de stad” y rápidamente nos acomodamos al ritmo de los escritores holandeses. Es preciso omitir unos cuantos detalles de su personalidad (no acostumbro involucrar tantos aspectos en un solo referente), de tal modo que el sujeto de este relato sea un pasajero pictórico de color sepia que ha conseguido un buen relato. Las mañanas eran de correspondencia; siempre había un motivo y una tasa de café. Todos los integrantes del “schrijvers van de stad” eran amigables, por lo que sus cartas eran irremediables halagos poéticos, con inspiración nórdica y mucha naturalidad en la palabra. Toda la ciudad disfrutaba de su (nuestra después de un tiempo) escritura. Louis parecía irremediable en el surrealismo que le ponía a los relatos y aunque el círculo no lo aprobara enteramente, tampoco se oponía a tan excelente hazaña de transgresión pasiva al holandés común que lo leía en la Tijdschrift van het woord. Todos teníamos un lugar dónde publicar nuestros escritos diarios, que aunque fueran inicialmente una carta dirigida a un círculo, en cuestión de minutos era asignada a la página frágil de una revista o periódico prestigioso.
Carol se comunicó con el círculo un viernes por la tarde y el lunes estaba frente a todos presentándose, y nosotros circunspectos y asombrados por la prontitud de su ingreso al círculo, dándole una bienvenida (recuerdo que fue un poco seca). Era una escritora novata que cogió fama con sus breves críticas políticas, presta a toda iniciativa de escritura grupal y a todo ensayo por analizar. Era divertida, “era divertida”, empleaba diálogos dispersos y maquinaba cada acción, tal vez con una sobredosis de razón. La palabra y su peso, diádicos y gráciles eran su especialidad; pronto se tomó la expectativa de los citadinos que se adormecían bajo su comentario de liguero y amanecer y su suave sátira. Carol era una pequeña artista empecinada en irrumpir en cada ámbito en el que el círculo podía intervenir. Era un misterio envuelto en piel blanquísima, (esto no se puede omitir) unos ojazos azules y un cabello crespo-rojo y una sonrisa sin gravedad.
Louis la logró cautivar; ella después de unos cuantos meses cedió y se dejó llevar por la volatilidad del viejo lobo de mar. Sus aguas la abrazaron con tal fuerza que perdidamente se enamoró. Entonces la mar se hace un riesgo al navegante inexperto y con un poco de impericia la tragedia cumple con su bocado de anfibio. Fue una relación que no dio razones de existencia dentro del grupo y fuera de él. Fue una relación solo para dos, como tenía que ser, y así se desarrollo a la medida en que las olas golpeaban las rocas y la madera del muelle. Con ligereza ocupó el apartamento de Louis, su ciudad y su inexplicable realidad.
«Me has ocupado y ya tengo todo de ti; entonces ya nada me puedes ofrecer. Tus senos son simples senos, tu boca una simple boca y esta habitación un lugar donde ya no caben dos» Así puso punto final a su relación con Carol. Inmediatamente todo se desocupó, Carol tuvo la delicadeza de acatar cada palabra que Louis empleó; erguida y con golpe en el corazón se marchó.
Dejó de ir por mucho tiempo al círculo; después de todo lo inevitable no era la imagen sino la palabra. Todos ponen: De ante mano una tarde con el sol fugitivo y la marcha de las nubes que se despiden del cielo colorido. Los árboles de otoño traidores que ahora se burlaban de ella, las sillas del parque, inútiles y visibles, y esa fuente de agua verde que tantas propuestas oyó.
Esta mañana Carol volvió a la sede del círculo, advertían sus ojeras tal vez una semana de lágrimas e insomnio. Todos la saludamos, Louis la miraba con la sencillez y elocuencia que lo caracterizaba, las cartas y lecturas se pausaron: «estos ya no son simples senos» dijo Carol mientras se desabotonaba la camisa. Dicen que Carol tiene un serio problema mental, yo prefiero creer que es un simple capricho. A la vista de todos quedó al descubierto el pecho mutilado de Carol que ya no contiene un par de voluptuosos senos, sino un par de heridas planas, cocidas y sin rastros de musculo.
