Ya no hay tragaluces por aquí. Todo es un pretexto. Ven y pruébame, con tu cara de juez y tu boca que no traga luz.
lluvia
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Primitivo
El clima es el apropiado para caminar por las calles solitarias de la ciudad. El clima, un poco de nubes grises y negras y mucho de viento helado, lo persigue con la indefinida sospecha de la tormenta que se avecina. Extrae del bolsillo de la chaqueta su cajetilla de cigarrillos pielroja, quedan tan solo dos, y del bolsillo del pantalón extrae el encendedor que ya poco funciona. Le cuesta un par de calles hacer funcionar el encendedor; con el primer bocado de humo le vuelve la calma y sus ojos retoman ese brillo intenso característico. Al llevarse el cigarrillo a la boca, la mano que lo carga reposa en su poblada barba para acariciarla y hundir las yemas de los dedos en ella, algo como una caricia intima que le recuerda el aprecio y el hastío. Esa conexión entre la barba y la mano, entre el cigarrillo y la mano, entre el revolver y la mano, lo hace querer estar solo, tomar el periódico de otro mundo, leerlo entero y sin pausa y, para cuando haya terminado, un futuro lejano se despliegue sobre él.
Un hombre lo persigue con sigilo, él lo ha notado y sin embargo le sigue dando la espalda; a pocos metros el maleante saca una navaja y se lanza sobre él; logra esquivarlo, saca el revolver y le apunta a la cabeza. La mira esta completamente alineada y apunta justo en su frente, el maleante le habla pero el no escucha, sus sentidos ahora son calibre 38 y sus ganas de gatillar aumentan. Gatilla cuatro veces con precisión, dos en el rostro y dos en su pecho. Nada más. Ha quedado en el piso con la cara perfectamente dibujada de dolor; él no lo mira, da media vuelta y continúa caminando. En esa acción de esquivar, apuntar y disparar, se le fueron las ganas de estar solo, tuvo que arrojar el cigarrillo y el temblor le volvió de golpe. Agarra el ultimo cigarrillo, se lo lleva a la boca con la mano temblorosa; el encendedor no lo vacila esta vez. Al llevarse el cigarrillo a la boca, la mano que lo carga reposa en su poblada barba para acariciarla y hundir las yemas de los dedos en ella, algo como una caricia que lo calma y lo anima a no vomitar. Esa conexión entre la barba y la mano, entre el cigarrillo y la mano, entre el revolver y la mano, lo convierten en un solo aparato maquinando a la perfección las futuras acciones. La metodología del paso es imperfecta, el pie derecho no lleva el mismo ritmo del izquierdo. Sus dedos se queman con el cigarrillo casi extinto; con una mano lo arroja y con la otra para un taxi. Al llegar a casa, su mujer lo espera angustiada, la desviste sin pronunciar palabras, la accede sin pronunciar palabras, descargando en ella, aparte de esperma, todo ese potencial primitivo que no se fue con los cuatro disparos.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Panorama
—El trino y el venado nos esperan. ¿Lo imaginas?
—Ho Chi Minh, tuvo la suerte de recorrer los arrozales con la segura precisión de los pasos de un poeta; ahora veo cómo Tío Ho lo veía todo. Imagina: Una campo que por poco cubre todo el campo de visión, en él, los arrozales conforman un solo terreno, un solo momento, la fertilidad no se ve, pero la puedo percibir, como percibo el olor de la revolución. Imagina un cielo azul bañado en nubes blancas como algodones, rígidas espectadoras del movimiento de las masas y del arado. A lo lejos, las aves precipitan el momento, suenan cañones a lo lejos, a lo lejos alguien canta.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Tupido y gris
Hoy, mañana y por siempre la neblina impedirá una vista profunda hacia el horizonte. Como si se tratara de un panorama despoblado e infértil. Las cosas aquí suceden y se extinguen con la simpleza del aliento que se va a la madrugada. El clima es así, todo un tablero místico que amenaza con llover pero no llueve, las golondrinas del misterio que se agolpan alrededor y suceden y se extinguen entre la banalidad del acto que se recrea tan solo por el suceder de las cosas. Tupido y gris, así será, amenazando con la tormenta, de vez en cuando un relámpago que los emociona y los alienta a seguir intentando, contadas oportunidades en que ella abre su paraguas y a éste se lo lleva el viento, extinguiéndose en la banalidad del aire que pasa por aquí, permitiendo el vuelo de las golondrinas a punto de extinguirse en el cielo tupido y gris que amenaza con llover, pero no lo hace. Ese es mi clima, mi estado, mi realidad, con la debida excepción del tiempo.
viernes, 11 de noviembre de 2011
Bang
Al besarte, se repitió el Big bang en mi boca y sus ondas sonoras aun yacen en mi cabeza; curioso que aun sea mi cabeza, curioso que el big bang sea la prueba.
Qué mas da, que me estalle la cabeza...
Qué mas da, que me estalle la cabeza...
jueves, 10 de noviembre de 2011
lunes, 7 de noviembre de 2011
Amplitud
No se puede confiar en tus demonios
Sobretodo cuando se quedan congelados
Esperando que la caricia se haga beso
Y el beso se haga sexo y el sexo se haga infierno.
Saben que no soportaríamos el infierno
…Por aquello del exceso de deseo.
Cómo caminar al borde de la noche
Habrá que esperar a que los ciegos nos muestren los caminos y su luz débil nos guíe por el borde del abismo, donde el mismo abismo se burla y hace chistes y se divierte observando cómo nos guían los ciegos. Es que los ciegos no pueden ver pero pueden sentir el camino. Es que todo lo confundimos con otras cosas inútiles, sabiendo que son tan útiles, como las migas de pan que se quedan pegadas en la barbilla.
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