—Qué estupidez ir de nuevo a la opera que el año pasado reventó el lugar. Tanto olor a gente de traje y diplomacia me saca de quicio. Además fui con Lixi, hermosa, no querré recordarla y dejar escapar un suspiro en una ceremonia que no lo merece. Por eso no iré, discúlpame Michel pero tú sabes lo incomodo que es para mí, no lo soporto y luego de eso viene la ira y… Probablemente esté en el bar, cuando termine la función vas al bar y bebemos cerveza.
El puente del rio Piace es un largo tramo frio que se debe recorrer a pie para poder llegar al extremo en el que se agarra el autobús, decide ir a casa en vez de ir al bar. Lo frívolo del camino se aferra con las uñas a su traje. El pelo se mueve con la brisa y de su nariz sale el vapor común de la ciudad. Hoy ha sido un día de recuerdos y extrañezas, en la mañana recobró un poco el aliento con el café exprés que tomó en el Luigie, pero duró lo convexo del sabor en la lengua y en la garganta, lo apacible del olor en sus manos y en su saco —tiene la costumbre de derramar café en sus dedos para oler el aroma que le dura casi todo el día— y sin embargo a la altura del sol de mediodía volvió la sensación de inconformidad y ese nudo en la garganta molesto que ha sentido desde ayer. En la tarde se ocupó en el archivo y trató de disimular el nudo y la inconformidad, bebió más café y revisó el periódico regional.
Mientras camina siente como el nudo en la garganta se agranda y se mueve con el movimiento del cuerpo en el caminar, la inconformidad trata de estresarlo —por fortuna no se estresa con facilidad—. Lo frívolo del puente y la brisa fría no le molestan, por el contrario lo calma la calma del puente. Esa soledad de antaño tan bellísima que se molestaba en calcular, justo a la hora del atardecer en la granja del abuelo Elio, así aprecia el puente mientras lo atraviesa. Ahora camina más despacio, tratando de explicar la sensación que siente, trata de saber que esconde en el armario. Hace unos días se levantó sin recordar que había en su armario, recordó el lugar donde estaba la llave para abrirlo pero junto a ella había una nota que decía: ‘no abrir el armario’ y si decía eso obedece y no lo debe abrir —al parecer no hay un motivo—. Mientras espera el bus compra el ultimo café del día, una señora con un bebé a su lado le pregunta la hora, él no responde, ni siquiera la mira, no le dará la hora, —para qué ofrecerle el tiempo en su reloj que tanto apura a las personas—. La señora persiste creyendo que el sujeto no la ha escuchado, gira y le dice con seriedad y titubeo: no te molestes en saber la hora, no le enseñes a tu bebé lo malo del tiempo y el afán de la gente del siglo XXI.
Ha sido su mejor respuesta, la última vez, tuvo problemas con otro hombre. El autobús se ve desde lejos, y mientras llega gira de nuevo hacia la mujer y le pide disculpas, le da la hora y le felicita la serenidad con la que tomó la respuesta. En el autobús casi desocupado, la inconformidad se hace más fuerte, el nudo se ha deshecho y se ha vuelto un líquido que se acumula en la garganta sin que suba hasta ser expulsado o se baje para ser tragado. Así llega a su casa, con esa masa líquida que crece en su garganta sin poder expulsarla. Toma un vaso de agua para tratar de bajarlo pero la bebe con facilidad y no consigue empujar el líquido de su garganta. Es media noche y tiene miedo de dormir, el sueño lo vence a la altura del sillón y el programa televisivo de rifas y apuestas. De repente de su boca y su nariz empieza a salir una materia transparente y líquida, al bajar por su cuello se despierta y rápidamente agarra un frasco de vidrio que tiene bajo la cama. Lo deja caer todo en el frasco y justo al momento de llenarse, deja de expulsarlo. Agarra el teléfono y marca a Lixi:
—Lixi, no me vas a creer lo que me ha pasado
—Jean, otra vez con la misma historia.
—No lixi, esto nunca me había sucedido. Lixi se me derramo el amor. El amor mío es líquido y se me ha salido por la nariz y por la boca, ahora mismo lo tengo entre un frasco. Lixi no es mentira, se me está escapando el amor y no sé cómo… Lixi ¿estás ahí?
Cuelga el teléfono y agarra el frasco, busca la llave en el cajón y abre el armario, nota entonces que tiene diez frascos más, repletos del líquido que llama amor. Destapa el último y trata de beberlo, pero no puede consumirlo, no le baja, se le derrama por las esquinas de la boca. Es inútil tratar de ingerirlo, no ha podido consumir los otros diez. Guarda el nuevo frasco en el armario y lo asegura con el candado, pone la llave en el cajón y deja junto a ella una nota: ‘no abrir el armario’.
Ya no hay tragaluces por aquí. Todo es un pretexto. Ven y pruébame, con tu cara de juez y tu boca que no traga luz.
lluvia
lunes, 28 de marzo de 2011
Me declaro nocturno
Mujer, perfecta eres entre todas la mujeres, perfecta ante todos mis ojos que aunque solo son dos, parecen fieles espejos acomodados de forma simétrica para mirarte de lejos y de cerca. Perfecta como la parte femenina de narciso, eso eres mujer una dama frente a un lago puro, eres sonrisa y paz, ojos que ven el futuro, manos, uñas y kilogramos de seda y siendo eso yo no soy nada, mis espejos y yo te esperan, te declaran en una noche póstuma como la de estas noches cuando la lluvia muere en el suelo, cuando tu pelo brilla y se hace azúcar nocturno. Y declarándome te digo que el poema es para siempre, por eso el reloj del tiempo marca tu hora, mi hora, la hora oportuna, te digo también que hoy con lluvia sacrifico mi clandestino deseo para que tú me oigas como quiero que me oigas, me recibas como quiero entrar y te quieras como quiero que me quieras.
domingo, 27 de marzo de 2011
Monólogo en artificio
Y me trazo un cono temporal y apunto a un foco inaudito, quiero decir que mientras escribo no sé qué escribo, atrás hay un asiento vacío, al lado una mujer de vestido, callada, con estilo. De jardín es su vestido, hoy es domingo, quizá tenga una cita; brandy y cigarrillos, quizá divaga, quizá medita, casi dormida, ¿respira? Saborea, es cierto, no está dormida, y respira porque parece viva. Es decir respira, ¿pero en un bar maldito?, sola, una dama adecuada para otro sitio, para otra gente. Una mujer de traje francés no acostumbra venir a estos lugares, quizá contenga la respiración para no contagiarse de penas.
En fin, una dama extraña en un desagradable sitio. La miro a través del espejo, yo en la barra y ella atras en una mesa, de vez en cuando me mira. —Tengo que escribir esto en mi diario, de hecho todo lo escribo— Cruza su pierna, lo hace despacio, notó que la miro, un brandy más, este es el tercero. Al séptimo saca un papel y escribe; al octavo me mira y al decimo se retira. El papel queda en la mesa, lo veo, es para mí, lo presiento, pero tal vez no lo quiero. Por qué querría un papel maldito, producto del brandy, del bar maldito, del deseo y la necesidad. Quien viajaría al callejón de la esquina a ver una dama francesita que deseosa está de cumplir su osadía; ayer oí del peligro; en el periódico: una mujer con sida deambula por las calles con una jeringa. Maldita pervertida.
El vino tinto produce esta noche un éxtasis de viña, me dilata el misterio y absorbe mi paciencia; a la copa la alumbra una luz purpura, que bello color y el papel en la mesa tan claro, tan pasivo, tan meditoso, tan asertivo. Al diablo las jeringas, al diablo lo escondido, bienvenido el buen vino y el callejón con salida. El papel dice: te espero en la esquina, no tardes. Me tomo la última copa, lo hago con prisa. En la esquina está ella, es atractiva, busco en sus manos una jeringa.
Huele a jardín, no hay rastro de jeringas y hay condones en mi mochila, me toma de la mano y advierte con sus manos frías que está temerosa. Vamos por la avenida, sin decirnos palabras, sin nombres, sin ideas o conceptos, ningún rastro de ciudadanía.
—Aquí está bien. —me dice—
—Por mí no hay ningún problema. —Le digo—
El lugar es un bar suburbano, clandestino, que en su interior mesas, barras y alfombras reciben visitas. Recuerdo la vez que vine, me quede sorprendido, porque es un lugar donde las parejas tienen sexo sin percatarse de las miradas. Al entrar al lugar estaba un poco vacio, lo que me agrado mucho; sin embargo saludó a un hombre más adentro, que la recibió con un: ¿otra vez, María? María es su nombre, —esto lo escribo aturdido al otro día de lo sucedido, porque guardé mi diario a la salida del bar— El rincón fue mi destino, una larga alfombra gris rodeada por un manto rojo; podría decir, nuestro destino, pero ahora sé que no era su destino. Definitivamente era francesa, lo que me calmó, porque el periódico decía que la chica era gringa. El brandy estaba al clima y el lugar oscuro.
