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sábado, 17 de marzo de 2012

El agujero del sillón


La cucaracha está cansada de no poder trabajar porque le falte esa patica para caminar, y pide que se le ubique de inmediato un puesto como bacteriólogo del hospital: su argumento es que allí no necesitará sus dos patas para trabajar, y por el contrario necesitará tan solo sus dos antenas, que están en perfectas condiciones para laborar. Sin embargo el puesto de bacteriólogo está ocupado por el hijo cucaracha de la cucaracha alcalde. «Esto es sumamente dictatorial» dice la pobre cucaracha harta de las normas de su agujero. Pero su suerte es de cucaracha, porque acaba en la prisión donde afronta cargos por traición a su agujero, alteración del orden público (siendo una pobre lisiada) y desacato a la autoridad. Yo a veces la saco de prisión y la pongo frente al televisor. A veces me pregunta qué es la libertad; qué lástima que no le sepa contestar. Las demás cucarachas creen que es algo personal y por eso la torturan. Tal vez sea hora de acabar con todo: raptar a la pobre prisionera, meterla en un refugio y rellenar de insecticida el agujero del sillón que tienen por ciudad.

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