Conocí a Louis a través de las probabilidades; yo siempre las cruzaba y él estaba allá, justo después de cada probabilidad. Era un tipo sereno, elocuente y discreto; tal vez por eso podía conquistar con facilidad a las mujeres. Entramos casi que al mismo tiempo al círculo de escritores “schrijvers van de stad” y rápidamente nos acomodamos al ritmo de los escritores holandeses. Es preciso omitir unos cuantos detalles de su personalidad (no acostumbro involucrar tantos aspectos en un solo referente), de tal modo que el sujeto de este relato sea un pasajero pictórico de color sepia que ha conseguido un buen relato. Las mañanas eran de correspondencia; siempre había un motivo y una tasa de café. Todos los integrantes del “schrijvers van de stad” eran amigables, por lo que sus cartas eran irremediables halagos poéticos, con inspiración nórdica y mucha naturalidad en la palabra. Toda la ciudad disfrutaba de su (nuestra después de un tiempo) escritura. Louis parecía irremediable en el surrealismo que le ponía a los relatos y aunque el círculo no lo aprobara enteramente, tampoco se oponía a tan excelente hazaña de transgresión pasiva al holandés común que lo leía en la Tijdschrift van het woord. Todos teníamos un lugar dónde publicar nuestros escritos diarios, que aunque fueran inicialmente una carta dirigida a un círculo, en cuestión de minutos era asignada a la página frágil de una revista o periódico prestigioso.
Carol se comunicó con el círculo un viernes por la tarde y el lunes estaba frente a todos presentándose, y nosotros circunspectos y asombrados por la prontitud de su ingreso al círculo, dándole una bienvenida (recuerdo que fue un poco seca). Era una escritora novata que cogió fama con sus breves críticas políticas, presta a toda iniciativa de escritura grupal y a todo ensayo por analizar. Era divertida, “era divertida”, empleaba diálogos dispersos y maquinaba cada acción, tal vez con una sobredosis de razón. La palabra y su peso, diádicos y gráciles eran su especialidad; pronto se tomó la expectativa de los citadinos que se adormecían bajo su comentario de liguero y amanecer y su suave sátira. Carol era una pequeña artista empecinada en irrumpir en cada ámbito en el que el círculo podía intervenir. Era un misterio envuelto en piel blanquísima, (esto no se puede omitir) unos ojazos azules y un cabello crespo-rojo y una sonrisa sin gravedad.
Louis la logró cautivar; ella después de unos cuantos meses cedió y se dejó llevar por la volatilidad del viejo lobo de mar. Sus aguas la abrazaron con tal fuerza que perdidamente se enamoró. Entonces la mar se hace un riesgo al navegante inexperto y con un poco de impericia la tragedia cumple con su bocado de anfibio. Fue una relación que no dio razones de existencia dentro del grupo y fuera de él. Fue una relación solo para dos, como tenía que ser, y así se desarrollo a la medida en que las olas golpeaban las rocas y la madera del muelle. Con ligereza ocupó el apartamento de Louis, su ciudad y su inexplicable realidad.
«Me has ocupado y ya tengo todo de ti; entonces ya nada me puedes ofrecer. Tus senos son simples senos, tu boca una simple boca y esta habitación un lugar donde ya no caben dos» Así puso punto final a su relación con Carol. Inmediatamente todo se desocupó, Carol tuvo la delicadeza de acatar cada palabra que Louis empleó; erguida y con golpe en el corazón se marchó.
Dejó de ir por mucho tiempo al círculo; después de todo lo inevitable no era la imagen sino la palabra. Todos ponen: De ante mano una tarde con el sol fugitivo y la marcha de las nubes que se despiden del cielo colorido. Los árboles de otoño traidores que ahora se burlaban de ella, las sillas del parque, inútiles y visibles, y esa fuente de agua verde que tantas propuestas oyó.
Esta mañana Carol volvió a la sede del círculo, advertían sus ojeras tal vez una semana de lágrimas e insomnio. Todos la saludamos, Louis la miraba con la sencillez y elocuencia que lo caracterizaba, las cartas y lecturas se pausaron: «estos ya no son simples senos» dijo Carol mientras se desabotonaba la camisa. Dicen que Carol tiene un serio problema mental, yo prefiero creer que es un simple capricho. A la vista de todos quedó al descubierto el pecho mutilado de Carol que ya no contiene un par de voluptuosos senos, sino un par de heridas planas, cocidas y sin rastros de musculo.
miércoles, 10 de agosto de 2011
Acción poética
No busco público, ni aprobación, ni supuestos espectadores, interpelo a la reacción de los asistentes. Los epato de algún modo.
martes, 9 de agosto de 2011
ESTA NOCHE
Me lambo cada acción,
Cada palabra, cada sentimiento
Que logre inmiscuirse, esta noche,
En la aventura de blues
Que tú y yo tendremos.
Me cago en cada distracción,
En cada involuntaria pausa,
En cada sorda espera
Que logre inmiscuirse, esta noche,
En la bestialidad de cama
Que tú y yo tendremos.
Me importa un bledo
Cada retoque, Cada sinsabor obtuso
Cada fecha pasada
Cada recuerdo contuso
Que logre inmiscuirse, esta noche,
En la conciencia de vino tinto
Que tú y yo tendremos.
