—Qué estupidez ir de nuevo a la opera que el año pasado reventó el lugar. Tanto olor a gente de traje y diplomacia me saca de quicio. Además fui con Lixi, hermosa, no querré recordarla y dejar escapar un suspiro en una ceremonia que no lo merece. Por eso no iré, discúlpame Michel pero tú sabes lo incomodo que es para mí, no lo soporto y luego de eso viene la ira y… Probablemente esté en el bar, cuando termine la función vas al bar y bebemos cerveza.
El puente del rio Piace es un largo tramo frio que se debe recorrer a pie para poder llegar al extremo en el que se agarra el autobús, decide ir a casa en vez de ir al bar. Lo frívolo del camino se aferra con las uñas a su traje. El pelo se mueve con la brisa y de su nariz sale el vapor común de la ciudad. Hoy ha sido un día de recuerdos y extrañezas, en la mañana recobró un poco el aliento con el café exprés que tomó en el Luigie, pero duró lo convexo del sabor en la lengua y en la garganta, lo apacible del olor en sus manos y en su saco —tiene la costumbre de derramar café en sus dedos para oler el aroma que le dura casi todo el día— y sin embargo a la altura del sol de mediodía volvió la sensación de inconformidad y ese nudo en la garganta molesto que ha sentido desde ayer. En la tarde se ocupó en el archivo y trató de disimular el nudo y la inconformidad, bebió más café y revisó el periódico regional.
Mientras camina siente como el nudo en la garganta se agranda y se mueve con el movimiento del cuerpo en el caminar, la inconformidad trata de estresarlo —por fortuna no se estresa con facilidad—. Lo frívolo del puente y la brisa fría no le molestan, por el contrario lo calma la calma del puente. Esa soledad de antaño tan bellísima que se molestaba en calcular, justo a la hora del atardecer en la granja del abuelo Elio, así aprecia el puente mientras lo atraviesa. Ahora camina más despacio, tratando de explicar la sensación que siente, trata de saber que esconde en el armario. Hace unos días se levantó sin recordar que había en su armario, recordó el lugar donde estaba la llave para abrirlo pero junto a ella había una nota que decía: ‘no abrir el armario’ y si decía eso obedece y no lo debe abrir —al parecer no hay un motivo—. Mientras espera el bus compra el ultimo café del día, una señora con un bebé a su lado le pregunta la hora, él no responde, ni siquiera la mira, no le dará la hora, —para qué ofrecerle el tiempo en su reloj que tanto apura a las personas—. La señora persiste creyendo que el sujeto no la ha escuchado, gira y le dice con seriedad y titubeo: no te molestes en saber la hora, no le enseñes a tu bebé lo malo del tiempo y el afán de la gente del siglo XXI.
Ha sido su mejor respuesta, la última vez, tuvo problemas con otro hombre. El autobús se ve desde lejos, y mientras llega gira de nuevo hacia la mujer y le pide disculpas, le da la hora y le felicita la serenidad con la que tomó la respuesta. En el autobús casi desocupado, la inconformidad se hace más fuerte, el nudo se ha deshecho y se ha vuelto un líquido que se acumula en la garganta sin que suba hasta ser expulsado o se baje para ser tragado. Así llega a su casa, con esa masa líquida que crece en su garganta sin poder expulsarla. Toma un vaso de agua para tratar de bajarlo pero la bebe con facilidad y no consigue empujar el líquido de su garganta. Es media noche y tiene miedo de dormir, el sueño lo vence a la altura del sillón y el programa televisivo de rifas y apuestas. De repente de su boca y su nariz empieza a salir una materia transparente y líquida, al bajar por su cuello se despierta y rápidamente agarra un frasco de vidrio que tiene bajo la cama. Lo deja caer todo en el frasco y justo al momento de llenarse, deja de expulsarlo. Agarra el teléfono y marca a Lixi:
—Lixi, no me vas a creer lo que me ha pasado
—Jean, otra vez con la misma historia.
—No lixi, esto nunca me había sucedido. Lixi se me derramo el amor. El amor mío es líquido y se me ha salido por la nariz y por la boca, ahora mismo lo tengo entre un frasco. Lixi no es mentira, se me está escapando el amor y no sé cómo… Lixi ¿estás ahí?