El sexo estuvo también al clima, el sudor de ella se mesclaba con el mío, una pareja sádica, por así decirlo, nos miró durante todo el acto, cuando percaté, éramos los únicos actores entre un teatro repleto. Literalmente era un teatro, al entrar era un oscuro sitio y al recordar la ocasión en la que entré por vez primera parecía un bar, un simple bar maldito.
Ahora y de improvisto se convertía en un puto teatro antiguo, un lugar con cientos de sillas, con aplausos, con bailarinas, un lugar de shows como los míos. Sucede que funciona como bar de lunes a viernes, pero ayer fue domingo, y los sábados y los domingos es un teatro donde parejas tienen relaciones sexuales delante de un montón de idiotas con su respectiva boleta de entrada —ahora se el porque a la luz naranja sobre nosotros y en medio de la lujuria. La francesa que ahora veía mejor, hermosa, sensual y desnuda y yo avergonzado, frente a la multitud, me hizo un gesto e hizo la venia al auditorio, no tuve más remedio que imitarla, para pasar por actor. Cuando corrieron las cortinas, vio mi cara llena de ira, la mujer se dio cuenta y antes de dejar que accionara cualquier grosería, saco un beso de su improvisada boca y callo mi furia.
Ibagué
2010
En fin, una dama extraña en un desagradable sitio. La miro a través del espejo, yo en la barra y ella atras en una mesa, de vez en cuando me mira. —Tengo que escribir esto en mi diario, de hecho todo lo escribo— Cruza su pierna, lo hace despacio, notó que la miro, un brandy más, este es el tercero. Al séptimo saca un papel y escribe; al octavo me mira y al decimo se retira. El papel queda en la mesa, lo veo, es para mí, lo presiento, pero tal vez no lo quiero. Por qué querría un papel maldito, producto del brandy, del bar maldito, del deseo y la necesidad. Quien viajaría al callejón de la esquina a ver una dama francesita que deseosa está de cumplir su osadía; ayer oí del peligro; en el periódico: una mujer con sida deambula por las calles con una jeringa. Maldita pervertida.
El vino tinto produce esta noche un éxtasis de viña, me dilata el misterio y absorbe mi paciencia; a la copa la alumbra una luz purpura, que bello color y el papel en la mesa tan claro, tan pasivo, tan meditoso, tan asertivo. Al diablo las jeringas, al diablo lo escondido, bienvenido el buen vino y el callejón con salida. El papel dice: te espero en la esquina, no tardes. Me tomo la última copa, lo hago con prisa. En la esquina está ella, es atractiva, busco en sus manos una jeringa.
Huele a jardín, no hay rastro de jeringas y hay condones en mi mochila, me toma de la mano y advierte con sus manos frías que está temerosa. Vamos por la avenida, sin decirnos palabras, sin nombres, sin ideas o conceptos, ningún rastro de ciudadanía.
—Aquí está bien. —me dice—
—Por mí no hay ningún problema. —Le digo—
El lugar es un bar suburbano, clandestino, que en su interior mesas, barras y alfombras reciben visitas. Recuerdo la vez que vine, me quede sorprendido, porque es un lugar donde las parejas tienen sexo sin percatarse de las miradas. Al entrar al lugar estaba un poco vacio, lo que me agrado mucho; sin embargo saludó a un hombre más adentro, que la recibió con un: ¿otra vez, María? María es su nombre, —esto lo escribo aturdido al otro día de lo sucedido, porque guardé mi diario a la salida del bar— El rincón fue mi destino, una larga alfombra gris rodeada por un manto rojo; podría decir, nuestro destino, pero ahora sé que no era su destino. Definitivamente era francesa, lo que me calmó, porque el periódico decía que la chica era gringa. El brandy estaba al clima y el lugar oscuro.
El sexo estuvo también al clima, el sudor de ella se mesclaba con el mío, una pareja sádica, por así decirlo, nos miró durante todo el acto, cuando percaté, éramos los únicos actores entre un teatro repleto. Literalmente era un teatro, al entrar era un oscuro sitio y al recordar la ocasión en la que entré por vez primera parecía un bar, un simple bar maldito.
Ahora y de improvisto se convertía en un puto teatro antiguo, un lugar con cientos de sillas, con aplausos, con bailarinas, un lugar de shows como los míos. Sucede que funciona como bar de lunes a viernes, pero ayer fue domingo, y los sábados y los domingos es un teatro donde parejas tienen relaciones sexuales delante de un montón de idiotas con su respectiva boleta de entrada —ahora se el porque a la luz naranja sobre nosotros y en medio de la lujuria. La francesa que ahora veía mejor, hermosa, sensual y desnuda y yo avergonzado, frente a la multitud, me hizo un gesto e hizo la venia al auditorio, no tuve más remedio que imitarla, para pasar por actor. Cuando corrieron las cortinas, vio mi cara llena de ira, la mujer se dio cuenta y antes de dejar que accionara cualquier grosería, saco un beso de su improvisada boca y callo mi furia.
Ibagué
2010
viernes, 25 de marzo de 2011
La Ciudad Invisible
Decidir en qué se está pensando, arribar de golpe a un falso muro de ironía y artificio, recorrer las calles congestionadas de individuos modernistas, creer tener el poder de elegir (sin propiedad de elección) al azar de la tendencia. Moda, maña, gusto, elección, yugo, marea alta, ciber-bruma, pos-creación. Abrir ventanas y encontrar pirómanos de malas fachas, consumir un par de empanadas de cotidianidad y un aderezo de absurdo picante (a veces tan picante que se llora). Abrir ventanas y seguir viendo ventanas. Ventanas y más ventanas de sorpresas ridículas que se esperan ver; de vez en cuando un fetiche moderno. Sin tren, sin autobús, sin taxi, una ciudad con conductos por donde se viaja de prisa. La nueva ciudad Gomorra, la capital de la globalización.
Después de la ciudad de la furia compra un boleto para la ciudad invisible y con una red podrás atrapar mascaras de colección. No se necesita visa ni ningún tipo de permiso, tan solo vender el cerebro. Adentro sentirás el concreto liviano tan adictivo como la heroína, todo será risa, todos serán Garricks, todos enmascarados apológicos de la mentira. Nada estará vacio, todo estará repleto de anuncios, todo será un solo mercado. Podrás conseguir un cuerpo que no metabolice y consuma en exceso, podrás tener un nuevo cerebro adaptado a una columna vertebral global y entonces pertenecerás al mercado mundial serás un estupendo gringo y valdrás una cifra exacta.
Se construyó una gran morada hecha de ladrillos e idiocia cuando la ciudad fue conocida en esta parte del mundo y pudo tener lo que quería, consiguió pareja debajo de un puente: Una muñequita de plástico sacada de una película a blanco y negro, labios rojos y ojos azules, fue la relación tan igual a las otras miles que había en aquella ciudad. Quiso luego recordar un momento real pero todo era difícil en su cerebro, un par de conversaciones almacenadas, un muro rayado, un par de fotografías distorsionadas y estilizadas con etiquetas fantasmas, un me gusta a cada momento, un comentario hecho insignia y media docena de aplicaciones machistas. Comprendió entonces que ya era tarde y que su vida se seguirá basando en breves acciones para oprimir botones.
Ella fue mas precisa, se consiguió una vida perfecta entre aquella ciudad: se vistió de imágenes y símbolos y conquistó ventanas con sus respectivos abismos, supo que era falsa y pudo soportarlo por un par de días, luego lo olvidó. Fue una más que se convirtió en pez payaso para nadar en la gran pecera. Consiguió las respectivas relaciones con sus respectivos pozos. Aniquiló su dignidad luego de elegir un par de entes putrefactos. Pero ahora ha cambiado: no le queda cerebro y se creó su propia dignidad, ha renovado un sinnúmero de veces su imagen y paga con lágrimas para poder leer un par de mensajes.
Somos los muertos resucitados quienes escribimos esto, pero las dudas quedan y las tentaciones se hacen fuertes; el plástico y la mentira es contagiosa. Se ha creado ya una propia filosofía para la ciudad invisible. Mis vértebras adoloridas se recuperan después de aquella desconexión. El enigma del futuro queda para las cabezas consientes y las cuestiones aumentan, ahora mismo las nubes son púrpura pero a los habitantes de la ciudad invisible no les importa, solo les importa aquella lesiva pregunta: ¿en qué estás pensando? Hay más respuestas para esta pregunta que hojas en los árboles y aunque la respuesta no importe en aquella ciudad y siga teniendo una cantidad enorme de seguidores, solo respondería que dentro de ella no se puede pensar, que la errada pregunta no tiene respuesta ahí adentro. Sin embargo de las letras en mí tazón de teclas solo se puede armar una frase: Ayer fue un día menos en el que la verdad será cada día más falsa.