Me importa mucho
Cada contacto, cada gesto
Cada arpegio, cada fuego
Y cada sorbo impuro
Que logre inmiscuirse, esta noche,
En el paroxismo rítmico
Qué tú y yo tendremos.
domingo, 7 de agosto de 2011
Comamos Cadáver
Hace unas semanas un romántico poeta se hizo juez de nuestra relación. Tú lo supiste. Estuvo presente en nuestras peleas; nos observaba en todo momento: a la hora del café, del sexo… ¡del sexo! Se le ocurrió escribirnos un poema y juzgar nuestra conducta y por eso lo maté. Tuve que darle un tiro en su corazón de poeta. Ahora mismo está en el sótano. Podríamos comerlo.
Caos
Existes más allá del caos, más allá del punto en el que la curva se vuelve peligrosa. Hoy por hoy las cosas malas tienen un néctar delicioso. No tan abajo, pero siempre en el abismo, haces de mi vida un lucro indefinido.
jueves, 4 de agosto de 2011
Compostura
Antes de irte, vete
Y llévate tus cicatrices
Después podrás irte.
Antes de volver, vuelve
Y tráeme la dramaturgia
Que hemos compuesto
Después podrás volver.
Antes de hablar, habla
Y déjame el vocablo exquisito.
Pero por favor,
Antes de pensar, no pienses
Así será elocuente
La trama de esta novelesca tragedia.
Así seremos compostura.
Y llévate tus cicatrices
Después podrás irte.
Antes de volver, vuelve
Y tráeme la dramaturgia
Que hemos compuesto
Después podrás volver.
Antes de hablar, habla
Y déjame el vocablo exquisito.
Pero por favor,
Antes de pensar, no pienses
Así será elocuente
La trama de esta novelesca tragedia.
Así seremos compostura.
miércoles, 3 de agosto de 2011
Cómo enfrascarse
Se enfrasca cada vez que su novia se comporta de forma anormal ante él. Los espejos en las paredes del restaurante son un sinsentido total. No es común cubrir las paredes con espejos. Ese día el pollo había estado temprano, la lluvia pervertía las calles con su frescura y los paraguas poco servían ¡qué inutilidad! Los paraguas son mecánicamente hostiles; cubren muy bien medio cuerpo, pero ceden los pies a la lluvia; en relación con un resguardo de tipo restaurante de clase media baja, es preferible el pollo recién hecho y el consomé sin aroma, color y sabor. Ambos decidieron el pollo fresco, la ensalada sospechosa y (obviamente) el espagueti viejo, porque era eso o elegir frijol. Era su primera vez en un restaurante de esa calaña. La lluvia no cesaba de pervertir las calles con su frescura y los paraguas hostiles eran curiosos botones de diferentes colores que se movían de derecha a izquierda y de izquierda a derecha. Desde ese lugar podían ver la calle, la lluvia y a lo lejos, la avenida central. Esperaban a que les sirvieran el almuerzo. Un poco por cretino y tal vez un poco por conflicto, el hombre de la mesa de atrás le ofreció un breve guiño a ella. Curiosamente la complicidad de los espejos no amparó la circunstancia y los dos lados le ofrecieron a él toda la acción. De inmediato la observó a ella. Sutilmente ella bajó la cabeza y sin soltar sonrisa o cara de desprecio o enfado, arremetió con una mirada impactante a la cajita de las servilletas; la tomó y empezó a jugar con ella. Tuvo que quitársela de la mano para poder tener su atención y sin pronunciar alguna palabra, él, el hombre enfrascado en un frasquito invisible que se llama como se pronuncia el fastidio, atisbó una sonrisa tardía en el rostro de la mujer.
lunes, 1 de agosto de 2011
Fuego al juego
Las mujeres deberían elegir los hombres ruleta rusa. Hombres cuya vida sea un revolver con un solo cartucho, un solo tiro de emociones. Un juego difícil. De ese modo el melodrama se hace adictivo. Ellas podrían resolver, con el gatillo, una noche mágica. Los hombres ruleta rusa viven del misterio, del panorama clandestino y la cajita de sorpresas. Cargan siempre un único cartucho que se deba detonar en el momento justo. El gatillo bien podría bacilar al elegir la recamara correcta, produciendo una emoción magnifica.
Margarita consiguió su hombre ruleta rusa y jugó a su juego macabro muchas veces. Pudo darse un par de tiros, consiguiendo vivir de una manera mas abierta; pudo alcanzar el proyectil sentimental, pudo también, vivir en la variable. Pero no consiguió detonar un cartucho, ese se quedó guardado en algún bolsillo.
Una mujer me mostro hace unos cuantos meses, un poema recitado en una película:
No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!...