Cuelga el teléfono y agarra el frasco, busca la llave en el cajón y abre el armario, nota entonces que tiene diez frascos más, repletos del líquido que llama amor. Destapa el último y trata de beberlo, pero no puede consumirlo, no le baja, se le derrama por las esquinas de la boca. Es inútil tratar de ingerirlo, no ha podido consumir los otros diez. Guarda el nuevo frasco en el armario y lo asegura con el candado, pone la llave en el cajón y deja junto a ella una nota: ‘no abrir el armario’.
Ya no hay tragaluces por aquí. Todo es un pretexto. Ven y pruébame, con tu cara de juez y tu boca que no traga luz.
lluvia
lunes, 28 de marzo de 2011
Me declaro nocturno
Mujer, perfecta eres entre todas la mujeres, perfecta ante todos mis ojos que aunque solo son dos, parecen fieles espejos acomodados de forma simétrica para mirarte de lejos y de cerca. Perfecta como la parte femenina de narciso, eso eres mujer una dama frente a un lago puro, eres sonrisa y paz, ojos que ven el futuro, manos, uñas y kilogramos de seda y siendo eso yo no soy nada, mis espejos y yo te esperan, te declaran en una noche póstuma como la de estas noches cuando la lluvia muere en el suelo, cuando tu pelo brilla y se hace azúcar nocturno. Y declarándome te digo que el poema es para siempre, por eso el reloj del tiempo marca tu hora, mi hora, la hora oportuna, te digo también que hoy con lluvia sacrifico mi clandestino deseo para que tú me oigas como quiero que me oigas, me recibas como quiero entrar y te quieras como quiero que me quieras.
domingo, 27 de marzo de 2011
Monólogo en artificio
Y me trazo un cono temporal y apunto a un foco inaudito, quiero decir que mientras escribo no sé qué escribo, atrás hay un asiento vacío, al lado una mujer de vestido, callada, con estilo. De jardín es su vestido, hoy es domingo, quizá tenga una cita; brandy y cigarrillos, quizá divaga, quizá medita, casi dormida, ¿respira? Saborea, es cierto, no está dormida, y respira porque parece viva. Es decir respira, ¿pero en un bar maldito?, sola, una dama adecuada para otro sitio, para otra gente. Una mujer de traje francés no acostumbra venir a estos lugares, quizá contenga la respiración para no contagiarse de penas.
En fin, una dama extraña en un desagradable sitio. La miro a través del espejo, yo en la barra y ella atras en una mesa, de vez en cuando me mira. —Tengo que escribir esto en mi diario, de hecho todo lo escribo— Cruza su pierna, lo hace despacio, notó que la miro, un brandy más, este es el tercero. Al séptimo saca un papel y escribe; al octavo me mira y al decimo se retira. El papel queda en la mesa, lo veo, es para mí, lo presiento, pero tal vez no lo quiero. Por qué querría un papel maldito, producto del brandy, del bar maldito, del deseo y la necesidad. Quien viajaría al callejón de la esquina a ver una dama francesita que deseosa está de cumplir su osadía; ayer oí del peligro; en el periódico: una mujer con sida deambula por las calles con una jeringa. Maldita pervertida.
El vino tinto produce esta noche un éxtasis de viña, me dilata el misterio y absorbe mi paciencia; a la copa la alumbra una luz purpura, que bello color y el papel en la mesa tan claro, tan pasivo, tan meditoso, tan asertivo. Al diablo las jeringas, al diablo lo escondido, bienvenido el buen vino y el callejón con salida. El papel dice: te espero en la esquina, no tardes. Me tomo la última copa, lo hago con prisa. En la esquina está ella, es atractiva, busco en sus manos una jeringa.
Huele a jardín, no hay rastro de jeringas y hay condones en mi mochila, me toma de la mano y advierte con sus manos frías que está temerosa. Vamos por la avenida, sin decirnos palabras, sin nombres, sin ideas o conceptos, ningún rastro de ciudadanía.
