Está pobre de elementos; un lector profundo lo aqueja y todo se le sale de las manos. Desde hace un tiempo un lector alemán lo lee; lo sabe porque una cifra se lo dice; una estadística en su blog marca las visitas de ese lector desconocido que lo aqueja. Se intriga con facilidad. Dónde encontrarlo, cómo comunicarse con él. Será necesario o mejor dicho, será buena idea. Es cierto, hay una ruptura en la línea que recorre todos los días; prefiere creer que lo leen desde Alemania a pensar que es un dato errado. Tal vez no le importen los demás lectores, ahora solo le importa el lector alemán. Cuando el mar virtual este tranquilo y la ciberbruma haya desaparecido, con la luna de dos megabyte´s de testigo, escribirá un mensaje instantáneo con forma de nave y lo enviará a lo que dé el velero internauta por la banda ancha.
Ya no hay tragaluces por aquí. Todo es un pretexto. Ven y pruébame, con tu cara de juez y tu boca que no traga luz.
lluvia
domingo, 16 de octubre de 2011
sábado, 15 de octubre de 2011
Relación
Diez peces muertos
un ska 2tone
algo qué comer
cadáveres en el cocina
tiempo para permitir
ella toca el teclado atrás
lo hace espectacular
una minifalda de Escocia
media velada
un tercio de licor
labios y uñas rojas.
La veo toda a blanco y negro
miro el cuadro del che,
a blanco y negro también
¿es su boggie woggie o mi ska 2tone?
es su quiebre de cadera
sus piernas enmalladas
sus pies encalados.
La invito a seguir
ella no quiere entrar
francesa que en parís
perdió los buenos modales
de un acto sexual.
un ska 2tone
algo qué comer
cadáveres en el cocina
tiempo para permitir
ella toca el teclado atrás
lo hace espectacular
una minifalda de Escocia
media velada
un tercio de licor
labios y uñas rojas.
La veo toda a blanco y negro
miro el cuadro del che,
a blanco y negro también
¿es su boggie woggie o mi ska 2tone?
es su quiebre de cadera
sus piernas enmalladas
sus pies encalados.
La invito a seguir
ella no quiere entrar
francesa que en parís
perdió los buenos modales
de un acto sexual.
De: El Mal
Madrugada
Dos latas de cerveza y una rosa en la mesa
una mujer anda cerca
usted se acerca, su rosa, su cerveza
tenga usted en cuenta
que yo soy quien la sigue,
mi sombrero y mi gabán.
su valaca, su gabán,
su sonrisa al despertar
trémula es mi visión
en ese entonces cuando el sol
aparece de improvisto como una maldita interrupción.
una mujer anda cerca
usted se acerca, su rosa, su cerveza
tenga usted en cuenta
que yo soy quien la sigue,
mi sombrero y mi gabán.
su valaca, su gabán,
su sonrisa al despertar
trémula es mi visión
en ese entonces cuando el sol
aparece de improvisto como una maldita interrupción.
de: El Mal
viernes, 7 de octubre de 2011
Noches
Cuando estoy por creer que te he simplificado en mi mente
A la luna la alcanza la madrugada
Y entonces comprendo que tu cuerpo sigue sobre el mío.
Y cuando estoy por creer que ya no tienes importancia,
simplemente, anochece en la ventana
A la luna la alcanza la madrugada
Y entonces comprendo que tu cuerpo sigue sobre el mío.
Y cuando estoy por creer que ya no tienes importancia,
simplemente, anochece en la ventana
domingo, 2 de octubre de 2011
Si supieras quién viene
Como antes de los besos, la boca se mordía los labios y los diabólicos ojos se dilataban en la extensión de las palabras deseo y misterio. Mientras regresaba, la leche condensada se distribuía por todas las galletitas y la coca-cola se enfriaba entre el congelador. El único propósito era atenderla como se merece. Orfeo durmió a cerbero y no por eso era un sabio. La paciencia se sitúa en esa línea invisible que avanza con el avance del tiempo; cada vez más cerca al límite, y con el avance, la calma se deshace y las dudas crecen. ¡Maldita sea la hora! ¡Maldito sea el momento en que dejó de preocuparle!... pensaba él, mientras terminaba de untar las galletitas de leche condensada. Una inconsistente victima se creía él, y el ideario de justicia se resumía en un disco LP empolvado y sordamente burdo de tanta ironía. La muchacha no estaba cerca, ni siquiera se atisbaba a la distancia por las calles que conectan a la avenida. Puso a sonar el tocadiscos y se sentó en el balcón a fumar un cigarrillo, cansado de esperarla, especulando que no vendría, proponiéndose esperarla. Creerían que es un inestable o un paranoico a la altura de la fiebre; pero es que si supieran quién viene a verlo.
Anochece a la distancia y en su balcón y su casa aun es de tarde de galletitas y coca-cola, se niega a creer que no vendrá, entonces se distrae hábilmente entre las luces de la ciudad y las lomas negras en el horizonte. Falla, pierde como un cobarde que no tiene un plan B, que no tiene una ruta de escape para esa puerca paciencia ausente. Lo paranoico le vuelve en shock, la aspirina no le es suficiente; el rechazo es ese látigo que le castiga la mala costumbre de creerse un inútil. «si supieras quién viene» lo dice como queriéndole hablar al cerebro. Como antes de los besos, no había boca, no había labios que morder, la voz, el silencio, la nobleza… lo paranoico le llega en conmoción interior, lo saca de quicio; pero: ¿Quién viene? Sabe quién viene, quiere creer que está llegando, le gustan las sorpresas. Debería comerse todas las galletitas y la coca-cola (cómo no, con tanta hambre). Ya es muy tarde y sigue presumiendo que no va a venir, que no va a venir la “muy maldita” (como él dice) prostituta que contrató el día de su cumpleaños.
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