Tal vez Girondo fue un hombre ruleta rusa. Ella no deja de inspirarme relatos y poemas. Tengo una mochila; en ella cargo el cartucho que no pudo detonar. Lo he grabado con la siguiente frase: Aun se puede detonar.
domingo, 31 de julio de 2011
Cómo quitarse un tornillo
Antes de irte da las gracias, recuerda que es despedida, y marcha. Toda marcha necesita un grato recuerdo. Fue bueno ver el relámpago a una velocidad infinita, —pero no olvides que es un relámpago— entonces se desdibuja en el cielo, con la velocidad exacta; así como este evento. Fue bueno ver el relámpago caer y saber que no se quedaría, que se iría como se van los demás relámpagos; todos en una marcha infinita, dejando su luz inmediata, para poder recordar que acaba de haber un relámpago. Ver su delicada caída, su sonido, su equilibrio, su final. Se ha desdibujado el relámpago, también se ha agotado la luz infinita. ¿Qué más quieres? ¿Un cielo dónde estamparnos? Mejor sácate el tornillo de la cabeza, déjalo rodar en un nuevo agujero. La marcha es lo divino, formar un nuevo relámpago, nuevas nubes, nuevos espacios. Saber que en la otra colina también se forman relámpagos… Saber que un rayo no se repite.
sábado, 30 de julio de 2011
Claveles Blancos
Tal vez cada calle del pueblo tenga la misma porción de hojas secas esperando ser barridas, tal vez cada porción de hojas secas tengan su propia barrendera y tal vez cada barrendera tenga sus propios motivos. La calle que lleva al mercado es una de las más concurridas; decenas de personas transitan por ella todos los días: van y viene del mercado, a veces con la proximidad de la lluvia y a veces con la anticipación de los rayos del sol. Los vendedores ambulantes son los señores del tiempo. Uno de ellos, por ejemplo, anuncia las seis y veintitrés de la mañana todos los días, tan solo con el sonido de su silbato, sin decir alguna palabra, sin la intención de hacerlo; silba y pedalea ofreciendo café. Martha lo espera (sin querer hacerlo) todas las mañanas y aunque no le compra café, se vale de su reloj silbato para saber que es momento de salir a la calle a barrer las hojas secas. Ella ve el barrer las hojas secas como algo muy terapéutico, sin querer hacerlo, ha podido usar los oficios de la casa y la ida al mercado como sedante. Luego de barrer las hojas secas de la calle, pone sus manos sobre la punta del palo de la escoba, una sobre la otra, y apoya su mentón sobre las manos; en esa posición consigue relajar su cuerpo. Observa por largo rato la colina (colina cargada de recuerdos), hasta que es interrumpida por la vendedora de flores, quien suele pasar entre seis y cincuenta, y siete de la mañana, cada domingo. Todos los domingos desde hace catorce años, compra un ramo de claveles blancos, entra a casa, retira los claveles marchitos, limpia el florero y pone los nuevos junto al cofre.
Martha es una vieja costurera que ha conseguido un bloque de vida para vivirla con la rigidez natural de la absurda rutina. Martha es Martha cofre, Martha ramo de claveles blancos que pone cada domingo, Martha muerta en vida y en costumbre, Martha atardecer tejiendo, Martha soledad confusa. Ha vivido sola desde hace diez años, cuando sus hijos la dejaron escapar del tiempo para perderse entre la cordura de la escoba, del trapero, de la radio vieja, de las agujas de croché y los vestidos negros. Su corazón tiene vestido de luto desde hace catorce años, lo guarda en el cofre donde también guarda el osario de su difunto esposo.
miércoles, 27 de julio de 2011
Cómo tragarla
—¿Cómo empezó?
—Es confuso doctor… No sé en que punto puedo introducirme y extraer de las profundidades del misterio, esa cosa hecha letras y palabras difíciles; no sé cómo empezar. ¿Ve? Todo es confuso. En la noche fastidia.
Supongo que empezó cuando se iba; viajaba a Estocolmo, llevaba una gran maleta marrón que me advertía de mala gana todo el tiempo que dejaría de verla. Aquí es cuando suelen llegar las lágrimas. A veces pienso que siempre ha vivido en mí; que nunca se irá.
—¿Qué siente?
—Siento que ella esta en mi boca. Siento su sabor en mi paladar (créame que ese es el sabor); siento su forma, la palpo con mi lengua, a veces pelea, a veces juega. De vez en cuando canta (también es su propio canto). La tengo en mi boca; todos los días la siento; en las noches fastidia. Pero le juro que yo no la puse ahí. ¿Qué hago?
—En las noches, cuando la sienta rondar su paladar, háblele, dígale que se vaya.