—Aquí está bien. —me dice—
—Por mí no hay ningún problema. —Le digo—
El lugar es un bar suburbano, clandestino, que en su interior mesas, barras y alfombras reciben visitas. Recuerdo la vez que vine, me quede sorprendido, porque es un lugar donde las parejas tienen sexo sin percatarse de las miradas. Al entrar al lugar estaba un poco vacio, lo que me agrado mucho; sin embargo saludó a un hombre más adentro, que la recibió con un: ¿otra vez, María? María es su nombre, —esto lo escribo aturdido al otro día de lo sucedido, porque guardé mi diario a la salida del bar— El rincón fue mi destino, una larga alfombra gris rodeada por un manto rojo; podría decir, nuestro destino, pero ahora sé que no era su destino. Definitivamente era francesa, lo que me calmó, porque el periódico decía que la chica era gringa. El brandy estaba al clima y el lugar oscuro.
El sexo estuvo también al clima, el sudor de ella se mesclaba con el mío, una pareja sádica, por así decirlo, nos miró durante todo el acto, cuando percaté, éramos los únicos actores entre un teatro repleto. Literalmente era un teatro, al entrar era un oscuro sitio y al recordar la ocasión en la que entré por vez primera parecía un bar, un simple bar maldito.
Ahora y de improvisto se convertía en un puto teatro antiguo, un lugar con cientos de sillas, con aplausos, con bailarinas, un lugar de shows como los míos. Sucede que funciona como bar de lunes a viernes, pero ayer fue domingo, y los sábados y los domingos es un teatro donde parejas tienen relaciones sexuales delante de un montón de idiotas con su respectiva boleta de entrada —ahora se el porque a la luz naranja sobre nosotros y en medio de la lujuria. La francesa que ahora veía mejor, hermosa, sensual y desnuda y yo avergonzado, frente a la multitud, me hizo un gesto e hizo la venia al auditorio, no tuve más remedio que imitarla, para pasar por actor. Cuando corrieron las cortinas, vio mi cara llena de ira, la mujer se dio cuenta y antes de dejar que accionara cualquier grosería, saco un beso de su improvisada boca y callo mi furia.
Ibagué
2010
En fin, una dama extraña en un desagradable sitio. La miro a través del espejo, yo en la barra y ella atras en una mesa, de vez en cuando me mira. —Tengo que escribir esto en mi diario, de hecho todo lo escribo— Cruza su pierna, lo hace despacio, notó que la miro, un brandy más, este es el tercero. Al séptimo saca un papel y escribe; al octavo me mira y al decimo se retira. El papel queda en la mesa, lo veo, es para mí, lo presiento, pero tal vez no lo quiero. Por qué querría un papel maldito, producto del brandy, del bar maldito, del deseo y la necesidad. Quien viajaría al callejón de la esquina a ver una dama francesita que deseosa está de cumplir su osadía; ayer oí del peligro; en el periódico: una mujer con sida deambula por las calles con una jeringa. Maldita pervertida.
El vino tinto produce esta noche un éxtasis de viña, me dilata el misterio y absorbe mi paciencia; a la copa la alumbra una luz purpura, que bello color y el papel en la mesa tan claro, tan pasivo, tan meditoso, tan asertivo. Al diablo las jeringas, al diablo lo escondido, bienvenido el buen vino y el callejón con salida. El papel dice: te espero en la esquina, no tardes. Me tomo la última copa, lo hago con prisa. En la esquina está ella, es atractiva, busco en sus manos una jeringa.
Huele a jardín, no hay rastro de jeringas y hay condones en mi mochila, me toma de la mano y advierte con sus manos frías que está temerosa. Vamos por la avenida, sin decirnos palabras, sin nombres, sin ideas o conceptos, ningún rastro de ciudadanía.
