lluvia

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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Adrenalina



     La noche nos ayuda a quedar a oscuras y en silencio —a veces un suspiro— el celador medio dormido procura no acatar las órdenes de la junta del barrio. Ya había llovido. El frio llega como púas y tu domingo se va de a poco con el prematuro lunes festivo y ese torpe abrigo que no quiere salir. El pudor tiene que salir aullando como un perro adolorido y la palmera queda hastiada de nuestra adrenalina.
     Así empezamos y lo tomamos de vocación: todos los domingos secretos, en la palmera secreta del parque del barrio, a la hora imposible de la madrugada que tiene poco de lunes y más de domingo. Un celador inactivo a veces nos obliga a acostarnos en la hierba, porque parece despierto. Al final, el reposo después del sexo, junto a una orquesta de grillos que suena al compás de nuestra adrenalina.

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