Reconozco la salida porque a veces entro y salgo, soy otro más en proceso de rehabilitación, adicto al nuevo mundo, adicto al dolor incoloro e invisible que carcome en progreso. Ahora si estoy pensando. Ahora todo me gusta y no lo tengo que decir para que la naturaleza lo sienta. Ahora todo es real y la mentira es menos nociva, la verdad un poco menos curva y mis sentidos un poco menos dependientes.
Ibagué
22/01/11
Después de la ciudad de la furia compra un boleto para la ciudad invisible y con una red podrás atrapar mascaras de colección. No se necesita visa ni ningún tipo de permiso, tan solo vender el cerebro. Adentro sentirás el concreto liviano tan adictivo como la heroína, todo será risa, todos serán Garricks, todos enmascarados apológicos de la mentira. Nada estará vacio, todo estará repleto de anuncios, todo será un solo mercado. Podrás conseguir un cuerpo que no metabolice y consuma en exceso, podrás tener un nuevo cerebro adaptado a una columna vertebral global y entonces pertenecerás al mercado mundial serás un estupendo gringo y valdrás una cifra exacta.
Se construyó una gran morada hecha de ladrillos e idiocia cuando la ciudad fue conocida en esta parte del mundo y pudo tener lo que quería, consiguió pareja debajo de un puente: Una muñequita de plástico sacada de una película a blanco y negro, labios rojos y ojos azules, fue la relación tan igual a las otras miles que había en aquella ciudad. Quiso luego recordar un momento real pero todo era difícil en su cerebro, un par de conversaciones almacenadas, un muro rayado, un par de fotografías distorsionadas y estilizadas con etiquetas fantasmas, un me gusta a cada momento, un comentario hecho insignia y media docena de aplicaciones machistas. Comprendió entonces que ya era tarde y que su vida se seguirá basando en breves acciones para oprimir botones.
Ella fue mas precisa, se consiguió una vida perfecta entre aquella ciudad: se vistió de imágenes y símbolos y conquistó ventanas con sus respectivos abismos, supo que era falsa y pudo soportarlo por un par de días, luego lo olvidó. Fue una más que se convirtió en pez payaso para nadar en la gran pecera. Consiguió las respectivas relaciones con sus respectivos pozos. Aniquiló su dignidad luego de elegir un par de entes putrefactos. Pero ahora ha cambiado: no le queda cerebro y se creó su propia dignidad, ha renovado un sinnúmero de veces su imagen y paga con lágrimas para poder leer un par de mensajes.
Somos los muertos resucitados quienes escribimos esto, pero las dudas quedan y las tentaciones se hacen fuertes; el plástico y la mentira es contagiosa. Se ha creado ya una propia filosofía para la ciudad invisible. Mis vértebras adoloridas se recuperan después de aquella desconexión. El enigma del futuro queda para las cabezas consientes y las cuestiones aumentan, ahora mismo las nubes son púrpura pero a los habitantes de la ciudad invisible no les importa, solo les importa aquella lesiva pregunta: ¿en qué estás pensando? Hay más respuestas para esta pregunta que hojas en los árboles y aunque la respuesta no importe en aquella ciudad y siga teniendo una cantidad enorme de seguidores, solo respondería que dentro de ella no se puede pensar, que la errada pregunta no tiene respuesta ahí adentro. Sin embargo de las letras en mí tazón de teclas solo se puede armar una frase: Ayer fue un día menos en el que la verdad será cada día más falsa.
Reconozco la salida porque a veces entro y salgo, soy otro más en proceso de rehabilitación, adicto al nuevo mundo, adicto al dolor incoloro e invisible que carcome en progreso. Ahora si estoy pensando. Ahora todo me gusta y no lo tengo que decir para que la naturaleza lo sienta. Ahora todo es real y la mentira es menos nociva, la verdad un poco menos curva y mis sentidos un poco menos dependientes.
Ibagué
22/01/11
Nariz
En ese juego de narices,
Acepto que me ganaste,
Que tumbaste todas mis armas.
Así me dejaste, desarmado
Y admirando tu nariz de payaso.
No porque seas payaso, y si lo fueras
Oh dicha. Solo porque pareces, me ganas,
Me venzo, me aflijo, admiro.
Entonces, nariz de payaso
Sin vocación más que la gracia
De una imagen discreta.
Y si vieras como te queda ese rojo,
Ese centro de rostro rojo
Que altera el orden de la cara
Y disimula con sonrisas.
Que más da,
Sonrisa, ojos, boca
Nariz roja. Cerveza como pretexto
Y lo propio de la realidad.
En ese juego de narices,
Acepto que me ganaste,
Que tumbaste todas mis armas.
Así me dejaste, desarmado
Y admirando tu nariz de payaso.
No porque seas payaso, y si lo fueras
Oh dicha. Solo porque pareces, me ganas,
Me venzo, me aflijo, admiro.
Entonces, nariz de payaso
Sin vocación más que la gracia
De una imagen discreta.
Y si vieras como te queda ese rojo,
Ese centro de rostro rojo
Que altera el orden de la cara
Y disimula con sonrisas.
Que más da,
Sonrisa, ojos, boca
Nariz roja. Cerveza como pretexto
Y lo propio de la realidad.
lunes, 21 de marzo de 2011
MILICIA NECESIDAD
Me trago el fuego mordisco a mordisco
Me indigesto pero a la vez lo quiero
Quiero llenarme de eso que llaman calidad.
¿Qué es la calidad? Cómo puedo dibujarlo
Con mis dedos en el aire. Cómo ensortijo tristezas
Y aparezco de repente en la historia;
El fuego es calidad y una gran explosión Es la riqueza,
Joyas preciosas hechas de cualquier elemento
Expansión, desacuerdo, izquierda o derecha, economía o política
Me trago el viento mordisco a mordisco
Soy un avión bombardero o quizá un gas letal
Soy un instrumento metálico revuelto con carne y hueso
Y me indigesto de nuevo y lo sigo queriendo
La calidad de nuevo, respuesta de nuevo, sortijas de tristezas
Y traumas en los pueblos, la historia barata
Se compra en cualquier mercado negro del error.
El viento es calidad, oxigeno puro, hecho de cianuro.
Me trago el agua sorbo a sorbo
Sin sed sigo bebiendo, busco el sabor preciso
Toque propio del genocidio
Soy un torpedo militar hecho de rencor y de metal
Surco las mismas tristezas en las aguas del pueblo
Queriendo aparecer en la historia
Como el que pario para el mundo
Un hijo propio del capitalismo
El agua es calidad, licor fino hecho del error, de los celos
Fermentado con la sangre de los súbditos.
Me indigesto pero a la vez lo quiero
Quiero llenarme de eso que llaman calidad.
¿Qué es la calidad? Cómo puedo dibujarlo
Con mis dedos en el aire. Cómo ensortijo tristezas
Y aparezco de repente en la historia;
El fuego es calidad y una gran explosión Es la riqueza,
Joyas preciosas hechas de cualquier elemento
Expansión, desacuerdo, izquierda o derecha, economía o política
Me trago el viento mordisco a mordisco
Soy un avión bombardero o quizá un gas letal
Soy un instrumento metálico revuelto con carne y hueso
Y me indigesto de nuevo y lo sigo queriendo
La calidad de nuevo, respuesta de nuevo, sortijas de tristezas
Y traumas en los pueblos, la historia barata
Se compra en cualquier mercado negro del error.
El viento es calidad, oxigeno puro, hecho de cianuro.
Me trago el agua sorbo a sorbo
Sin sed sigo bebiendo, busco el sabor preciso
Toque propio del genocidio
Soy un torpedo militar hecho de rencor y de metal
Surco las mismas tristezas en las aguas del pueblo
Queriendo aparecer en la historia
Como el que pario para el mundo
Un hijo propio del capitalismo
El agua es calidad, licor fino hecho del error, de los celos
Fermentado con la sangre de los súbditos.
Conjetura
Lo irreversible, a veces tosco y público, pero siempre desigual,
Sin sentido, ameno. Cuantas cosas me podré aplicar.
De nuevo, porque si no lo digo
Me ahogo o me ahogan.
Saturados hasta el misterio, hasta el hastío
Y llenas esa mirada de culpa, de migas.
