Reactie op zee
Conocí a Louis a través de las probabilidades; yo siempre las cruzaba y él estaba allá, justo después de cada probabilidad. Era un tipo sereno, elocuente y discreto; tal vez por eso podía conquistar con facilidad a las mujeres. Entramos casi que al mismo tiempo al círculo de escritores “schrijvers van de stad” y rápidamente nos acomodamos al ritmo de los escritores holandeses. Es preciso omitir unos cuantos detalles de su personalidad (no acostumbro involucrar tantos aspectos en un solo referente), de tal modo que el sujeto de este relato sea un pasajero pictórico de color sepia que ha conseguido un buen relato. Las mañanas eran de correspondencia; siempre había un motivo y una tasa de café. Todos los integrantes del “schrijvers van de stad” eran amigables, por lo que sus cartas eran irremediables halagos poéticos, con inspiración nórdica y mucha naturalidad en la palabra. Toda la ciudad disfrutaba de su (nuestra después de un tiempo) escritura. Louis parecía irremediable en el surrealismo que le ponía a los relatos y aunque el círculo no lo aprobara enteramente, tampoco se oponía a tan excelente hazaña de transgresión pasiva al holandés común que lo leía en la Tijdschrift van het woord. Todos teníamos un lugar dónde publicar nuestros escritos diarios, que aunque fueran inicialmente una carta dirigida a un círculo, en cuestión de minutos era asignada a la página frágil de una revista o periódico prestigioso.
Carol se comunicó con el círculo un viernes por la tarde y el lunes estaba frente a todos presentándose, y nosotros circunspectos y asombrados por la prontitud de su ingreso al círculo, dándole una bienvenida (recuerdo que fue un poco seca). Era una escritora novata que cogió fama con sus breves críticas políticas, presta a toda iniciativa de escritura grupal y a todo ensayo por analizar. Era divertida, “era divertida”, empleaba diálogos dispersos y maquinaba cada acción, tal vez con una sobredosis de razón. La palabra y su peso, diádicos y gráciles eran su especialidad; pronto se tomó la expectativa de los citadinos que se adormecían bajo su comentario de liguero y amanecer y su suave sátira. Carol era una pequeña artista empecinada en irrumpir en cada ámbito en el que el círculo podía intervenir. Era un misterio envuelto en piel blanquísima, (esto no se puede omitir) unos ojazos azules y un cabello crespo-rojo y una sonrisa sin gravedad.
Louis la logró cautivar; ella después de unos cuantos meses cedió y se dejó llevar por la volatilidad del viejo lobo de mar. Sus aguas la abrazaron con tal fuerza que perdidamente se enamoró. Entonces la mar se hace un riesgo al navegante inexperto y con un poco de impericia la tragedia cumple con su bocado de anfibio. Fue una relación que no dio razones de existencia dentro del grupo y fuera de él. Fue una relación solo para dos, como tenía que ser, y así se desarrollo a la medida en que las olas golpeaban las rocas y la madera del muelle. Con ligereza ocupó el apartamento de Louis, su ciudad y su inexplicable realidad.
«Me has ocupado y ya tengo todo de ti; entonces ya nada me puedes ofrecer. Tus senos son simples senos, tu boca una simple boca y esta habitación un lugar donde ya no caben dos» Así puso punto final a su relación con Carol. Inmediatamente todo se desocupó, Carol tuvo la delicadeza de acatar cada palabra que Louis empleó; erguida y con golpe en el corazón se marchó.
Dejó de ir por mucho tiempo al círculo; después de todo lo inevitable no era la imagen sino la palabra. Todos ponen: De ante mano una tarde con el sol fugitivo y la marcha de las nubes que se despiden del cielo colorido. Los árboles de otoño traidores que ahora se burlaban de ella, las sillas del parque, inútiles y visibles, y esa fuente de agua verde que tantas propuestas oyó.
Esta mañana Carol volvió a la sede del círculo, advertían sus ojeras tal vez una semana de lágrimas e insomnio. Todos la saludamos, Louis la miraba con la sencillez y elocuencia que lo caracterizaba, las cartas y lecturas se pausaron: «estos ya no son simples senos» dijo Carol mientras se desabotonaba la camisa. Dicen que Carol tiene un serio problema mental, yo prefiero creer que es un simple capricho. A la vista de todos quedó al descubierto el pecho mutilado de Carol que ya no contiene un par de voluptuosos senos, sino un par de heridas planas, cocidas y sin rastros de musculo.
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