—Aquí está bien. —me dice—
—Por mí no hay ningún problema. —Le digo—
El lugar es un bar suburbano, clandestino, que en su interior mesas, barras y alfombras reciben visitas. Recuerdo la vez que vine, me quede sorprendido, porque es un lugar donde las parejas tienen sexo sin percatarse de las miradas. Al entrar al lugar estaba un poco vacio, lo que me agrado mucho; sin embargo saludó a un hombre más adentro, que la recibió con un: ¿otra vez, María? María es su nombre, —esto lo escribo aturdido al otro día de lo sucedido, porque guardé mi diario a la salida del bar— El rincón fue mi destino, una larga alfombra gris rodeada por un manto rojo; podría decir, nuestro destino, pero ahora sé que no era su destino. Definitivamente era francesa, lo que me calmó, porque el periódico decía que la chica era gringa. El brandy estaba al clima y el lugar oscuro.
El sexo estuvo también al clima, el sudor de ella se mesclaba con el mío, una pareja sádica, por así decirlo, nos miró durante todo el acto, cuando percaté, éramos los únicos actores entre un teatro repleto. Literalmente era un teatro, al entrar era un oscuro sitio y al recordar la ocasión en la que entré por vez primera parecía un bar, un simple bar maldito.
Ahora y de improvisto se convertía en un puto teatro antiguo, un lugar con cientos de sillas, con aplausos, con bailarinas, un lugar de shows como los míos. Sucede que funciona como bar de lunes a viernes, pero ayer fue domingo, y los sábados y los domingos es un teatro donde parejas tienen relaciones sexuales delante de un montón de idiotas con su respectiva boleta de entrada —ahora se el porque a la luz naranja sobre nosotros y en medio de la lujuria. La francesa que ahora veía mejor, hermosa, sensual y desnuda y yo avergonzado, frente a la multitud, me hizo un gesto e hizo la venia al auditorio, no tuve más remedio que imitarla, para pasar por actor. Cuando corrieron las cortinas, vio mi cara llena de ira, la mujer se dio cuenta y antes de dejar que accionara cualquier grosería, saco un beso de su improvisada boca y callo mi furia.
Ibagué
2010
viernes, 25 de marzo de 2011
La Ciudad Invisible
Decidir en qué se está pensando, arribar de golpe a un falso muro de ironía y artificio, recorrer las calles congestionadas de individuos modernistas, creer tener el poder de elegir (sin propiedad de elección) al azar de la tendencia. Moda, maña, gusto, elección, yugo, marea alta, ciber-bruma, pos-creación. Abrir ventanas y encontrar pirómanos de malas fachas, consumir un par de empanadas de cotidianidad y un aderezo de absurdo picante (a veces tan picante que se llora). Abrir ventanas y seguir viendo ventanas. Ventanas y más ventanas de sorpresas ridículas que se esperan ver; de vez en cuando un fetiche moderno. Sin tren, sin autobús, sin taxi, una ciudad con conductos por donde se viaja de prisa. La nueva ciudad Gomorra, la capital de la globalización.
Después de la ciudad de la furia compra un boleto para la ciudad invisible y con una red podrás atrapar mascaras de colección. No se necesita visa ni ningún tipo de permiso, tan solo vender el cerebro. Adentro sentirás el concreto liviano tan adictivo como la heroína, todo será risa, todos serán Garricks, todos enmascarados apológicos de la mentira. Nada estará vacio, todo estará repleto de anuncios, todo será un solo mercado. Podrás conseguir un cuerpo que no metabolice y consuma en exceso, podrás tener un nuevo cerebro adaptado a una columna vertebral global y entonces pertenecerás al mercado mundial serás un estupendo gringo y valdrás una cifra exacta.
Se construyó una gran morada hecha de ladrillos e idiocia cuando la ciudad fue conocida en esta parte del mundo y pudo tener lo que quería, consiguió pareja debajo de un puente: Una muñequita de plástico sacada de una película a blanco y negro, labios rojos y ojos azules, fue la relación tan igual a las otras miles que había en aquella ciudad. Quiso luego recordar un momento real pero todo era difícil en su cerebro, un par de conversaciones almacenadas, un muro rayado, un par de fotografías distorsionadas y estilizadas con etiquetas fantasmas, un me gusta a cada momento, un comentario hecho insignia y media docena de aplicaciones machistas. Comprendió entonces que ya era tarde y que su vida se seguirá basando en breves acciones para oprimir botones.