Te me enfocas con tu plan visual, revolcando mi cerebro
Estrellándome lo verde de esos ojos.
A veces porque así es el destino, a veces porque quieres dar.
Desenfócame que nada pasará más que el sabor del absurdo
Hecho costumbre, después doctrina.
Quítame del pellejo tu olor de ceremonia,
Abriré una zanja en este puño que palpita en mi pecho
Romperé la cara de quien quiera recibirme.
Porque así funciona esta esquina de la vida
Esta supra-embustera fantasía que llaman amor
Que a la brava me enseñaste.
Así funciona todo lo malo del todo que te gusta
Vaciando la energía de sujetos
Compilando los aromas del café
Para producir recuerdos.
Todo mañana para reconocer lo irreversible,
Ese futuro áspero que arrugo como billete y guardo en mi bolsillo.
Tosco como mi Jean, público como mi perfil de facebook.
Y siempre tan desigual que se quiebra en mi existencia conjetural.
Sin sentido porque lo reconozco, a cada bocado de sal de clímax,
Reconozco esta pobreza, esta falta de vocación original.
Sin ser ameno, ahora que no me complacen las perdidas.
Sin sentido, ameno. Cuantas cosas me podré aplicar.
De nuevo, porque si no lo digo
Me ahogo o me ahogan.
Saturados hasta el misterio, hasta el hastío
Y llenas esa mirada de culpa, de migas.
Te me enfocas con tu plan visual, revolcando mi cerebro
Estrellándome lo verde de esos ojos.
A veces porque así es el destino, a veces porque quieres dar.
Desenfócame que nada pasará más que el sabor del absurdo
Hecho costumbre, después doctrina.
Quítame del pellejo tu olor de ceremonia,
Abriré una zanja en este puño que palpita en mi pecho
Romperé la cara de quien quiera recibirme.
Porque así funciona esta esquina de la vida
Esta supra-embustera fantasía que llaman amor
Que a la brava me enseñaste.
Así funciona todo lo malo del todo que te gusta
Vaciando la energía de sujetos
Compilando los aromas del café
Para producir recuerdos.
Todo mañana para reconocer lo irreversible,
Ese futuro áspero que arrugo como billete y guardo en mi bolsillo.
Tosco como mi Jean, público como mi perfil de facebook.
Y siempre tan desigual que se quiebra en mi existencia conjetural.
Sin sentido porque lo reconozco, a cada bocado de sal de clímax,
Reconozco esta pobreza, esta falta de vocación original.
Sin ser ameno, ahora que no me complacen las perdidas.
jueves, 10 de marzo de 2011
Capitulo 8 Rayuela
8
Íbamos por las tardes a ver los peces del Quai de la Mégisserie, en marzo del
mes leopardo, el agazapado pero ya con un sol amarillo donde el rojo entraba un
poco más cada día. Desde la acera que daba al río, indiferentes a los bouquinistes
que nada iban a darnos sin dinero, esperábamos el momento en que veríamos las
peceras (andábamos despacio, demorando el encuentro), todas las peceras al sol,
y como suspendidos en el aire cientos de peces rosa y negro, pájaros quietos en
su aire redondo. Una alegría absurda nos tomaba de la cintura, y vos cantabas
arrastrándome a cruzar la calle, a entrar en el mundo de los peces colgados del
aire.
Sacan las peceras, los grandes bocales a la calle, y entre turistas y niños
ansiosos y señoras que coleccionan variedades exóticas (550 fr. pièce) están las
peceras bajo el sol con sus cubos, sus esferas de agua que el sol mezcla con el
aire, y los pájaros rosa y negro giran danzando dulcemente en una pequeña
porción de aire, lentos pájaros fríos. Los mirábamos, jugando a acercar los ojos al
vidrio, pegando la nariz, encolerizando a las viejas vendedoras armadas de redes
de cazar mariposas acuáticas, y comprendíamos cada vez peor lo que es un pez,
por ese camino de no comprender nos íbamos acercando a ellos que no se
comprenden, franqueábamos las peceras y estábamos tan cerca como nuestra
amiga, la vendedora de la segunda tienda viniendo del Pont-Neuf, que te dijo:
«El agua fría los mata, es triste el agua fría...» Y yo pensaba en la mucama del
hotel que me daba consejos sobre un helecho: «No lo riegue, ponga un plato con
agua debajo de la maceta, entonces cuando él quiere beber, bebe, y cuando no
quiere no bebe...» Y pensábamos en esa cosa increíble que habíamos leído, que
un pez solo en su pecera se entristece y entonces basta ponerle un espejo y el pez
vuelve a estar contento...
Entrábamos en las tiendas donde las variedades más delicadas tenían peceras
especiales con termómetro y gusanitos rojos. Descubríamos entre exclamaciones
que enfurecían a las vendedoras —tan seguras de que no les compraríamos nada
a 550 fr. pièce— los comportamientos, los amores, las formas. Era el tiempo
delicuescente, algo como chocolate muy fino o pasta de naranja martiniquesa, en
que nos emborrachábamos de metáforas y analogías, buscando siempre entrar. Y
ese pez era perfectamente Giotto, te acordás, y esos dos jugaban como perros de
jade, o un pez era la exacta sombra de una nube violeta... Descubríamos cómo la
8
31
vida se instala en formas privadas de tercera dimensión, que desaparecen si se
ponen de filo o dejan apenas una rayita rosada inmóvil vertical en el agua. Un
golpe de aleta y monstruosamente está de nuevo ahí con ojos bigotes aletas y del
vientre a veces saliéndole y flotando una transparente cinta de excremento que
no acaba de soltarse, un lastre que de golpe los pone entre nosotros, los arranca a
su perfección de imágenes puras, los compromete, por decirlo con una de las
grandes palabras que tanto empleábamos por ahí y en esos días.
Íbamos por las tardes a ver los peces del Quai de la Mégisserie, en marzo del
mes leopardo, el agazapado pero ya con un sol amarillo donde el rojo entraba un
poco más cada día. Desde la acera que daba al río, indiferentes a los bouquinistes
que nada iban a darnos sin dinero, esperábamos el momento en que veríamos las
peceras (andábamos despacio, demorando el encuentro), todas las peceras al sol,
y como suspendidos en el aire cientos de peces rosa y negro, pájaros quietos en
su aire redondo. Una alegría absurda nos tomaba de la cintura, y vos cantabas
arrastrándome a cruzar la calle, a entrar en el mundo de los peces colgados del
aire.
Sacan las peceras, los grandes bocales a la calle, y entre turistas y niños
ansiosos y señoras que coleccionan variedades exóticas (550 fr. pièce) están las
peceras bajo el sol con sus cubos, sus esferas de agua que el sol mezcla con el
aire, y los pájaros rosa y negro giran danzando dulcemente en una pequeña
porción de aire, lentos pájaros fríos. Los mirábamos, jugando a acercar los ojos al
vidrio, pegando la nariz, encolerizando a las viejas vendedoras armadas de redes
de cazar mariposas acuáticas, y comprendíamos cada vez peor lo que es un pez,
por ese camino de no comprender nos íbamos acercando a ellos que no se
comprenden, franqueábamos las peceras y estábamos tan cerca como nuestra
amiga, la vendedora de la segunda tienda viniendo del Pont-Neuf, que te dijo:
«El agua fría los mata, es triste el agua fría...» Y yo pensaba en la mucama del
hotel que me daba consejos sobre un helecho: «No lo riegue, ponga un plato con
agua debajo de la maceta, entonces cuando él quiere beber, bebe, y cuando no
quiere no bebe...» Y pensábamos en esa cosa increíble que habíamos leído, que
un pez solo en su pecera se entristece y entonces basta ponerle un espejo y el pez
vuelve a estar contento...
Entrábamos en las tiendas donde las variedades más delicadas tenían peceras
especiales con termómetro y gusanitos rojos. Descubríamos entre exclamaciones
que enfurecían a las vendedoras —tan seguras de que no les compraríamos nada
a 550 fr. pièce— los comportamientos, los amores, las formas. Era el tiempo
delicuescente, algo como chocolate muy fino o pasta de naranja martiniquesa, en
que nos emborrachábamos de metáforas y analogías, buscando siempre entrar. Y
ese pez era perfectamente Giotto, te acordás, y esos dos jugaban como perros de
jade, o un pez era la exacta sombra de una nube violeta... Descubríamos cómo la
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vida se instala en formas privadas de tercera dimensión, que desaparecen si se
ponen de filo o dejan apenas una rayita rosada inmóvil vertical en el agua. Un
golpe de aleta y monstruosamente está de nuevo ahí con ojos bigotes aletas y del
vientre a veces saliéndole y flotando una transparente cinta de excremento que
no acaba de soltarse, un lastre que de golpe los pone entre nosotros, los arranca a
su perfección de imágenes puras, los compromete, por decirlo con una de las
grandes palabras que tanto empleábamos por ahí y en esos días.
miércoles, 9 de marzo de 2011
rElatero
LOS CIEGOS
Ciegos somos todos
que confundimos la escopeta
con el dedo que gatilla.
