lluvia

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miércoles, 27 de julio de 2011

Cómo tragarla


—Le juro que no. Todo comenzó con un juego de palabras. He recibido varios mensajes de mis psicoanalistas; todos fallan. Pero le juro que no. En la noche fastidia.

—¿Cómo empezó?

—Es confuso doctor… No sé en que punto puedo introducirme y extraer de las profundidades del misterio, esa cosa hecha letras y palabras difíciles; no sé cómo empezar. ¿Ve? Todo es confuso. En la noche fastidia.
Supongo que empezó cuando se iba; viajaba a Estocolmo, llevaba una gran maleta marrón que me advertía de mala gana todo el tiempo que dejaría de verla. Aquí es cuando suelen llegar las lágrimas. A veces pienso que siempre ha vivido en mí; que nunca se irá.

—¿Qué siente?

—Siento que ella esta en mi boca. Siento su sabor en mi paladar (créame que ese es el sabor); siento su forma, la palpo con mi lengua, a veces pelea, a veces juega. De vez en cuando canta (también es su propio canto). La tengo en mi boca; todos los días la siento; en las noches fastidia. Pero le juro que yo no la puse ahí. ¿Qué hago?

—En las noches, cuando la sienta rondar su paladar, háblele, dígale que se vaya.

—No me deja hablar, no me permite ni siquiera suspirar. Yo solo la siento; luego se acomoda en mi tráquea y duerme; duerme profundamente.

—Para tragarla es necesario tomar mucho líquido. Sirva un vaso de agua, doble la cabeza hacia arriba, mire hacia el cielo y deposite el agua en su boca. No cierre los ojos, no tenga miedo, no haga mala cara. Escriba en un papel un poema: Cósmico conducto de letras que pueden referir una fisiológica deportación. Ponga el papel en su boca y mastíquelo hasta que se haga digerible. Consúmalo. Ella bajará enseguida, será digerida y posiblemente será parte de su sangre.

—¿Cuál es el riesgo?

—Que llegue al corazón…

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