Ella fue mas precisa, se consiguió una vida perfecta entre aquella ciudad: se vistió de imágenes y símbolos y conquistó ventanas con sus respectivos abismos, supo que era falsa y pudo soportarlo por un par de días, luego lo olvidó. Fue una más que se convirtió en pez payaso para nadar en la gran pecera. Consiguió las respectivas relaciones con sus respectivos pozos. Aniquiló su dignidad luego de elegir un par de entes putrefactos. Pero ahora ha cambiado: no le queda cerebro y se creó su propia dignidad, ha renovado un sinnúmero de veces su imagen y paga con lágrimas para poder leer un par de mensajes.
Somos los muertos resucitados quienes escribimos esto, pero las dudas quedan y las tentaciones se hacen fuertes; el plástico y la mentira es contagiosa. Se ha creado ya una propia filosofía para la ciudad invisible. Mis vértebras adoloridas se recuperan después de aquella desconexión. El enigma del futuro queda para las cabezas consientes y las cuestiones aumentan, ahora mismo las nubes son púrpura pero a los habitantes de la ciudad invisible no les importa, solo les importa aquella lesiva pregunta: ¿en qué estás pensando? Hay más respuestas para esta pregunta que hojas en los árboles y aunque la respuesta no importe en aquella ciudad y siga teniendo una cantidad enorme de seguidores, solo respondería que dentro de ella no se puede pensar, que la errada pregunta no tiene respuesta ahí adentro. Sin embargo de las letras en mí tazón de teclas solo se puede armar una frase: Ayer fue un día menos en el que la verdad será cada día más falsa.
Reconozco la salida porque a veces entro y salgo, soy otro más en proceso de rehabilitación, adicto al nuevo mundo, adicto al dolor incoloro e invisible que carcome en progreso. Ahora si estoy pensando. Ahora todo me gusta y no lo tengo que decir para que la naturaleza lo sienta. Ahora todo es real y la mentira es menos nociva, la verdad un poco menos curva y mis sentidos un poco menos dependientes.
Ibagué
22/01/11
Después de la ciudad de la furia compra un boleto para la ciudad invisible y con una red podrás atrapar mascaras de colección. No se necesita visa ni ningún tipo de permiso, tan solo vender el cerebro. Adentro sentirás el concreto liviano tan adictivo como la heroína, todo será risa, todos serán Garricks, todos enmascarados apológicos de la mentira. Nada estará vacio, todo estará repleto de anuncios, todo será un solo mercado. Podrás conseguir un cuerpo que no metabolice y consuma en exceso, podrás tener un nuevo cerebro adaptado a una columna vertebral global y entonces pertenecerás al mercado mundial serás un estupendo gringo y valdrás una cifra exacta.
Se construyó una gran morada hecha de ladrillos e idiocia cuando la ciudad fue conocida en esta parte del mundo y pudo tener lo que quería, consiguió pareja debajo de un puente: Una muñequita de plástico sacada de una película a blanco y negro, labios rojos y ojos azules, fue la relación tan igual a las otras miles que había en aquella ciudad. Quiso luego recordar un momento real pero todo era difícil en su cerebro, un par de conversaciones almacenadas, un muro rayado, un par de fotografías distorsionadas y estilizadas con etiquetas fantasmas, un me gusta a cada momento, un comentario hecho insignia y media docena de aplicaciones machistas. Comprendió entonces que ya era tarde y que su vida se seguirá basando en breves acciones para oprimir botones.
Ella fue mas precisa, se consiguió una vida perfecta entre aquella ciudad: se vistió de imágenes y símbolos y conquistó ventanas con sus respectivos abismos, supo que era falsa y pudo soportarlo por un par de días, luego lo olvidó. Fue una más que se convirtió en pez payaso para nadar en la gran pecera. Consiguió las respectivas relaciones con sus respectivos pozos. Aniquiló su dignidad luego de elegir un par de entes putrefactos. Pero ahora ha cambiado: no le queda cerebro y se creó su propia dignidad, ha renovado un sinnúmero de veces su imagen y paga con lágrimas para poder leer un par de mensajes.