Es una mala noche, es un mal interrogatorio, ellos no le dan entrevistas a nadie, porque aunque nadie se las pide, ellos no las darían; por eso y porque la angustia crece será una mala noche, una mala madrugada y quizá un nuevo mal día. Pretende calmar su ansiedad con un cigarrillo. Él es un obeso reportero de gabán y sombrero, bigote, poco cabello bla bla bla… Es un reportero y eso es lo importante, pretende entrevistar a los ciegos. Los ciegos son tres individuos grises y ridículos que tan solo saben hablar, tan solo huelen la tención que a su lado se teje cada vez que salen a la calle. No tienen rostro, no tienen nombre, ya no tienen fuerzas ni armas.
Estos tres hombres nacieron en el padma prístina de la odiosa calle, son la novedad para los medios de comunicación, pero para los demás grises y desubicados habitantes que le hicieron guerra son tan viles como el mismísimo demonio (error de creación, odio seco). Así surgieron los ciegos en su error de creación, victimas de su cerebro, de su hambre, de su sed, pero más aun victimas de su, nuestra, vuestra, tu (todos) estupidez. ¿Mala o buena? (primer interrogante) neutral podría decirse, pero no se dice porque no se quiere entender, porque si lo preguntaran alguien contestaría: ridículo. Ganso lo preguntaba al azar. Obviamente al azar del frio de la calle 26 donde aguardaban a los muchachos del colegio para caerles con sus navajas y robarlos de buena gana. De buena gana porque caen como cae un pájaro hambriento contra su presa diciendo al oído frases fuertes hechas revolver o navaja: ¡por favor despójese de sus pertenencias! Y es que simplemente el arma habla sola cuando la boca de fuego helada toca la piel (mal tacto) o el metal impuro con un filo agudo cae como pico de águila al cuello diciendo: ¡esto es un asalto! —El ganso y sus ridículas preguntas— Era la respuesta correcta.
— ¿Qué preguntaba el ganso?
No hay signos de respuesta en los ciegos, para ellos es difícil recordar esos momentos y recordarlo a él. Siguiendo con el loto blanco de donde nacieron los ciegos, la historia muestra una fuente muy marginada: hambre, peste y muerte. Pobreza podría decirse, pero no se dice porque la pobreza no se combate (se lucha contra los pobres) porque según la historia no hay cosa mas fuerte que la pobreza (incluso para dios. Error de análisis, dios es ciego) Los ciegos nunca supieron responder a nada, la maestra de segundo grado pregunto una vez al Teo —¿Usted es estúpido? (mala pregunta) y diez años después obtuvo una mala respuesta, lógica y algo estúpida también, pero profunda como la puñalada. Fue una de esas pequeñísimas preguntas que desde que se formulan tienen respuesta u ofrecen todas las respuestas posibles, como por ejemplo la pregunta: ¿hoy es martes? En ella hay algo de certeza y 6 respuestas más.
Esa noche fue martes y el Ganso no tuvo que preguntar más, la charla cambio cuando los muchachos del colegio salieron. Parecían ganado arriado por el sabor de la libertad. Cuando el portón se abrió el Loco se frotó las manos y sus ojos se despojaron de la espera, salió el lobo cerdoso que en él habitaba y apretó con fuerza su revolver. Los tres suspiraban paz antes de la guerra y un poquito antes de elegir la victima. Siendo lo que fueron, los ciegos eran eso, un poco más que simples ratas de barrio y un poco menos que ciudadanos, (lastima por los hombres que no pueden ser por completo alguna de las dos cosas y peor aun la puñada de individuos que no saben si son poco o más de cada cosa. Como Don Jorge Enrique, que supo lo que debía ser y lo fue y cuando lo fue supo que no era eso lo que debía ser.) Pero esa noche nadie iba a ser lo que debía ser y tampoco seguirían siendo lo que no eran de verdad. Entonces no eran nada, entonces todo era impuro, sin forma, sin fuego, entonces morir para seguir viviendo y vivir para seguir muriendo. Absurdo y predilecto.
Tomasito era un muchachito bien educado, inteligente y elocuente (la mejor parte de la elocuencia) dedicado a su estudio y criado con los mejores principios de un hombre correcto. El joven Tomás esa noche fue la victima, se abalanzó sobre él la infinita muerte nocturna. Producto del destierro de aquella alma fue la navaja del Teo, su potente y puntiagudo artefacto lo llevo de golpe al vacio esotérico de la muerte. Pobre don Jorge Enrique, pobre doña Beatriz, se les fue la luz de sus ojos, ahora sus vidas no tienen sentido (el fin como perdida de un hijo: error en el objeto) pobre el colegio que perdió su mejor estudiante, pobre el barrio que perdió uno de sus mejores vecinos (pobre el pobre en su absurdez humana). Pobre y contagiosa fue la perdida. El frio del acero fue tremendamente maligno, dejó a Tomasito sin signos de vida. Dos calles más adelante del colegio ocurrió el suceso, la cara del pobre era de muerto, sus ojos despedían lágrimas y gemía adolorido. El Teo es todo un profesional con esa navaja, la mete y la saca con sigilo; y el premio, la materia gris por la que se quitó una vida fue cinco mil pesos y una pulsera de plata.
De a mil pesos para cada uno y mil que sobraron de los cinco mil para un bareto comunitario, la pulsera fue vendida en diez mil más por lo que cada uno se llevo tres mil quinientos. Pero el loto despedía más vidas porque Tomasito no fue la única victima, a continuación la niña lucerito del mismo colegio, violada por cuatro pervertidos ¿pervertidos? ¿En serio? No, se diría criminales, se diría gente con comportamientos sicopáticos. Aunque se diga como se diga fueron más las victimas, el revolver del loco probó finura como él mismo lo dijo, tres finuras para ser exactos, todos gente buena, todos estudiantes, todos humanos. Bueno, el ganso también hizo que su navaja probara finura, dos finuras para ser exactos, todos humanos, todos habitantes, todos en el cuello. Y entonces fue el tiempo del terror en las calles y hubo que calmar la angustia con un poco de té vengativo. Y la gente no soportó, no era la época de los descorazonados, los buenos también sufren, los buenos también cargan odio, callan y luchan, callan y se preparan (error de hecho. Sin sustento).
Don Jorge Enrique es un policía pensionado de cincuenta y dos años, tan capaz como fuerte, que no teme conseguir lo que quiere, sin embargo hasta ese día no quería conseguir nada, hasta el día en el que supo quienes fueron los que mataron a su hijo. En una de esas noches de tejo y cerveza en las canchas de don Víctor supo cuatro nombres y recordó cuatro rostros desechables. Basura, para él ya no eran rostros para él eran objetivos, como un polígono de ojos, nariz y boca. Don Víctor también es de decisiones serias, Víctor escopeta, Víctor todo un buen vecino. Y fue entonces tiempo de siglas, de vigilancias. —Es hora de auto-defendernos (y luego esas Auto-defensas crecieron y se Unieron y todo aquí en Colombia). Todo fue carnaval de resentimiento tan colorido azulado.
—Rigo sílbele al Teo. To’bien.
—No’se man dio que caia orita.
—toes pillamos ahora.
Eran las diez y veinte de la noche y el ganso (colega de Rigoberto, de Teo y del loco) esperaba la próxima victima, en medio del efecto del pegante bóxer trataba de encontrar un rostro especial para poder caerle. Una camioneta blanca frenó frente a él, se bajaron dos tipos con pasa montañas y armas, y lo obligaron a entrar a la camioneta. Ganso pudo llorar adentro, fue un prematuro encuentro con la venganza. Las suplicas eran consumibles quizá en un centro de apuestas. Y de pronto así como de la nada la pregunta que nunca pensó preguntar el ganso, y todos rieron a carcajadas, todos entre la camioneta, todos risa, todos miedo, todos crimen.
