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viernes, 25 de marzo de 2011

La Ciudad Invisible

Decidir en qué se está pensando, arribar de golpe a un falso muro de ironía y artificio, recorrer las calles congestionadas de individuos modernistas, creer tener el poder de elegir (sin propiedad de elección) al azar de la tendencia. Moda, maña, gusto, elección, yugo, marea alta, ciber-bruma, pos-creación. Abrir ventanas y encontrar pirómanos de malas fachas, consumir un par de empanadas de cotidianidad y un aderezo de absurdo picante (a veces tan picante que se llora). Abrir ventanas y seguir viendo ventanas. Ventanas y más ventanas de sorpresas ridículas que se esperan ver; de vez en cuando un fetiche moderno. Sin tren, sin autobús, sin taxi, una ciudad con conductos por donde se viaja de prisa. La nueva ciudad Gomorra, la capital de la globalización.
Después de la ciudad de la furia compra un boleto para la ciudad invisible y con una red podrás atrapar mascaras de colección. No se necesita visa ni ningún tipo de permiso, tan solo vender el cerebro. Adentro sentirás el concreto liviano tan adictivo como la heroína, todo será risa, todos serán Garricks, todos enmascarados apológicos de la mentira. Nada estará vacio, todo estará repleto de anuncios, todo será un solo mercado. Podrás conseguir un cuerpo que no metabolice y consuma en exceso, podrás tener un nuevo cerebro adaptado a una columna vertebral global y entonces pertenecerás al mercado mundial serás un estupendo gringo y valdrás una cifra exacta.

Se construyó una gran morada hecha de ladrillos e idiocia cuando la ciudad fue conocida en esta parte del mundo y pudo tener lo que quería, consiguió pareja debajo de un puente: Una muñequita de plástico sacada de una película a blanco y negro, labios rojos y ojos azules, fue la relación tan igual a las otras miles que había en aquella ciudad. Quiso luego recordar un momento real pero todo era difícil en su cerebro, un par de conversaciones almacenadas, un muro rayado, un par de fotografías distorsionadas y estilizadas con etiquetas fantasmas, un me gusta a cada momento, un comentario hecho insignia y media docena de aplicaciones machistas. Comprendió entonces que ya era tarde y que su vida se seguirá basando en breves acciones para oprimir botones.

Ella fue mas precisa, se consiguió una vida perfecta entre aquella ciudad: se vistió de imágenes y símbolos y conquistó ventanas con sus respectivos abismos, supo que era falsa y pudo soportarlo por un par de días, luego lo olvidó. Fue una más que se convirtió en pez payaso para nadar en la gran pecera. Consiguió las respectivas relaciones con sus respectivos pozos. Aniquiló su dignidad luego de elegir un par de entes putrefactos. Pero ahora ha cambiado: no le queda cerebro y se creó su propia dignidad, ha renovado un sinnúmero de veces su imagen y paga con lágrimas para poder leer un par de mensajes.
Somos los muertos resucitados quienes escribimos esto, pero las dudas quedan y las tentaciones se hacen fuertes; el plástico y la mentira es contagiosa. Se ha creado ya una propia filosofía para la ciudad invisible. Mis vértebras adoloridas se recuperan después de aquella desconexión. El enigma del futuro queda para las cabezas consientes y las cuestiones aumentan, ahora mismo las nubes son púrpura pero a los habitantes de la ciudad invisible no les importa, solo les importa aquella lesiva pregunta: ¿en qué estás pensando? Hay más respuestas para esta pregunta que hojas en los árboles y aunque la respuesta no importe en aquella ciudad y siga teniendo una cantidad enorme de seguidores, solo respondería que dentro de ella no se puede pensar, que la errada pregunta no tiene respuesta ahí adentro. Sin embargo de las letras en mí tazón de teclas solo se puede armar una frase: Ayer fue un día menos en el que la verdad será cada día más falsa.
Reconozco la salida porque a veces entro y salgo, soy otro más en proceso de rehabilitación, adicto al nuevo mundo, adicto al dolor incoloro e invisible que carcome en progreso. Ahora si estoy pensando. Ahora todo me gusta y no lo tengo que decir para que la naturaleza lo sienta. Ahora todo es real y la mentira es menos nociva, la verdad un poco menos curva y mis sentidos un poco menos dependientes.

Ibagué
22/01/11

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