lluvia

lluvia

sábado, 7 de mayo de 2011

REGALAR LA LUNA Original de...

El verdadero regalo

Si pretendes ser fantasioso y quieres regalar la luna, toma tu cámara fotográfica y sácale una fotografía, podrás luego envolverla en papel de regalo o en una caja curiosa y darla. También podrás tomar una fotografía digital y enviarla por email con una tarjeta editada en power point.


Por qué no regalar la luna

Es cierto que la luna se puede bajar del cielo con la intención de regalarla a alguien, se puede envolver en un papel de regalo gruesísimo que oculte un poco su luz (no se quiere dejar ver la luz, por aquello de la sorpresa) se puede colocar una tarjetita (que diga: Para tal, De alguien que no propiamente es un atrapa lunas, ni lunático, ni mucho menos un custodio de algo tan bello) Entonces habrá que derogar los cumpleaños o los días especiales en los que la luna se pueda regalar. Basta con no tener qué dar o querer dar algo maravilloso para que aparezcan las ganas de conseguir un palo muy largo y empezar a darle golpes para bajarla, como se bajan las naranjas. Hay que insistir en que la luna por más que se pueda bajar del cielo y por más que quepa en el bolsillo, no se verá muy bien, menos entre una caja de cartón con un moño de color rojo y una tarjetita, pretendiendo ser regalo, pretendiendo inmiscuirse entre los objetos sin valor de una dama. Es imposible otorgar a alguien la propiedad de la luna, imposible que su luz, que su místico volumen y su esbelta circunferencia pueda entrar al patrimonio de un ciudadano común. La luna vale más, por eso no se puede regalar.


Consecuencias de regalar la luna

Imaginen una noche en la que las nubes y las estrellas pinten el cielo negro pero falte un punto gris brillante entre ese cuadro surreal. Imaginen que ese punto hermoso está entre el cajón de una mesa de noche o el armario o en un cuarto donde se guardan las cosas sin utilidad. No será una buena noche si falta la luna que estampe su luz a través de la copa donde hay vino tinto. Además de su ausencia horrorosa, se demostrará que el ser humano ha sido capaz de acabar con algo propio de la poesía, pues los poetas no tendrán luna qué escribir, ni yo tendré qué consumir a cucharadas (sí, ingiero luna en las noches de soledad)

Es preciso dejar de prometer algo que no se debe regalar.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Episodio, elogio al tacto

El ambiente: aire, polvo, aromas viejos y luces viejas, se queman cada día. Son cenizas lo que lleva el aire entonces, son cenizas lo que respiramos.
Tocar con la mano las plantas de la entrada, sentir su pálpito natural, su proceso biológico, su respirar lento y silencioso, su verde espíritu. Las yemas intranquilas contra las hojas pasivas. Pacificas plantas que adornan la vida, perplejas cúspides a la que no ha llegado la mano tranquila. Las plantas a la entrada de una casa grande, de una gran casa habitada; deshabitada de vacio pero habitada con seres vacios, estanques profundos con profundas historias. Las plantas son adornos vivos, que acompañan la casa y sus habitantes. Tocar con las manos las paredes de madera de la casa. Sentir madera triste, alma de arboles, una vez fueron plantas que adornaron colinas. Sentir con la mano una gran casa triste, entristece las manos, pero habita el espíritu, nostálgico refugio ha conseguido aquel tacto.
Llegar con las manos intranquilas, no hay manos tranquilas, no en el siglo XXI, no en el siguiente siglo si el mundo viaja con tal prisa. Llegar con esas manos tranquilas, de cuando en cuando vacías, entrar a la casa, a la sala de estar, recorrer los pasillos buscando sorpresas.

A lo lejos, en el jardín del patio se divisa ella, la abuela más pasiva de todo el recinto. La casa es un asilo de ancianos, la abuela un asilo de penas. Gran símil ocurrente, como un reflejo de tristezas, como un mimo que aturdido imita el color de su vida. La vieja con arrugas por doquier, rosario en mano, mano en pecho, pecho en sí, pecho, corazón y canas, canas en sí. Son arrugas lo que se divisan o son pliegues de amor que no dio. Son canas en su cabeza o son relámpagos que dio a la noche maldita. Es nieve que en su cabeza ha caído, para que descanse del gran verano de antaño, caluroso y destructivo.
Tocar con las manos la anciana, sentir que está viva, sentir su pálpito natural, su proceso biológico, su respirar lento y silencioso, su blanco espíritu. Las yemas intranquilas contra las arrugas pasivas. Pacifica anciana que adorna la casa, perplejas cúspides, a la que no ha llegado el calor humano. Sentir piel triste, alma de mujer, una vez fue joven y bella y conquisto colinas, cogida de la mano de apuestos señores. Sentir con la mano un rostro triste, entristece las manos, pero habita el espíritu, nostálgico refugio ha conseguido aquel tacto.