—No me deja hablar, no me permite ni siquiera suspirar. Yo solo la siento; luego se acomoda en mi tráquea y duerme; duerme profundamente.
—Para tragarla es necesario tomar mucho líquido. Sirva un vaso de agua, doble la cabeza hacia arriba, mire hacia el cielo y deposite el agua en su boca. No cierre los ojos, no tenga miedo, no haga mala cara. Escriba en un papel un poema: Cósmico conducto de letras que pueden referir una fisiológica deportación. Ponga el papel en su boca y mastíquelo hasta que se haga digerible. Consúmalo. Ella bajará enseguida, será digerida y posiblemente será parte de su sangre.
—¿Cuál es el riesgo?
—Que llegue al corazón…
martes, 26 de julio de 2011
Cómo encender un cigarrillo
Una guitarra, un salero y migas de pan. Un pobre y sucio ambiente alumbrado por rayos tenues luz de luna. Ayer fue un festivo incalculable que nunca volverá. Su dios puede ser un dios agradecido, pero él lo rechaza, como rechaza las prostitutas luego de un orgasmo tribal, con su laconismo emocional y su vida laica.
Agarre con los dos dedos el objeto, llévelo a la boca, apriete suavemente el filtro con los labios. Seguramente ha obtenido una sensación de inconformidad. Llevarse un cigarrillo a la boca es muy fácil, pero intente desprenderlo de ahí; una masa de nada lo asegura a su boca, lo amarra para darle firmeza. El cigarrillo ahora es un trozo de usted, un pedacito de piel y hueso que le sale de los labios para convertirse en ceniza. Un apéndice.
Acto seguido, tome el encendedor y llévelo justo delante del cigarrillo, mírelo fijamente esperando que un pequeño hilo de fuego salga de él para reventar su pasividad. Accione el mecanismo y obtendrá un botón naranja en la punta; botón naranja que despide finos trazos de humo y se desdibujan a medida que suben. Suba con ellos. Desdibújese en la sensación de la primera bocanada de humo recorriendo su garganta, llegando a sus pulmones y saliendo por nariz y boca (a veces con figuritas poéticas: un círculo, una flecha o una cascada)
Ya tiene encendida una parte de usted, una fiel maquinita que le inyecta su esencia y le escarba la suya. Una lúgubre combinación de boca y colilla. Ya ha aportado a su estética, ya se ha maquillado de fumador. El cigarrillo no es lo que se fuma: se fuma una gana de ritual, una tonta ilusión, una quema mínima de ataxia.
Toma la guitarra y continua su composición, tal vez el cigarrillo en la boca le aproxime la inspiración, el humo gira en torno a las manos que rasgan la guitarra. Aunque las notas musicales y el sonido de los acordes salen intoxicados de nicotina, suenan muy bien, suenan precisos. La tenue luz cae, le golpea el rostro, golpea la guitarra y pasa a través del humo. Ayer ha sido festivo y su dios no volverá.
miércoles, 20 de julio de 2011
Cómo Nombrar
Comience a la expectativa del escritor, titúlese a sí misma como de costumbre, como lo hace el escritor… notará la boca seca y esa sensación de entender la cintura de un relato, luego le vendrán las ganas de besar la parte intima de ese cuerpo de letras; asegúrese de no cristalizar los sentimientos (estos son buenos en aquellos) auto-elijase como propicia y digna de escribir, mendigue un trozo de idea (la mendicidad es mejor que la compra de una idea).
Concluya: Un cuerpo de letras, consanguíneo de un relato surrealista y medio kilo de dialéctica. Module su vocabulario antes de escribir el titulo. Oblíguese a pensar en el escritor y no lo saque de la mente, converse con él y entreténgale las ansias. Busque la afinidad entre el relato y su autor, sobre todo si de afines tienen la rareza de una gama de suspiros. Ignórele las palmas de las manos y convóquele los dedos.
Haga trisas las imágenes, despida al escritor, despida el cuerpo y el deseo: ya tiene un sentimiento. Escriba las palabras que tiene en el cerebro, bajo el puente que conecta el corazón con el espejo.
martes, 19 de julio de 2011
Cómo Tolerar la Lactosa
Es probable que la lactosa te fastidie el ánimo, que intente cambiártelo. La lactosa es esa química volátil que surge luego de una visita sorpresa a casa de Raquel; tantos elementos juntos, arribando a casa de la agotada Raquel. La lactosa es ese cuerpo invisible que rodea el ambiente luego de un: “¿Qué haces aquí?” Las nubes estaban grises y a punto de caer, él la miraba a través de la puerta medio abierta, con ganas de seguir y tomar un poco de café; ella, por el contrario, quería que se marchara de inmediato. La lactosa es intolerable en esa situación.
