Piensa en la mano sin filo, sin fuego, sin vainas, desnuda como doncella herida que busca refugio o pasión.
Piensa en el después de la lluvia y tu rostro besuqueado por múltiples gotas sensuales que llegan a sus orgasmos y estallan.
Piensa en el orgasmo anónimo que nace de los dedos danzantes de un sereno hombre sentado en un restaurante al lado de una excitada mujer que abre un poco sus piernas y se contrae sutilmente al ritmo de un son que reproduce una guitarra.

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