lluvia

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lunes, 26 de septiembre de 2011

La princesita que asesino cada día

Me gusta el chocolate fuerte, con poca azúcar y sin leche, las almojábanas calientes, pero no todos los días; y con el estomago lleno, me gusta tomar tu cuello y ahorcarte con mis manos hasta convencerme que ya no me puedes doblar como un pedazo de papel, que ya no puedes traspasar mi  armadura, o colorearme.
Me gusta lo clandestino, el pedazo de misterio que arrastro con una cuerdita; y después de mi paseo matutino, me gusta arrojarte a un pozo, para que te ahogues. Princesita que me envenena con dulzura. 

El día en el que el ojo soltó la primera lagrima



Quiero creer que esa megatontería puede ser cierta, como si las megacrisis y los megaolvidos se sustrajeran, y como si de esa sustracción se exterminaran los megamotivos. Leónidas ha dicho que por fin pudo olvidarla; tonto como es, no sabe que una burbuja no se hace burbuja con el soplo. Poca cosa. Leónidas ingenuo, cree que los cronopios y los famas le visitaran un día para hablar del megaamor, y le endulzarán el oído con sus frases de esperanza y sobreprotección. Mientras ella, firmemente está en mi casa, en mi cuarto, durmiendo en mi cama, fatigada del sexo y las caricias. Leónidas no es lo importante, Leónidas es el preaviso que me advierte que un día yo seré el Leónidas imbécil con las megacrisis. Quiero creer que esta burbuja, no será pasajera.

domingo, 25 de septiembre de 2011

El viejo

Hace un tiempo conocí a un verbo con patas, con ojos como los míos, y una enorme sonrisa le brotaba del rostro (nunca lo vi triste). Hace un tiempo no lo veo y eso no importa. Antes de marcharse, llevó a su hijo al lago y le enseño a ver el cielo en el reflejo del agua, después le enseñó a ver los peces en los arboles. El niño creció y ya no sé cómo ver todo eso.
Todo gira al rededor del sol, 
por eso todo se lo come el tiempo, 
seguirás siendo su bocado.
Pero para que no lo sientas:
Apúrate lentamente.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Quiero creer que estoy viviendo a fuego lento, con una pizca de sal... y deja el aliño para otra ocasión.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Canción


Eres escalofrío: Sensación de frío que me llega en la noche y solo porque no estás, por lo común repentina, violenta y acompañada de contracciones musculares (nunca las comprendo), luego viene la fiebre de la que no quiero hablar.

Eres un aguacero repentino que me moja estando justo a unas calles de llegar, cayéndome encima con total irrespeto por la sequedad que tengo, tomándome por sorpresa, sin paraguas y con la imposibilidad de vengar.

Eres penicilina: Sustancia antibiótica (olor a jazmín) que empleo para combatir esta enfermedad de rata, causada por cierto microorganismo llamado amor.

Eres la crueldad con que las pequeñas gotitas se estrellan contra el parabrisas. Y yo nada puedo hacer.

Eres esa soledad que abunda en los ojos sin brillo de un pez muerto.

Eres la melancolía con la que el agua dulce se pierde en el mar
Eres el mar más allá del mar…

sábado, 17 de septiembre de 2011

Zapatos




Virginia toca el piano de forma fenomenal; lo hace con discreción y  frivolidad. Sin embargo su mejor actividad y la que más le ocupa el tiempo libre es mirar zapatos. Si vieran qué buena actividad la de Virginia; usted entenderá que ve zapatos en almacenes de zapatos, pero se trata de ver los zapatos de los demás, esos que no son suyos y no lo serán, esos que fueron elegidos con gusto y voluntad, que salieron de un almacén nuevísimos y han envejecido paulatinamente al caminar.
Virginia los ve pasar en cualquier punto de la ciudad y se libera de cualquier pensamiento; se desentiende de los demás. Pocos le gustan. Conoce todas las marcas y modelos. Cuando uno de tantos que ve le gusta, sube lentamente su mirada y detalla la composición del personaje que los posee. Hoy vio una pareja de zapatos: los zapatos masculinos eran una botas working class pertenecientes a un skinhead, los zapatos femeninos eran unas botas dr martens rojas pertenecientes a una skingirl. Más adelante vio unas pantuflas de goma, estas pertenecían a un sujeto con pantalón azul, camiseta gris y un libro le tapaba la cabeza; el libro se titulaba antología poética. Esos zapatos raros de goma, que distorsionan el traje, esperaban el autobús. En este instante Virginia lee en la biblioteca. De la pared blanca del fondo en donde están los libros de poesía sobresalen unas pantuflas de goma y un jean azul. Virginia aun no se atreve a ir hasta allá.