Somos los muertos resucitados quienes escribimos esto, pero las dudas quedan y las tentaciones se hacen fuertes; el plástico y la mentira es contagiosa. Se ha creado ya una propia filosofía para la ciudad invisible. Mis vértebras adoloridas se recuperan después de aquella desconexión. El enigma del futuro queda para las cabezas consientes y las cuestiones aumentan, ahora mismo las nubes son púrpura pero a los habitantes de la ciudad invisible no les importa, solo les importa aquella lesiva pregunta: ¿en qué estás pensando? Hay más respuestas para esta pregunta que hojas en los árboles y aunque la respuesta no importe en aquella ciudad y siga teniendo una cantidad enorme de seguidores, solo respondería que dentro de ella no se puede pensar, que la errada pregunta no tiene respuesta ahí adentro. Sin embargo de las letras en mí tazón de teclas solo se puede armar una frase: Ayer fue un día menos en el que la verdad será cada día más falsa.
Reconozco la salida porque a veces entro y salgo, soy otro más en proceso de rehabilitación, adicto al nuevo mundo, adicto al dolor incoloro e invisible que carcome en progreso. Ahora si estoy pensando. Ahora todo me gusta y no lo tengo que decir para que la naturaleza lo sienta. Ahora todo es real y la mentira es menos nociva, la verdad un poco menos curva y mis sentidos un poco menos dependientes.
Ibagué
22/01/11
Nariz
En ese juego de narices,
Acepto que me ganaste,
Que tumbaste todas mis armas.
Así me dejaste, desarmado
Y admirando tu nariz de payaso.
No porque seas payaso, y si lo fueras
Oh dicha. Solo porque pareces, me ganas,
Me venzo, me aflijo, admiro.
Entonces, nariz de payaso
Sin vocación más que la gracia
De una imagen discreta.
Y si vieras como te queda ese rojo,
Ese centro de rostro rojo
Que altera el orden de la cara
Y disimula con sonrisas.
Que más da,
Sonrisa, ojos, boca
Nariz roja. Cerveza como pretexto
Y lo propio de la realidad.
En ese juego de narices,
Acepto que me ganaste,
Que tumbaste todas mis armas.
Así me dejaste, desarmado
Y admirando tu nariz de payaso.
No porque seas payaso, y si lo fueras
Oh dicha. Solo porque pareces, me ganas,
Me venzo, me aflijo, admiro.
Entonces, nariz de payaso
Sin vocación más que la gracia
De una imagen discreta.
Y si vieras como te queda ese rojo,
Ese centro de rostro rojo
Que altera el orden de la cara
Y disimula con sonrisas.
Que más da,
Sonrisa, ojos, boca
Nariz roja. Cerveza como pretexto
Y lo propio de la realidad.
lunes, 21 de marzo de 2011
MILICIA NECESIDAD
Me trago el fuego mordisco a mordisco
Me indigesto pero a la vez lo quiero
Quiero llenarme de eso que llaman calidad.
¿Qué es la calidad? Cómo puedo dibujarlo
Con mis dedos en el aire. Cómo ensortijo tristezas
Y aparezco de repente en la historia;
El fuego es calidad y una gran explosión Es la riqueza,
Joyas preciosas hechas de cualquier elemento
Expansión, desacuerdo, izquierda o derecha, economía o política
Me trago el viento mordisco a mordisco
Soy un avión bombardero o quizá un gas letal
Soy un instrumento metálico revuelto con carne y hueso
Y me indigesto de nuevo y lo sigo queriendo
La calidad de nuevo, respuesta de nuevo, sortijas de tristezas
Y traumas en los pueblos, la historia barata
Se compra en cualquier mercado negro del error.
El viento es calidad, oxigeno puro, hecho de cianuro.
Me trago el agua sorbo a sorbo
Sin sed sigo bebiendo, busco el sabor preciso
Toque propio del genocidio
Soy un torpedo militar hecho de rencor y de metal
Surco las mismas tristezas en las aguas del pueblo
Queriendo aparecer en la historia
Como el que pario para el mundo
Un hijo propio del capitalismo
El agua es calidad, licor fino hecho del error, de los celos
Fermentado con la sangre de los súbditos.
Me indigesto pero a la vez lo quiero
Quiero llenarme de eso que llaman calidad.
