Anoche estuvimos ausentes mientras más nos juntábamos, como si de eso se tratará el campo de batalla en que tú recibes mi fusil íntimo y la dupla del orgasmo. Más allá del alcance de mis dedos y las sabanas está la llegada del cliché nocturno y la película, a pocas horas de la mano que apaga la lámpara, a pocos metros de la copa, a poco tiempo de que el sueño venza la gana de no separar los cuerpos. Ahora no sé como superar la argucia, la noble pausa de la vida diaria, el olor de la lujuria o reconocer que el sexo es un anexo.
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