— ¿Qué pregunto el ganso? Los ciegos nunca lo supieron, don Víctor, don Jorge, don Gustavo y el joven Clemente sí lo supieron y les produjo mucha risa. Tiro certero en la frente para callar al ganso. Ganso preguntas ridículas. El cadáver fue dejado en un pastal cerca al cementerio. Al día siguiente todo fue noticia, el clima, el muerto, el grupo de vigilantes y el dólar; todo fue un solo comentario, mejoras en la seguridad del barrio, pero faltaban sus parceros. En el entierro del ganso, Rigo borracho lloró de miedo, el loco lo consoló decidido a vengar la muerte de su parcero y el Teo solo pudo callar. El Teo descifró la advertencia de inmediato, pero el miedo le menguo, decidieron vengar la muerte del ganso. Teo venganza. Y los tres individuos que quieren vengarse de una venganza (error en la denominación, odio casual). Vengarse de la venganza se llaman las peleas diplomáticas, sin consideraciones o derechos humanos, solo misiles patrióticos y discursos ametralladores. De vez en cuando crece una espiga humanitaria que se marchita por la esterilidad de las denominaciones: este es un activista, este un revolucionario, este es un solucionador de contrabando y este un puto destructor de la paz capitalista. Patrañas, ¿paz capitalista? mejor nadar en cianuro (quizá sea mas benéfico) y la libertad ¡otra patraña! Solo hay libertad para meter la cabeza en un agujero y dejar que la competitividad de los cerdos nos arranque la piel.
A don Gustavo le costo mucho trabajo ese muerto, ese ganso disque persona; y no les permitieron matar a más gente por un tiempo, pero el té de la venganza estaba aun caliente y debía ser consumido (el té de la venganza frio es igual de feo) Por eso hubo que casarlos pero no matarlos, distinguirlos. Por eso los aguardaron en el caño donde se trababan los tres y otros cuantos. Ese día todos los cinco llegaron temprano, se trabaron y luego discutieron, casi de puñal. Los dos individuos sabían que estaban calientes y que a cualquier momento quebraban a otro.
—Abrámonos ya —dijo payaso— pero los tres iban a vengar al ganso y debían esperar cualquier señal para actuar.
—Vamos a vengar al ganso, ¿se quedan? —Dijo el loco¬—
—No loco parcero, esos manes tiene la de armas y la tomba comprada, sí pilla. Ahí no hay nada que hacerle.
—Saben que, ¡ábranse faltones!
Fueron las doce de la noche y no hubo movimiento en la zona, decidieron marcharse y esperar al día siguiente. Caminando hacia el caño escucharon el sonido de un automóvil a gran velocidad y huyeron alarmados por entre los matorrales de la orilla del caño. Al cruzar al otro lado fueron sorprendidos por los tipos de pasamontañas, quienes los golpearon y subieron en el carro. A los tres les pareció que atravesaron toda la ciudad, o del miedo se les hizo eterno el viaje; ¿miedo a morir? Segundo interrogante. Se saboreaban el momento de los tiros; tres tiros para ser exactos. La adrenalina podría saltar de ese vehículo y si fuera agua inundar toda la ciudad. Llegaron al terreno despoblado y el joven Clemente pronuncio un discurso conmovedor (casi que de película): Esta es la última vez que verán la ciudad y véanla bien, porque en el infierno no hay todo esto ¡ratas! Los ciegos estaban de espaldas a la ciudad entera llena de luces, vista desde un abismo. A lo lejos. Pero nadie se atrevió a girar y verla por última vez. —Espere, no los mate —dijo don Gustavo— la policía puso problemas por el muerto.
—Entonces qué hacemos.
—Dejémoslos ciegos. Y que hablen para ahí si callarlos.
Por: Fermizo Guerrero
Ciegos somos todos
que confundimos la escopeta
con el dedo que gatilla.
Es una mala noche, es un mal interrogatorio, ellos no le dan entrevistas a nadie, porque aunque nadie se las pide, ellos no las darían; por eso y porque la angustia crece será una mala noche, una mala madrugada y quizá un nuevo mal día. Pretende calmar su ansiedad con un cigarrillo. Él es un obeso reportero de gabán y sombrero, bigote, poco cabello bla bla bla… Es un reportero y eso es lo importante, pretende entrevistar a los ciegos. Los ciegos son tres individuos grises y ridículos que tan solo saben hablar, tan solo huelen la tención que a su lado se teje cada vez que salen a la calle. No tienen rostro, no tienen nombre, ya no tienen fuerzas ni armas.
Estos tres hombres nacieron en el padma prístina de la odiosa calle, son la novedad para los medios de comunicación, pero para los demás grises y desubicados habitantes que le hicieron guerra son tan viles como el mismísimo demonio (error de creación, odio seco). Así surgieron los ciegos en su error de creación, victimas de su cerebro, de su hambre, de su sed, pero más aun victimas de su, nuestra, vuestra, tu (todos) estupidez. ¿Mala o buena? (primer interrogante) neutral podría decirse, pero no se dice porque no se quiere entender, porque si lo preguntaran alguien contestaría: ridículo. Ganso lo preguntaba al azar. Obviamente al azar del frio de la calle 26 donde aguardaban a los muchachos del colegio para caerles con sus navajas y robarlos de buena gana. De buena gana porque caen como cae un pájaro hambriento contra su presa diciendo al oído frases fuertes hechas revolver o navaja: ¡por favor despójese de sus pertenencias! Y es que simplemente el arma habla sola cuando la boca de fuego helada toca la piel (mal tacto) o el metal impuro con un filo agudo cae como pico de águila al cuello diciendo: ¡esto es un asalto! —El ganso y sus ridículas preguntas— Era la respuesta correcta.
— ¿Qué preguntaba el ganso?
No hay signos de respuesta en los ciegos, para ellos es difícil recordar esos momentos y recordarlo a él. Siguiendo con el loto blanco de donde nacieron los ciegos, la historia muestra una fuente muy marginada: hambre, peste y muerte. Pobreza podría decirse, pero no se dice porque la pobreza no se combate (se lucha contra los pobres) porque según la historia no hay cosa mas fuerte que la pobreza (incluso para dios. Error de análisis, dios es ciego) Los ciegos nunca supieron responder a nada, la maestra de segundo grado pregunto una vez al Teo —¿Usted es estúpido? (mala pregunta) y diez años después obtuvo una mala respuesta, lógica y algo estúpida también, pero profunda como la puñalada. Fue una de esas pequeñísimas preguntas que desde que se formulan tienen respuesta u ofrecen todas las respuestas posibles, como por ejemplo la pregunta: ¿hoy es martes? En ella hay algo de certeza y 6 respuestas más.
Esa noche fue martes y el Ganso no tuvo que preguntar más, la charla cambio cuando los muchachos del colegio salieron. Parecían ganado arriado por el sabor de la libertad. Cuando el portón se abrió el Loco se frotó las manos y sus ojos se despojaron de la espera, salió el lobo cerdoso que en él habitaba y apretó con fuerza su revolver. Los tres suspiraban paz antes de la guerra y un poquito antes de elegir la victima. Siendo lo que fueron, los ciegos eran eso, un poco más que simples ratas de barrio y un poco menos que ciudadanos, (lastima por los hombres que no pueden ser por completo alguna de las dos cosas y peor aun la puñada de individuos que no saben si son poco o más de cada cosa. Como Don Jorge Enrique, que supo lo que debía ser y lo fue y cuando lo fue supo que no era eso lo que debía ser.) Pero esa noche nadie iba a ser lo que debía ser y tampoco seguirían siendo lo que no eran de verdad. Entonces no eran nada, entonces todo era impuro, sin forma, sin fuego, entonces morir para seguir viviendo y vivir para seguir muriendo. Absurdo y predilecto.
Tomasito era un muchachito bien educado, inteligente y elocuente (la mejor parte de la elocuencia) dedicado a su estudio y criado con los mejores principios de un hombre correcto. El joven Tomás esa noche fue la victima, se abalanzó sobre él la infinita muerte nocturna. Producto del destierro de aquella alma fue la navaja del Teo, su potente y puntiagudo artefacto lo llevo de golpe al vacio esotérico de la muerte. Pobre don Jorge Enrique, pobre doña Beatriz, se les fue la luz de sus ojos, ahora sus vidas no tienen sentido (el fin como perdida de un hijo: error en el objeto) pobre el colegio que perdió su mejor estudiante, pobre el barrio que perdió uno de sus mejores vecinos (pobre el pobre en su absurdez humana). Pobre y contagiosa fue la perdida. El frio del acero fue tremendamente maligno, dejó a Tomasito sin signos de vida. Dos calles más adelante del colegio ocurrió el suceso, la cara del pobre era de muerto, sus ojos despedían lágrimas y gemía adolorido. El Teo es todo un profesional con esa navaja, la mete y la saca con sigilo; y el premio, la materia gris por la que se quitó una vida fue cinco mil pesos y una pulsera de plata.