¿Qué es la calidad? Cómo puedo dibujarlo
Con mis dedos en el aire. Cómo ensortijo tristezas
Y aparezco de repente en la historia;
El fuego es calidad y una gran explosión Es la riqueza,
Joyas preciosas hechas de cualquier elemento
Expansión, desacuerdo, izquierda o derecha, economía o política
Me trago el viento mordisco a mordisco
Soy un avión bombardero o quizá un gas letal
Soy un instrumento metálico revuelto con carne y hueso
Y me indigesto de nuevo y lo sigo queriendo
La calidad de nuevo, respuesta de nuevo, sortijas de tristezas
Y traumas en los pueblos, la historia barata
Se compra en cualquier mercado negro del error.
El viento es calidad, oxigeno puro, hecho de cianuro.
Me trago el agua sorbo a sorbo
Sin sed sigo bebiendo, busco el sabor preciso
Toque propio del genocidio
Soy un torpedo militar hecho de rencor y de metal
Surco las mismas tristezas en las aguas del pueblo
Queriendo aparecer en la historia
Como el que pario para el mundo
Un hijo propio del capitalismo
El agua es calidad, licor fino hecho del error, de los celos
Fermentado con la sangre de los súbditos.
Conjetura
Lo irreversible, a veces tosco y público, pero siempre desigual,
Sin sentido, ameno. Cuantas cosas me podré aplicar.
De nuevo, porque si no lo digo
Me ahogo o me ahogan.
Saturados hasta el misterio, hasta el hastío
Y llenas esa mirada de culpa, de migas.
Te me enfocas con tu plan visual, revolcando mi cerebro
Estrellándome lo verde de esos ojos.
A veces porque así es el destino, a veces porque quieres dar.
Desenfócame que nada pasará más que el sabor del absurdo
Hecho costumbre, después doctrina.
Quítame del pellejo tu olor de ceremonia,
Abriré una zanja en este puño que palpita en mi pecho
Romperé la cara de quien quiera recibirme.
Porque así funciona esta esquina de la vida
Esta supra-embustera fantasía que llaman amor
Que a la brava me enseñaste.
Así funciona todo lo malo del todo que te gusta
Vaciando la energía de sujetos
Compilando los aromas del café
Para producir recuerdos.
Todo mañana para reconocer lo irreversible,
Ese futuro áspero que arrugo como billete y guardo en mi bolsillo.
Tosco como mi Jean, público como mi perfil de facebook.
Y siempre tan desigual que se quiebra en mi existencia conjetural.
Sin sentido porque lo reconozco, a cada bocado de sal de clímax,
Reconozco esta pobreza, esta falta de vocación original.
Sin ser ameno, ahora que no me complacen las perdidas.
Sin sentido, ameno. Cuantas cosas me podré aplicar.
De nuevo, porque si no lo digo
Me ahogo o me ahogan.
Saturados hasta el misterio, hasta el hastío
Y llenas esa mirada de culpa, de migas.
Te me enfocas con tu plan visual, revolcando mi cerebro
Estrellándome lo verde de esos ojos.
A veces porque así es el destino, a veces porque quieres dar.
Desenfócame que nada pasará más que el sabor del absurdo
Hecho costumbre, después doctrina.
Quítame del pellejo tu olor de ceremonia,
Abriré una zanja en este puño que palpita en mi pecho
Romperé la cara de quien quiera recibirme.
Porque así funciona esta esquina de la vida
Esta supra-embustera fantasía que llaman amor
Que a la brava me enseñaste.
Así funciona todo lo malo del todo que te gusta
Vaciando la energía de sujetos
Compilando los aromas del café
Para producir recuerdos.
Todo mañana para reconocer lo irreversible,
Ese futuro áspero que arrugo como billete y guardo en mi bolsillo.
Tosco como mi Jean, público como mi perfil de facebook.
Y siempre tan desigual que se quiebra en mi existencia conjetural.
Sin sentido porque lo reconozco, a cada bocado de sal de clímax,
Reconozco esta pobreza, esta falta de vocación original.
Sin ser ameno, ahora que no me complacen las perdidas.
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