Tolerar la lactosa es fácil:
Opta por hacer un agujero en tu puerta y dejar que se canse de timbrar.
Opta por un identificador de llamadas y un plan B.
Opta por los anti-recuerdos, el alcohol de sobremesa y la desintoxicación.
Opta por el masaje muscular y la taza de café con poca leche.
Optar y seguir optando; siempre se debe optar, más cuando la lactosa es esa química suprema que está ahí en esos momentos donde poco se quiere vivir. Él seguía viéndola a través de la puerta medio abierta con las nubes a punto de caer; el silencio debía agotarse en cualquier momento, deflagrándose con la química volátil, produciendo un estallido destructor (alguien tendría que llorar) Sin embargo, ella no soportó y su puerta fue un lactífero que dejó pasar al sujeto y la poca gana de charlar.
domingo, 17 de julio de 2011
MegaTulia
Canta, baila, chifla y ríe
También tiene amores y pasiones
Romances ocultos y perdidas de la noción del tiempo
Hijos, hijas y fortunas.
Chismes, angustias y temores.
Megatulia tiene vida.
La amo por ser mujer.
miércoles, 13 de julio de 2011
Análisis de carácter formicidae
Tú eres la hormiga:
Evolucionaste en el cretáceo, entre árboles y dinosaurios; te crees la reina y me pones de obrero; tu vida es un puto agujero y a veces tienes veneno; eres mimética, colectivista e invasora.
Asocial
Asocial
Soy asocial porque combina con mi Jean: Roto, sucio, marranero y regalado.
Mi Jean combina con mis zapatos: Sucios, viejos y baratos.
Mis zapatos combinan con mi camiseta: Gris, vieja y decolorada.
Mi camiseta combina con mi personalidad: Apática, libertaria y progresiva.
martes, 12 de julio de 2011
Para acabar con el juicio de dios
Donde huele a mierda huele a ser. El hombre bien habría podido no defecar, no abrir nunca el bolsillo anal, pero escogió cagar como habría podido escoger la vida en lugar de consentir en vivir muerto. Puesto que para no defecar, habría tenido que consentir en no ser, pero no pudo resolverse a perder el ser, es decir a morir en vida. Hay en el ser algo particularmente tentador para el hombre y ese algo es justamente LA MIERDA.
Antonin Artaud, Pour en finir avec le jugement de dieu, 1947
Luego, antes de...
Hubo un mundo antes de este. Tuvo que haberlo. Con él se extinguieron tantas cosas que ahora no hay en nuestro mundo.
En el mundo de antes los hombres eran mujeres y las mujeres eran hombres. Todos transexuales. Un mundo andante entre una estética amoral, bajo la gracia de un amor sin cultos y una libertad sin límites. Las mujeres (hombres) se esmeraban por mejorar su apariencia, aportaban a la ciencia y ofrecían su ternura; los hombres (mujeres) se esmeraban por reafirmar su fuerza (no siempre física) aportaban a la ciencia y al arte y en ultimas siendo mujeres ofrecían una ternura disfrazada.
lunes, 11 de julio de 2011
ARTE POÉTICA Juan Manuel Roca
Hay un poema de Jacques Prevert en palabras que es una lección de la paciencia en el arte, de tino para darle más importancia a la mano que borra, que es minimalista, que a la mano que escribe, que es expansiva. Pero sobre todo es un elogio a la libertad que funciona por negación: Hay que conocer la jaula para apreciar el viento.
PARA HACER EL RETRATO DE UN PÁJARO
Pintar primero una jaula
con la puerta abierta
pintar después algo bonito
algo simple, algo bello,
algo útil para el pájaro.
Apoyar después la tela contra un árbol
En un jardín en un soto
o en un bosque esconderse tras el árbol
Sin decir nada, sin moverse
A veces el pájaro llega enseguida
Pero puede tardar años
antes de decidirse.
No hay que desanimarse
Hay que esperar
Esperar si es necesario durante años
La celeridad o la tardanza
En la llegada del pájaro
No tiene nada que ver
Con la calidad del cuadro.
Cuando el pájaro llega, si llega
observar el más profundo silencio
esperar que el pájaro entre en la jaula
y una vez que haya entrado
cerrar suavemente la puerta con el pincel.
Después borrar uno a uno todos los barrotes
cuidando de no tocar ninguna pluma del pájaro.
Hacer acto seguido, el retrato del árbol,
escogiendo la rama más bella para el pájaro,
Pintar también el verde follaje
Y la frescura del viento,
El polvillo del sol
y el ruido de los bichos de la hierva en el calor estival
y después esperar
que el pájaro se decida a cantar.
Si el pájaro no canta, mala señal,
Señal de que el cuadro es malo,
Pero si canta es buena señal,
Señal de que podéis firmar.
