lluvia

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lunes, 28 de marzo de 2011

Líquido

—Qué estupidez ir de nuevo a la opera que el año pasado reventó el lugar. Tanto olor a gente de traje y diplomacia me saca de quicio. Además fui con Lixi, hermosa, no querré recordarla y dejar escapar un suspiro en una ceremonia que no lo merece. Por eso no iré, discúlpame Michel pero tú sabes lo incomodo que es para mí, no lo soporto y luego de eso viene la ira y… Probablemente esté en el bar, cuando termine la función vas al bar y bebemos cerveza.

El puente del rio Piace es un largo tramo frio que se debe recorrer a pie para poder llegar al extremo en el que se agarra el autobús, decide ir a casa en vez de ir al bar. Lo frívolo del camino se aferra con las uñas a su traje. El pelo se mueve con la brisa y de su nariz sale el vapor común de la ciudad. Hoy ha sido un día de recuerdos y extrañezas, en la mañana recobró un poco el aliento con el café exprés que tomó en el Luigie, pero duró lo convexo del sabor en la lengua y en la garganta, lo apacible del olor en sus manos y en su saco —tiene la costumbre de derramar café en sus dedos para oler el aroma que le dura casi todo el día— y sin embargo a la altura del sol de mediodía volvió la sensación de inconformidad y ese nudo en la garganta molesto que ha sentido desde ayer. En la tarde se ocupó en el archivo y trató de disimular el nudo y la inconformidad, bebió más café y revisó el periódico regional.
Mientras camina siente como el nudo en la garganta se agranda y se mueve con el movimiento del cuerpo en el caminar, la inconformidad trata de estresarlo —por fortuna no se estresa con facilidad—. Lo frívolo del puente y la brisa fría no le molestan, por el contrario lo calma la calma del puente. Esa soledad de antaño tan bellísima que se molestaba en calcular, justo a la hora del atardecer en la granja del abuelo Elio, así aprecia el puente mientras lo atraviesa. Ahora camina más despacio, tratando de explicar la sensación que siente, trata de saber que esconde en el armario. Hace unos días se levantó sin recordar que había en su armario, recordó el lugar donde estaba la llave para abrirlo pero junto a ella había una nota que decía: ‘no abrir el armario’ y si decía eso obedece y no lo debe abrir —al parecer no hay un motivo—. Mientras espera el bus compra el ultimo café del día, una señora con un bebé a su lado le pregunta la hora, él no responde, ni siquiera la mira, no le dará la hora, —para qué ofrecerle el tiempo en su reloj que tanto apura a las personas—. La señora persiste creyendo que el sujeto no la ha escuchado, gira y le dice con seriedad y titubeo: no te molestes en saber la hora, no le enseñes a tu bebé lo malo del tiempo y el afán de la gente del siglo XXI.

Ha sido su mejor respuesta, la última vez, tuvo problemas con otro hombre. El autobús se ve desde lejos, y mientras llega gira de nuevo hacia la mujer y le pide disculpas, le da la hora y le felicita la serenidad con la que tomó la respuesta. En el autobús casi desocupado, la inconformidad se hace más fuerte, el nudo se ha deshecho y se ha vuelto un líquido que se acumula en la garganta sin que suba hasta ser expulsado o se baje para ser tragado. Así llega a su casa, con esa masa líquida que crece en su garganta sin poder expulsarla. Toma un vaso de agua para tratar de bajarlo pero la bebe con facilidad y no consigue empujar el líquido de su garganta. Es media noche y tiene miedo de dormir, el sueño lo vence a la altura del sillón y el programa televisivo de rifas y apuestas. De repente de su boca y su nariz empieza a salir una materia transparente y líquida, al bajar por su cuello se despierta y rápidamente agarra un frasco de vidrio que tiene bajo la cama. Lo deja caer todo en el frasco y justo al momento de llenarse, deja de expulsarlo. Agarra el teléfono y marca a Lixi:
—Lixi, no me vas a creer lo que me ha pasado
—Jean, otra vez con la misma historia.
—No lixi, esto nunca me había sucedido. Lixi se me derramo el amor. El amor mío es líquido y se me ha salido por la nariz y por la boca, ahora mismo lo tengo entre un frasco. Lixi no es mentira, se me está escapando el amor y no sé cómo… Lixi ¿estás ahí?

Cuelga el teléfono y agarra el frasco, busca la llave en el cajón y abre el armario, nota entonces que tiene diez frascos más, repletos del líquido que llama amor. Destapa el último y trata de beberlo, pero no puede consumirlo, no le baja, se le derrama por las esquinas de la boca. Es inútil tratar de ingerirlo, no ha podido consumir los otros diez. Guarda el nuevo frasco en el armario y lo asegura con el candado, pone la llave en el cajón y deja junto a ella una nota: ‘no abrir el armario’.

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