De a mil pesos para cada uno y mil que sobraron de los cinco mil para un bareto comunitario, la pulsera fue vendida en diez mil más por lo que cada uno se llevo tres mil quinientos. Pero el loto despedía más vidas porque Tomasito no fue la única victima, a continuación la niña lucerito del mismo colegio, violada por cuatro pervertidos ¿pervertidos? ¿En serio? No, se diría criminales, se diría gente con comportamientos sicopáticos. Aunque se diga como se diga fueron más las victimas, el revolver del loco probó finura como él mismo lo dijo, tres finuras para ser exactos, todos gente buena, todos estudiantes, todos humanos. Bueno, el ganso también hizo que su navaja probara finura, dos finuras para ser exactos, todos humanos, todos habitantes, todos en el cuello. Y entonces fue el tiempo del terror en las calles y hubo que calmar la angustia con un poco de té vengativo. Y la gente no soportó, no era la época de los descorazonados, los buenos también sufren, los buenos también cargan odio, callan y luchan, callan y se preparan (error de hecho. Sin sustento).
Don Jorge Enrique es un policía pensionado de cincuenta y dos años, tan capaz como fuerte, que no teme conseguir lo que quiere, sin embargo hasta ese día no quería conseguir nada, hasta el día en el que supo quienes fueron los que mataron a su hijo. En una de esas noches de tejo y cerveza en las canchas de don Víctor supo cuatro nombres y recordó cuatro rostros desechables. Basura, para él ya no eran rostros para él eran objetivos, como un polígono de ojos, nariz y boca. Don Víctor también es de decisiones serias, Víctor escopeta, Víctor todo un buen vecino. Y fue entonces tiempo de siglas, de vigilancias. —Es hora de auto-defendernos (y luego esas Auto-defensas crecieron y se Unieron y todo aquí en Colombia). Todo fue carnaval de resentimiento tan colorido azulado.
—Rigo sílbele al Teo. To’bien.
—No’se man dio que caia orita.
—toes pillamos ahora.
Eran las diez y veinte de la noche y el ganso (colega de Rigoberto, de Teo y del loco) esperaba la próxima victima, en medio del efecto del pegante bóxer trataba de encontrar un rostro especial para poder caerle. Una camioneta blanca frenó frente a él, se bajaron dos tipos con pasa montañas y armas, y lo obligaron a entrar a la camioneta. Ganso pudo llorar adentro, fue un prematuro encuentro con la venganza. Las suplicas eran consumibles quizá en un centro de apuestas. Y de pronto así como de la nada la pregunta que nunca pensó preguntar el ganso, y todos rieron a carcajadas, todos entre la camioneta, todos risa, todos miedo, todos crimen.
— ¿Qué pregunto el ganso? Los ciegos nunca lo supieron, don Víctor, don Jorge, don Gustavo y el joven Clemente sí lo supieron y les produjo mucha risa. Tiro certero en la frente para callar al ganso. Ganso preguntas ridículas. El cadáver fue dejado en un pastal cerca al cementerio. Al día siguiente todo fue noticia, el clima, el muerto, el grupo de vigilantes y el dólar; todo fue un solo comentario, mejoras en la seguridad del barrio, pero faltaban sus parceros. En el entierro del ganso, Rigo borracho lloró de miedo, el loco lo consoló decidido a vengar la muerte de su parcero y el Teo solo pudo callar. El Teo descifró la advertencia de inmediato, pero el miedo le menguo, decidieron vengar la muerte del ganso. Teo venganza. Y los tres individuos que quieren vengarse de una venganza (error en la denominación, odio casual). Vengarse de la venganza se llaman las peleas diplomáticas, sin consideraciones o derechos humanos, solo misiles patrióticos y discursos ametralladores. De vez en cuando crece una espiga humanitaria que se marchita por la esterilidad de las denominaciones: este es un activista, este un revolucionario, este es un solucionador de contrabando y este un puto destructor de la paz capitalista. Patrañas, ¿paz capitalista? mejor nadar en cianuro (quizá sea mas benéfico) y la libertad ¡otra patraña! Solo hay libertad para meter la cabeza en un agujero y dejar que la competitividad de los cerdos nos arranque la piel.
A don Gustavo le costo mucho trabajo ese muerto, ese ganso disque persona; y no les permitieron matar a más gente por un tiempo, pero el té de la venganza estaba aun caliente y debía ser consumido (el té de la venganza frio es igual de feo) Por eso hubo que casarlos pero no matarlos, distinguirlos. Por eso los aguardaron en el caño donde se trababan los tres y otros cuantos. Ese día todos los cinco llegaron temprano, se trabaron y luego discutieron, casi de puñal. Los dos individuos sabían que estaban calientes y que a cualquier momento quebraban a otro.
—Abrámonos ya —dijo payaso— pero los tres iban a vengar al ganso y debían esperar cualquier señal para actuar.
—Vamos a vengar al ganso, ¿se quedan? —Dijo el loco¬—
—No loco parcero, esos manes tiene la de armas y la tomba comprada, sí pilla. Ahí no hay nada que hacerle.
—Saben que, ¡ábranse faltones!
Fueron las doce de la noche y no hubo movimiento en la zona, decidieron marcharse y esperar al día siguiente. Caminando hacia el caño escucharon el sonido de un automóvil a gran velocidad y huyeron alarmados por entre los matorrales de la orilla del caño. Al cruzar al otro lado fueron sorprendidos por los tipos de pasamontañas, quienes los golpearon y subieron en el carro. A los tres les pareció que atravesaron toda la ciudad, o del miedo se les hizo eterno el viaje; ¿miedo a morir? Segundo interrogante. Se saboreaban el momento de los tiros; tres tiros para ser exactos. La adrenalina podría saltar de ese vehículo y si fuera agua inundar toda la ciudad. Llegaron al terreno despoblado y el joven Clemente pronuncio un discurso conmovedor (casi que de película): Esta es la última vez que verán la ciudad y véanla bien, porque en el infierno no hay todo esto ¡ratas! Los ciegos estaban de espaldas a la ciudad entera llena de luces, vista desde un abismo. A lo lejos. Pero nadie se atrevió a girar y verla por última vez. —Espere, no los mate —dijo don Gustavo— la policía puso problemas por el muerto.
—Entonces qué hacemos.
—Dejémoslos ciegos. Y que hablen para ahí si callarlos.
Por: Fermizo Guerrero
Desembocadura
Miradas
Me miras, es decir nos miramos porque te miro a la vez, y entonces te comprendo desdibujando tus ojos, aprehendiendo la imagen de tu rostro llena de errores tan perfectos. Perfectos que les suelo llamar labios, tan brillantes y arquitectónicos. Ojos del espacio infinito, nariz cumbre de perfil engrandecido; contorno que medita. Mis pupilas se dilatan transformándose en un agujero negro que absorbe tu reflejo y te consume poco a poco a fuerza de deseo; Me miras y te miro, entonces invento tu silueta, tu sombra, tu cabello en mis dedos, invento tus errores con los míos, Invento tu figura tenue, tu altitud de palacio y corazón violeta. Te miro sin mirarte porque ahora te imagino forjada en tu realismo, figura sincera y corazón profundamente entre el mío.
DESEMBOCADURA
Sucede que me declamas tu nombre
Y me propones tu rostro,
Y como soy un vago presumido
Me altero en dicha
Molesto, ufano.
Sucede que me canso de este juego de mentes
De fotos y torres inscritas.
El insensato perdido sale a flote,
Loco de remate, ahogado por el pavimento.
Un rio común nos invita a dar un paseo
Sabemos nadar contra la prisa,
Sabemos cumplir la desembocadura
Y el mismo rio nos sigue separando.
Sucede que somos pantallazos fugaces
Breves noticias, breves iconos.
No altero el producto,
Te soporto entre mi mente.
Sucede que estas clavada en este kilogramo de dicha
Enredada entre mis placeres
Posiblemente loca de ayeres
Posiblemente elocuente.
Sucede que se me incrustó tu rostro
Proponme una posibilidad de espátula
Para sacarte de entre mis ojos, mi frente, mi cerebro
Y llevarte justo entre mi pecho, cerca al océano de presentes.
SIN DETENCIÓN
Reconóceme en la palma de tus manos
Así como reconoces el aroma del café
Cuando se abalanza contra tus instintos
Y en un arribe del roció
Floreceremos contra el viento,
Contra el sol
Contra la misma libertad.
Y si hay que beber yo beberé
Y cuando haya que hablar
Caeré en palabras contra el vacio,
Mi boca probara lo dulce de tus respuestas
Azúcar y un poco de emoción.
No me detendré en silencio
Porque hacerme notar es mi única existencia.
Si me dices que me vaya
Caducaran mis parpados
Y agitaré el sonido para que llegue
Hasta tú orbita,
Es desbaratante encontrar
Una fuente de energía que se extingue
Con la amargura de un porqué.