Entonces arrancadle delicadamente
una pluma al pájaro
Y escribid vuestro nombre
En un ángulo del cuadro.
Traducción de Juan José Ceselli
ALIMENTOS
Quiero que todo campesino de mi reino pueda comer pollo todos los domingos; dijo Enrique IV de Inglaterra. Pero mañoso como era, no quiso recordarle a sus vasallos que para un rey en materia de alimentos, todos los días son domingo.
sábado, 9 de julio de 2011
Después de los hongos, poema refrigerado.
Te regalo una flor.
No, mejor te regalo un hongo
Y en vez de maldiciones, te doy muecas.
Eres lo malo que hay entre lo bueno de una amapola
Te doy un ramo de raíces de palmera
Mi fotografía sin mi rostro y una canción sin melodía.
¿Qué no te daría yo?
Cerveza y Cigarrillos, también.
Te doy la ironía de la ironía de mi ironía
Porque ahí es donde yo te pienso
Yo que no pienso en los eventos desafortunados.
No, mejor te regalo un hongo
Y en vez de maldiciones, te doy muecas.
Eres lo malo que hay entre lo bueno de una amapola
Te doy un ramo de raíces de palmera
Mi fotografía sin mi rostro y una canción sin melodía.
¿Qué no te daría yo?
Cerveza y Cigarrillos, también.
Te doy la ironía de la ironía de mi ironía
Porque ahí es donde yo te pienso
Yo que no pienso en los eventos desafortunados.
viernes, 8 de julio de 2011
Pijao
Guerra. Guerrero. Pija. Cara al sol y mano dando golpes en la cara. Cara a la luna y mano dando caricia.
Pueblo. Fuga. Lengua. Caminos de caminos y caminantes entre el olvido. Caminante cara al sol y a la luna.
Etnia. Raza. Cultura. Hijos de hijos sin historia. Por eso: Mano. Golpe. Camino.
Pueblo. Fuga. Lengua. Caminos de caminos y caminantes entre el olvido. Caminante cara al sol y a la luna.
Etnia. Raza. Cultura. Hijos de hijos sin historia. Por eso: Mano. Golpe. Camino.
Tijera
El bombillo sigue despidiendo la inútil luz moribunda, los cuerpos yacen en la cama, hastiados uno del otro; consiguieron volar, ella pudo hacerlo; volar por primera vez, pero ahora va cayendo. ¡Pronto! Tijera él se ha dormido, concluye tu producción artística, déjale el recuerdo seco de tu boca, de tus manos, de tus piernas. Déjale algo. Tijera convertida en tijera, se sienta frente al espejo, empuña las dos manos y estira sus dedos índice y corazón, ahora tiene dos tijeras; el café ha estado y el recinto con olor lujurioso se mescla de café. Con ambas tijeras corta su cabello, ahora más de cinco centímetros, ahora los mechones son largos y caen al suelo. Se levanta, corta las cortinas, corta la ropa del sujeto, le corta todo el cabello crespo, lo guarda en su bolso y por ultimo, sin bacilos, agarra su mano derecha y le corta —como para que nunca vuelva a señalar— el dedo índice. Original de...
jueves, 7 de julio de 2011
Mari
Si fueras roja, necesariamente tendría que usarte con torniquete.
Y mis viajes tal vez no serían a la luna; serían a Marte.
Mi pipa tendría un símbolo revolucionario
Y mis ojos… igual de rojos.
Instrucciones para dar cuerda al reloj
Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa. Julio Cortazar
Vampirismo
Tu sangre es tu sangre, lo sé muy bien. Pero qué lindo adorna una copa; con qué belleza se mezcla con la fábula de esta negra noche y… más tarde será también mi sangre. Cómo si tú fueras mía, sabiendo con exactitud que soy tan tuyo como el brillo es de la copa. Así de firme. Abstengámonos: No te puedo dar mi sangre, aunque es tuya, yo la necesito; y si tú me das la tuya, mañana será una mala noche, porque no estarás tú para que me acompañes en la pesadilla, ni en las calles o los bares. La mitología de las ratas es un problema de retorica; un poco de método y un poco de praxis. Aunque no podamos darnos sangre, podemos ocultar lo de las ratas.
Roja y negra
Quisiera que fueras una moneda sin denominación, precisamente para que no seas del todo moneda. Una moneda de una sola cara pero con dos colores; un color anarquista y un color socialista. Quisiera que fueras redonda como la redondez de la unidad, que fueras valiosa, más que el oro; pero que no fueras canjeable, como son las monedas y mucho menos sirvas para comprar. Quiero que seas una moneda libertaria que sirva para luchar.