La abuela pasa desapercibida, teje que teje, en su sillón humilde, el tiempo le huye, la asechó en alguna época, hasta que consiguió atraparla y envejecerla. Ahora la muerte esta cerca, la soledad la acompaña, de cuando en cuando su amiga Manuela. Pero la abuela no se resigna, quiere pegar una huida y visitar la calle que un día recorrió con sonrisa y sombrilla.
Hasta que este día, irrelevante en su cuenta, se para de su silla, agujas al piso y recorre el pasillo con lenta armonía, como baile de ceremoniosa víspera. Sus manos temblorosas de parkinson tocan las hojas de las plantas a la salida, yemas pasivas contra hojas pasivas, —aunque la abuela es del siglo XXI, no había llegado la tecnología, cuando ella nacía— aquel tacto profundo despertó aquel arbusto y trasmitió su alegría.
Sonrisa en la cara para la linda anciana, que no percata calzado o ropaje gastado. El pueblo es pequeño, no camina con prisa, útiles recuerdos del pueblo, tiene en su cerebro, que la ayudan a buscar su calle favorita. Mira tranquila las calles renovadas, mientras camina descalza. Descalzos recuerdos también.

Las manos desnudas, introducir las manos en un costal lleno de grano, sentir como fluyen por la piel, diminutos y vibrantes, sentir que no hay fondo, abrir espacio a fuerza, el maíz que acaricia las manos. El costal es su presente, su calle renovada, su paradisiaco camino, el maíz es ambiente, aire, polvo, aromas viejos y luces viejas, que se queman cada día. Ella y sus manos se adentran a fuerza de espíritu en aquel costal, con partículas. Particulares síntomas tan diminutos y vibrantes, siente que no hay fondo, se acaricia.
Ahora la abuela delira, y casi llega a su calle, la gente la observa perpleja, ella no repara en hacer una venia. Una anciana en traje de bata, es decir en pijama de gala, deambula por las vías, el sol la sigue sin quitar de su vista, la imagen preciada de su bien amada. Aquella muchacha de la que se enamoro algún día, como todo el que la veía, pero ahora delira, ya no es la misma, las penas oscurecieron su sonrisa, mancharon su rostro de melancolía. El sol la ilumina contento.

Cuando llega a su calle favorita, dobla su brazo en forma de arco, para que su hombre imaginario la coja de gancho, y la conduzca por el camino directo hasta la colina, diciéndole versos, contándole cuentos, hablándole al oído palabras de amor y cantándole boleros. Ella ya no recuerda eso, el rostro del hombre es una mancha pálida. Camina con su hombre pálido sin pronunciar alguna palabra, recuerda a su hijo que la dejo abandonada en ese templo de arrugas y canas, recuerda su hijo, su magdalena adorado tan lejos ahora. Ni su olor que tanto amaba pudo tener de nuevo.
Cae la ancianita a la orilla de la vía, el caballero que la llevaba de la mano se esfuma, todo pasa lento, la abuela cambia camino hacia la colina por túnel de luz.

lunes, 2 de mayo de 2011

PRETEXTO

No lo haría, no habría motivos y el procesador de texto es una piltrafa más que debo perder de vista. Pero escribir es la suerte y sugerir, ¡oh! sugerir es un golpe de ira. Todos lo dicen sin palabras, un mensaje oculto quizá: sugiéreme un alago, sugiéreme un motivo para perderte de vista o para golpearte, sugiéreme un comentario para poder hablar de lo previsto -y sin embargo aun me molesta conversar con alguien que no tiene diálogos seguros- Por eso no lo haría. Un nuevamente es un motivo absurdo, cómo jactarme de elocuente si despedazo las palabras cuando te imagino con ese doblemente aire de finura. Eres libre, entonces existes, entonces ufano de tu existencia, entonces vuelco las superficies buscando el suelo apropiado para colocar tu doblemente figura. Y si vieras cómo te queda esa brisa leve que te atrapa, llegando casi a dominar. Encontré algún día de esos poblados un montón de posibilidades en mis bolsillos (aclaro que la brisa es también posibilidad de espera). Fuiste posibilidad algún día, ya no quiero que seas tablero o estampa, rebotando de rincón en rincón. El vino de media luna no fue un licor, no fue costoso; estima una posibilidad de copa para beber con firmeza y esperar por un retiro. Estima un aperitivo Dubonet con pimienta extra, estima un par de discos LP con la imagen de Aznavour, estima un tocadiscos de bronce con una marca viejísima. No haría pecados para desperdiciar, qué ridículo mi círculo con un radio tan débil que no llega a ser centímetro o si estas en él puedo robar espacio ¿vez? todo es pecado. Escupo mi pensamiento ha otro rango luego existo, nada de peligro mas que una navaja de ejecutivo en mi cuello y un terrón de azúcar atravesado en mi garganta (que se llama como se escucha tu nombre de lejos). Peligro cuando giro de improvisto y allá estas tú que nunca faltas en mis alucinaciones o en mis poesías, como siempre la calle y tú. Recordaras que alguna vez fuiste franela color purpura y recorriste la biblioteca con tus zapatos sutiles. Serás como quieras mientras reclamo, obstinado siempre del no poder cambiar las sorpresas por fichas directas. Por eso no lo haría.

