lluvia

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viernes, 16 de marzo de 2012

Floja Herida


Mientras camina por la calle se le abre el cierre del pantalón y se le sale el pito, así de simple. Lo más simple es que no se lo guarde y, por el contrario, continue caminando con la leve caricia del viento rosándolo. Hace frio en las calles con tres motores de viento encendido. No importan los relámpagos pobres de sonido, los rectángulos con forma de edificios, esas cositas que cuelgan de las luces, aquellos árboles de mentequilla y los habitantes de la noche, que cada vez se hace más noche. Nada importa al caer la noche entre tanto paradigma y edificio, un cigarrillo por hora y la burda secuela del clima. Cuánto tuvo que esperar para poder hablar y seguir esperando. Cuánta saliva tuvo que gastar para babear la silla. Cuántos dedos caben entre la boca de Marina que chupa y chupa como floja herida. Pronto lloverá y los cigarrillos no se han vendido, tampoco las golosinas. Marina espera al otro lado del estiércol espantando las moscas y las hormigas; preparando cafecito, excitando las vasijas con sus manos de lija. Camino a casa pasea su pito por la ciudad intranquila, congelado y adolorido. Los cigarrillos no se han vendido.

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