La cámara Vieja
Nuestra relación es una vieja cámara de fotos. Nosotros somos la fotografía a blanco y negro: Tú eres el negro y yo el blanco; la pared de donde cuelga la fotografía es nuestra casa y la biblioteca es el marco. Qué ridículo. Lo más ridículo de todo es la imagen. La imagen (lo que componemos en ella) es una puta pileta. La cámara vieja (nuestra relación) tomó una fotografía (nos parió) a una pileta desocupada con un par de monedas de cobre. La fotografía reposa en una pared sin pintura con un marco de madera (valioso) y que no se te olvide que tu eres el negro y yo soy el blanco.
Cadencia Soluble
A través del vidrio se proyectaban las luces con formas de peces del mismo color, pero peces de distintos tipos, quizá de mar, quizá de rio, quizá de lago o quizá de acuario. No había acuarios y ella no los conocía, nunca había visto uno, lo demás quedaba en su torpe imaginación. Los peces nadaban contra la pared a medida que ella movía la lámpara de izquierda a derecha. Entonces era una pecera de concreto color rosa, que albergaba cinco peces de luz. Fueron las diez de la noche y fue el momento de dormir y los peces se extinguieron cuando apagó la lámpara. Pidió a su mamá un acuario y recibió una negación habitual quedándole claro que era suficiente con haber recibido una lámpara nueva. A la media hora de haberse ido mamá, entro papá un poco aturdido, quizá por los tragos, y con voz tierna saludó a la pequeña. Ella en su cama y bajo la protección de una cobija de lana lo saludó; él muy amablemente dejo caer en la boca de su hija un enorme beso alcoholizado. Después metió a empujones su ser masculino inagotable por el sexo de la niña, de la forma más sutil y delicada con la que se puede tratar a una pequeña. Él, su padre, envenenaba de lujuria el joven cuerpo de su hija por tercera vez.
Pasó la noche en vela procurando no dejar caer sobre la almohada la inútil lagrima que asomó desde que se fue papá, gota que no quería soltar por miedo a perder el liquido que papá muy amablemente había dejado entre sus piernas como muestra del amor que le tenia. La madurez infantil de la pequeña se convirtió en un esfuerzo por aguantar ese dolor agudo que quedaba entre sus piernas. Papá era todo un buen papá, entregando el instinto propio del humano a su hija, saciaba su codicia sexual, codicia que no agotaba con las putas que veía, ni con su mujer. Papá es un papá amoroso, decía la única hija de once años de un señor bastardo y sucio.
No fue solo esa tercera vez, pasaron varios años en los que papá todo cariño, entregaba disque lo mejor de sí.
A los quince años, la niña comprendió que no era amor lo que papá dejaba entre sus piernas cada domingo; era un líquido traidor, bastardo y sucio de cada semana en que necesitaba saciar su codicia sexual. Todo estaba hecho y desgastado, ya no había futuro más que lamentarse de tener un ser llamado padre que la usó. Por lo pronto buscar una salida procurando acabar de raíz con el mal. Supo entonces que no hay forma de dejar de mirar hacia atrás, porque atrás y adelante son la misma cosa; un adelante es un atrás que se repite entre la eternidad, bajo ciertos cambios de la vida superficial. Fue el momento de escapar, pero solo hay dos salidas: la muerte y la inhumanidad. Simplemente fue por la que tuvo a su alcance, siendo ésta una pastilla liberal.
2tone
Mi genio libertario chocó contra usted. ¿Recuerda? Era de mañana y estábamos en el clímax de la manifestación; lancé una piedra y golpeó a un policía, luego corrí. Entre la gente y gracias a un megáfono, escuché su voz. Me gustó, lo confieso. Yo fui el que le pasó la botella de agua, aunque usted no me vio. Después me conoció y mi genio libertario chocó contra usted. Así de simple, parece que me hubiera golpeado en la cabeza, porque ya no la puedo sacar de ahí y… sin embargo mi genio libertario chocó contra usted y ahora se pasea por ahí con tanta libertad, con esa Fred Perry y con esas ganas de two tone.
No pienses mal
Regálame tu ojo; necesito recolectar cosas como esa para ponerlas entre mi tazón de sopa. No pienses mal; no me creas un cerdo, yo solo soy un asno que quiere un ojo, cuando puede tener tus senos. Con un ojo puedo hacer maravillas (nada oscuro) puedo caminar erguido y con la ufania de tener la propiedad de tu ojo; puedo distraerme con facilidad para perderme entre tu pupila color miel; pasear tu cornea por mis labios buscandole algun sabor agridulce (porque tu eres la agridulce). No pienses que soy un sucio enfermo, yo solo soy un loco untado de barro. Lo que no haría con tu ojo, sería usarlo para ver, porque entonces me vería tal y como tú me ves.
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