Las mujeres deberían elegir los hombres ruleta rusa. Hombres cuya vida sea un revolver con un solo cartucho, un solo tiro de emociones. Un juego difícil. De ese modo el melodrama se hace adictivo. Ellas podrían resolver, con el gatillo, una noche mágica. Los hombres ruleta rusa viven del misterio, del panorama clandestino y la cajita de sorpresas. Cargan siempre un único cartucho que se deba detonar en el momento justo. El gatillo bien podría bacilar al elegir la recamara correcta, produciendo una emoción magnifica.
Margarita consiguió su hombre ruleta rusa y jugó a su juego macabro muchas veces. Pudo darse un par de tiros, consiguiendo vivir de una manera mas abierta; pudo alcanzar el proyectil sentimental, pudo también, vivir en la variable. Pero no consiguió detonar un cartucho, ese se quedó guardado en algún bolsillo.
Una mujer me mostro hace unos cuantos meses, un poema recitado en una película:
No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!...
Tal vez Girondo fue un hombre ruleta rusa. Ella no deja de inspirarme relatos y poemas. Tengo una mochila; en ella cargo el cartucho que no pudo detonar. Lo he grabado con la siguiente frase: Aun se puede detonar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario