Ya no hay tragaluces por aquí. Todo es un pretexto. Ven y pruébame, con tu cara de juez y tu boca que no traga luz.
lluvia
martes, 16 de agosto de 2011
Cómo erigir un suspiro
Debo decir, antes de cualquier otra palabra, que lo puramente esencial es ese vistazo que hago de vez en cuando, como si los ojos buscaran la silueta y la silueta buscara luz y la luz buscara escena. Cada vez que choco con la acción confabulada no dejo de pensar en ella. Entre tanto, ese vistazo que choca por chocar se vuelve peligroso; máxime una sonrisa de temor o una fuga de antílope.
Por las mañanas es común verla llegar; lo de siempre es ese rostro que se dibuja de la nada y entra por la puerta y pronto se hace realidad. No es necesaria una copia barata almacenada en forma de recuerdo, porque su figura queda estampada como con hierro al rojo vivo.
Siempre está frente a mí, superpuesta y doblemente real. Tal vez por la cartera o tal vez por el papel, simplemente estuvo frente a mí y no pude contener ese suspiro ingrato que le detoné. Sonrió y se marchó. El carboncillo descansó.
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