Y entonces no me iré
Aunque este rio sea tan largo
Que atraviesa tus tres exactitudes
Y limita con tu prevención.
Querré ir más allá de lo propio de la madrugada
Donde desemboca tu pasión.
Te perseguiré con un invento tan exacto
Que recordaras quien fui.
Eso y nada más
PROBABILIDADES
Probablemente todo fue muy rápido
Y la acción fue nave, estancia.
La rapidez de mis parpados y mis palabras
Titubeantes, moleculares.
Probablemente fue el momento.
Momento pecera que nos ahogó
Al encontrarnos de golpe y sin agallas
Perdidos de cada uno, sin importancia.
Probablemente la fecha, un tal febrero
Un tal año en que no me importa como no han importado
Estos días de incierto y censura,
Estos pasivos encuentros.
Sin embargo me sigues mirando con tu probable mirada
Esa hecha volumen y circunstancia, lineal, abstracta.
Probablemente porque algo existe y tiene que desarrollarse.
Desarrolla esto, mi signo en tu boca; hasta la desembocadura.
Me miras, es decir nos miramos porque te miro a la vez, y entonces te comprendo desdibujando tus ojos, aprehendiendo la imagen de tu rostro llena de errores tan perfectos. Perfectos que les suelo llamar labios, tan brillantes y arquitectónicos. Ojos del espacio infinito, nariz cumbre de perfil engrandecido; contorno que medita. Mis pupilas se dilatan transformándose en un agujero negro que absorbe tu reflejo y te consume poco a poco a fuerza de deseo; Me miras y te miro, entonces invento tu silueta, tu sombra, tu cabello en mis dedos, invento tus errores con los míos, Invento tu figura tenue, tu altitud de palacio y corazón violeta. Te miro sin mirarte porque ahora te imagino forjada en tu realismo, figura sincera y corazón profundamente entre el mío.
DESEMBOCADURA
Sucede que me declamas tu nombre
Y me propones tu rostro,
Y como soy un vago presumido
Me altero en dicha
Molesto, ufano.
Sucede que me canso de este juego de mentes
De fotos y torres inscritas.
El insensato perdido sale a flote,
Loco de remate, ahogado por el pavimento.
Un rio común nos invita a dar un paseo
Sabemos nadar contra la prisa,
Sabemos cumplir la desembocadura
Y el mismo rio nos sigue separando.
Sucede que somos pantallazos fugaces
Breves noticias, breves iconos.
No altero el producto,
Te soporto entre mi mente.
Sucede que estas clavada en este kilogramo de dicha
Enredada entre mis placeres
Posiblemente loca de ayeres
Posiblemente elocuente.
Sucede que se me incrustó tu rostro
Proponme una posibilidad de espátula
Para sacarte de entre mis ojos, mi frente, mi cerebro
Y llevarte justo entre mi pecho, cerca al océano de presentes.
SIN DETENCIÓN
Reconóceme en la palma de tus manos
Así como reconoces el aroma del café
Cuando se abalanza contra tus instintos
Y en un arribe del roció
Floreceremos contra el viento,
Contra el sol
Contra la misma libertad.
Y si hay que beber yo beberé
Y cuando haya que hablar
Caeré en palabras contra el vacio,
Mi boca probara lo dulce de tus respuestas
Azúcar y un poco de emoción.
No me detendré en silencio
Porque hacerme notar es mi única existencia.
Si me dices que me vaya
Caducaran mis parpados
Y agitaré el sonido para que llegue
Hasta tú orbita,
Es desbaratante encontrar
Una fuente de energía que se extingue
Con la amargura de un porqué.
Y entonces no me iré
Aunque este rio sea tan largo
Que atraviesa tus tres exactitudes
Y limita con tu prevención.
Querré ir más allá de lo propio de la madrugada
Donde desemboca tu pasión.
Te perseguiré con un invento tan exacto
Que recordaras quien fui.
Eso y nada más
PROBABILIDADES
Probablemente todo fue muy rápido
Y la acción fue nave, estancia.
La rapidez de mis parpados y mis palabras
Titubeantes, moleculares.
Probablemente fue el momento.
Momento pecera que nos ahogó
Al encontrarnos de golpe y sin agallas
Perdidos de cada uno, sin importancia.
Probablemente la fecha, un tal febrero
Un tal año en que no me importa como no han importado
Estos días de incierto y censura,
Estos pasivos encuentros.
Sin embargo me sigues mirando con tu probable mirada
Esa hecha volumen y circunstancia, lineal, abstracta.
Probablemente porque algo existe y tiene que desarrollarse.
Desarrolla esto, mi signo en tu boca; hasta la desembocadura.
De Julio
Bolero
Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.
Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.
Por ahí un papelito
que solamente dice:
que solamente dice:
Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte.
quiero decir que para verme tenía que mirarte.
El interrogador
No pregunto por las glorias ni las nieves,
quiero saber dónde se van juntando
las golondrinas muertas,
adónde van las cajas de fósforos usadas.
Por grande que sea el mundo
hay los recortes de uñas, las pelusas,
los sobres fatigados, las pestañas que caen.
¿Adonde van las nieblas, la borra del café,
los almanaques de otro tiempo?
Pregunto por la nada que nos mueve;
en esos cementerios conjeturo que crece
poco a poco el miedo,
y que allí empolla el Roc.
No pregunto por las glorias ni las nieves,
quiero saber dónde se van juntando
las golondrinas muertas,
adónde van las cajas de fósforos usadas.
Por grande que sea el mundo
hay los recortes de uñas, las pelusas,
los sobres fatigados, las pestañas que caen.
¿Adonde van las nieblas, la borra del café,
los almanaques de otro tiempo?
Pregunto por la nada que nos mueve;
en esos cementerios conjeturo que crece
poco a poco el miedo,
y que allí empolla el Roc.
El niño bueno
No sabré desatarme los zapatos y dejar que la ciudad me
muerda los pies,
no me emborracharé bajo los puentes, no cometeré faltas de estilo.
muerda los pies,
no me emborracharé bajo los puentes, no cometeré faltas de estilo.
Acepto este destino de camisas planchadas,
llego a tiempo a los cines, cedo mi asiento a las señoras.
El largo desarreglo de los sentidos me va mal, opto
por el dentífrico y las toallas. Me vacuno.
Mira qué pobre amante, incapaz de meterse en una fuente
para traerte un pescadito rojo
bajo la rabia de gendarmes y niñeras.
llego a tiempo a los cines, cedo mi asiento a las señoras.
El largo desarreglo de los sentidos me va mal, opto
por el dentífrico y las toallas. Me vacuno.
Mira qué pobre amante, incapaz de meterse en una fuente
para traerte un pescadito rojo
bajo la rabia de gendarmes y niñeras.
Encargo
No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que
vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino,
naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni
guante;
tállame como un sílex, desespérame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dálos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforos y escamas.
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día,
saber que juegas cara al sol y al hombre.
Compártelo.
Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
lo que nadie te pide: las espinas
hasta el hueso. Arráncame esta cara infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.
No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que
vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino,
naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni
guante;
tállame como un sílex, desespérame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dálos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforos y escamas.
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día,
saber que juegas cara al sol y al hombre.
Compártelo.
Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
lo que nadie te pide: las espinas
hasta el hueso. Arráncame esta cara infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.
Hic Et Nunc
La nobleza, las grandes palabras, que mal le van
a esta ternura sin mejillas que tocar,
a esta lengua sin labios que entender.
Envilece un amor así que rebota en las paredes del cuarto
o se va cayendo a pedazos de palabras, esto.
La nobleza, las grandes palabras, que mal le van
a esta ternura sin mejillas que tocar,
a esta lengua sin labios que entender.
Envilece un amor así que rebota en las paredes del cuarto
o se va cayendo a pedazos de palabras, esto.
Es inútil la argucia y la esperanza,
somos la previsión,
los ojos y la boca orientados al viento. ¿Qué me vale
lo que fue, la suave crónica?
Siempre andaré buscándote en el hoy
de esta ciudad, de esta hora.
Si me doy vuelta, oh Lot, eres la sal
donde mi sed se hace pedazos.
Mira de qué sustancias vivo,
pero no me tengas lástima, yéndote así
todavía más.
somos la previsión,
los ojos y la boca orientados al viento. ¿Qué me vale
lo que fue, la suave crónica?
Siempre andaré buscándote en el hoy
de esta ciudad, de esta hora.
Si me doy vuelta, oh Lot, eres la sal
donde mi sed se hace pedazos.
Mira de qué sustancias vivo,
pero no me tengas lástima, yéndote así
todavía más.
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