01/02/2011

domingo, 1 de mayo de 2011

CÓMO SER SOÑADO POR UNA MUJER

Antes de conseguir la soñadora
Busca un proyecto de mujer: un complique real que te absorba la gana. Procura ocultarte el resto detrás de las manos y oprimir los ojos hasta que duela. Rómpete las fauces con la bola blanca de billar y salta de queja en queja hasta que la bruma se te salga por los poros. Respira paz antes de la guerra, respira un poco antes de hablar con ella. Preguntan cómo uno puede ser soñado por otro. La intención es lo de menos, quizá lo importante es robar pantalla en el sueño y satisfacerse al poder intervenir en un sueño. Ser soñado antes de poder rendirse en sueños es un triunfo y un premio. Se mofan de cualquier sueño, se exaltan cuando alguien es soñado.
Conseguir la soñadora
Busca una mujer que te quiera —que idiotez— basta con madurar un modelo de mujer, ponerlo entre el periódico de un tal milenio. Después de madurar el modelo sácalo del periódico y rebánalo con tu risa, muéstrale entre la boca que te ufanas de tener un pedazo de gracia bajo una silla. Busca un contador de bolsillo y cuéntale las culpas, arráncaselas una a una y sécale los límites (esto es importante si se quiere evitar una pesadilla).
Instrucciones para ser soñado
Busca entre la vasija de arcilla un puñado de aire y ponla a dormir respirándolo. Duerme junto a ella. Despierta antes que ella en la madrugada e introduce tu dedo índice entre su ombligo, gíralo hacia la derecha y bésale la frente.
A la siguiente noche repite el mismo ejercicio. Hazlo por diez noches. En la noche numero once, arrópale la cara con tus manos heladas. Es importante dejar que respire, es importante besarla. Después del beso será un terrón de azúcar y será el momento de arrojarla entre el café de la mañana.
En la noche numero doce escríbele un poema, ofrécele una canción pasajera, dale un pétalo de magia o una sonrisa sincera. Lo importante es dar un detalle sin esferas. Esa misma noche serás soñado por ella.
Estúpido solo por serlo. Recuerden abrir la boca mientras se duerme, para poder salir luego del sueño…
Ganancias
Las ganancias suelen ser externas. Tal vez un tonto premio, tal vez macabro sosiego. Se gana un peldaño, una viga en la planta baja de un recuerdo. Se entiende por moda o se sumerge en el fango del pensamiento. Nadar es probable cuando la ganancia es una laguna de misterio. Ser soñado por alguien (mujer) es torpemente adictivo, solo si se invierte en arrullos y se domina el bostezo. Otra ganancia es conseguir un nuevo sueño, un carrusel de fama y torpeza, un ridículo plan de almohada.
Perdidas
La primera perdida es precisamente de sueño. Perderás el aliento y mantendrás despierto. Dormirás al silencio, caducaran tus parpados y olvidarás sin remedio.
La segunda perdida trata de un premio. Ganaras perdiendo el recuerdo, motivaras los diálogos con el afán de un pretexto y lo olvidaras después sabiendo que fue cierto, pero ahora es cuestión de no recordar un recuerdo.
Las otras perdidas serán síntomas de zapatos, creerás que la cabeza se te estallará de a poco, te morderás la lengua, te oprimirás los pulmones con tus aletas (te saldrán aletas)
Las aletas
Si se consigue ser soñado, se consigue un lago en el patio del cerebro. Como es obligación nadar en él, pronto te saldrán aletas. Las aletas son unas pequeñas discrepancias para nadar por el agua de la obsesión. A veces son de color naranja a veces solo son negras. El color importa cuando las aletas son naranjas por aquello de ser un payaso. Si solo son negras estas posiblemente salvado de ser un pedazo de piedra que se queda estancada entre el lago del cerebro, pretendiendo ser soñado por alguien que una vez fue solo un modelo.

Acuarela Gris

Quisiera que tus labios y tu lengua
Estuvieran hechos de acuarela gris
Para que mi boca y mi cuello se pinten
Para que mi cuerpo sea papel prensado en frio.
Ser entonces un payaso tenue
Que anda por las calles vacías
Mostrando al mundo su rostro
Ese rostro de nube próxima a la lluvia.
Ser entonces una pintura fina,
Un boceto en acuarela
Un rostro inculto
Un cuarzo gris.
De repente se me cae la pintura
Ahora mismo se ha borrado
Es deber mantenerla viva
Es deber ser un mimo de un solo color
De una sola vida.
Tu deber es pintarme
Convertirme en tus trazos firmes
Más no trates nunca de terminarme
No seré una pintura completa.
Tampoco modificaras mi boceto,
Quizá puedas poner una firma anticipada,
Sin fecha.
Podrías dibujar con tu pecho
Un crepúsculo en el mío.
No sé que harías con tus labios de acuarela
Hasta ahora llevas unos trazos que dilatan
Y es muy pronto para concluir estampas.
Por eso quédate en mi nada,
Pozo donde habito,
Por eso dame de tu cuerpo
Ahora que lo necesito.